Reprimir las emociones te puede enfermar

16 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Todos conocemos personas que se “guardan” todo, que lo que hacen es reprimir las emociones para evitar mostrarlas. Quizás nosotros mismos lo hacemos en ocasiones. Lo que no saben es que por mucho que repriman, el cuerpo sigue experimentando la emoción. Sin embargo, se hace un nudo que llega a afectar a nuestra salud.
 

Las emociones son expresiones fisiológicas que nos indican cómo recibimos distintos sucesos. Así, al igual que cuando se padece de, por ejemplo, un catarro, no se puede esconder y debemos reposar y sufrirlo, cuando sentimos una emoción lo adecuado es asumirla y experimentarla. Esta capacidad de vivenciar las distintas emociones es fundamental para la regulación de las mismas y nuestro cuerpo. Por ello, reprimir las emociones, generalmente negativas, es frenar al propio cuerpo, pudiendo llegar a generar alteraciones físicas.

Las emociones negativas suelen provocar un efecto parecido al del estrés o ansiedad, aumentando la tasa cardíaca, la producción de adrenalina o cortisol, etc. Estos síntomas, de forma acumulada, llegan a tener un efecto en la salud física. Así, al expresar y gestionar las emociones, ponemos en marcha conductas que nos ayudan a reducir esa sensación negativa, como puede ser hablar con alguien, llorar o resolver aquello que la provoca. Por lo tanto, reprimir las emociones no haría más que alargar los efectos fisiológicos afectando a la salud.

¿Qué efectos tiene reprimir las emociones sobre el organismo?

Mujer borrosa por reprimir emociones
 

Reprimir las emociones puede dar lugar a distintas alteraciones de la salud, entre ellas:

  • Dolores de cabeza o migrañas: El estrés o malestar por esconder las emociones negativas tiende a tensar los músculos del cuello y de la cara, en concreto del músculo corrugador que se encuentra en la frente. Esta tensión termina generando dolores de cabeza e, incluso, dolores musculares en la mandíbula.
  • Problemas estomacales: el estómago está conectado al nervio vago, que a su vez es uno de los principales centros emocionales del cuerpo. Por ello, el estómago es extremadamenee sensible a los cambios de humor, por ello se le ha llegado a llamar el «segundo cerebro«. Así pues, las emociones fuertes o la acumulación de sentimientos al reprimirlos pueden provocar vómitos, hinchazón, gases, estreñimiento, diarrea e incluso úlceras.
  • Acné: un estudio realizado por la Universidad de Standford encontró que el acné se veía afectado de forma importante por el estrés emocional. Esto se debería al aumento de la producción de la hormona cortisol y testosterona que provoca el estrés.
  • Sistema inmune debilitado: esos incrementos en el cortisol afectan también al sistema inmunológico, reduciendo y empeorando la respuesta a determinadas enfermedades o infecciones.
 
  • Mayor riesgo de diabetes o ataque al corazón: la tasa cardíaca y el cortisol se mantiene a pesar de reprimir las emociones y existen muchas evidencias de que el estrés crónico está altamente relacionado con un mayor riesgo en esos dos problemas de salud.

¿Qué podemos hacer?

Mujer meditando para controlar sus emociones

En cuanto al control de las emociones, hay actividades que pueden resultar muy útiles para relajar el cuerpo y la mente, como la meditación, los ejercicios de respiración, el tai-chi y el yoga, por ejemplo.

Además, hay que hacer un esfuerzo por entender y aceptar las propias emociones. Un ayuda importante sería encontrar a una persona de confianza a quien poder hablarle con libertad de los propios sentimientos. Tener a alguien que te comprenda, te escuche y te dé apoyo es crucial para ello y, así, se puede soltar todo lo que se lleva dentro.

Los cambios no se producen de la noche a la mañana, pero con tiempo y esfuerzo te puedes convertir en una persona más tranquila y comunicativa. En consecuencia, descubrirás que tu salud va mejorando. Las emociones y los pensamientos negativos activan la respuesta al estrés. El pensamiento positivo, por el contrario, “apaga” el estrés y estimula las defensas.

 

Aprendiendo a comprender y dominar tus emociones y tus pensamientos tendrás un mayor control sobre tu propia vida y tu salud, sin dudas, te lo agradecerá.

Por supuesto, si sientes que una situación determinada se está tornando grave y que no puedes lidiar con ella tú solo, no dejes pasar la oportunidad de acudir a un profesional de la psicología, quien sabrá orientarte adecuadamente.

Para finalizar, ¿sientes que algunas de las emociones que experimentas te causan daño? ¿Por qué no buscar actividades que ayuden a lograr mayor serenidad y paz interior en lugar de reprimir las emociones? Se trata de que experimentes tú mismo los beneficios de un cambio en tu vida. No tienes nada que perder y, potencialmente, mucho que ganar.