Rivalidad entre hermanos adultos ¿por qué ocurre?

La rivalidad entre hermanos suele tener su origen en la preferencia de los padres de un hijo frente a otro. Esa desigualdad en el afecto y el trato suele dejar secuelas y problemas en la relación capaces de arrastrarse durante años.
Rivalidad entre hermanos adultos ¿por qué ocurre?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 22 enero, 2021.

Última actualización: 22 enero, 2021

La rivalidad entre hermanos adultos es un fenómeno más común de lo que pensamos. Desavenencias, frialdad emocional, discusiones cada dos por tres, distanciamientos que pueden durar meses y años… Este tipo de realidades suelen crear un elevado estrés en el seno de muchas familias porque son, al fin y al cabo, erosiones psicológicas difíciles de olvidar y manejar.

Por lo general, esa sensación de rivalidad tiene su primera aparición durante la infancia, consolidándose en la adolescencia y arrastrándose después en la edad adulta. Ahora bien, es en la madurez cuando se da paso a otra serie de emociones más complejas, como son el resentimiento y la animadversión. El peso de las experiencias del pasado no resueltas crea distancias y tiranteces que no todos saben resolver.

Así, lo queremos o no, hay algo evidente que debemos considerar. Nuestra identidad se construye a partir de las relaciones que establecemos con nuestros padres y hermanos. El fenómeno del antagonismo, la enemistad y la competición que surge a veces ya en la niñez con un hermano o una hermana modela nuestro carácter y nos marca.

Comprendamos un poco más esta realidad.

rostro dos hermanos gemelos representando la rivalidad entre hermanos adultos

Causas que originan la rivalidad entre hermanos adultos

Nadie puede elegir a sus hermanos, es cierto. Simplemente, llegamos a este mundo y nos encontramos con una serie de figuras que determinarán nuestra vida de infinitas maneras. Estudios, como los realizados en la Universidad de Pensilvania, nos dicen que una buena relación con ellos durante la adolescencia potencia la empatía y el comportamiento prosocial.

Sin embargo, esa armonía fraternal no siempre se da. Tanto es así, que según nos señalan diversas investigaciones, más de un tercio de los adultos entre 18 y 65 años tendrían relaciones apáticas u hostiles con sus hermanos. Hay vínculos realmente malos ya desde la niñez y este hecho, el de las desavenencias continuadas, genera situaciones de elevado estrés que dejan una marca temprana en el cerebro del niño y adolescente.

Si nos preguntamos ahora las causas, los disparadores y la singular semilla que hacen germinar la rivalidad entre hermanos, debemos decir que las causas son bien conocidas. Las analizamos.

La crianza de los hijos y el favoritismo, clave en la rivalidad entre hermanos adultos

El favoritismo de un hijo sobre otro existe y se da con frecuencia. Bien es cierto que este es un tema tabú y que no todos los padres y madres admitirán que, en ocasiones, sienten mayor afecto por un hijo que por otro.

Así, y a pesar de que buena parte de quienes tienen más de un niño procuran ser igualitarios, hay quien no se esfuerza en disimularlo y demuestra abiertamente ese apego hacia ese hijo frente al otro.

  • El favoritismo siempre afecta a la salud mental. Se originan celos, desconcierto, sensación de soledad, rabia y reclamo de atención.
  • La rivalidad entre hermanos se desencadena rápidamente en medio de este contexto de afecto desigual.
  • A partir de los 4 años, un niño ya percibe y se da cuenta de ese trato desigual en relación con sus hermanos y, en efecto, es común sentirse dolido, enfadado y desconcertado.
  • Ese malestar inicia un círculo vicioso tan complicado como peligroso. El niño se pelea con el otro hermano por lograr esa atención, su comportamiento se vuelve a agresivo y esto enfada más a los padres y se reafirma aún más la preferencia de uno frente al otro. Todo ello hace que se sienta aún más desplazado.

Los fallos en el andamiaje emocional y las malas relaciones en la niñez

Llamamos andamiaje emocional a la forma en que los niños construyen su identidad a partir de sus ideas, emociones y la conciencia de sus diferentes estados mentales. Es como ir creando un relato sobre lo que uno es en base a cómo se relaciona con el entorno e interpreta cada cosa que ve, siente y sucede.

En esta autoconstrucción el papel de los padres es indispensable. Si se cuenta con unos padres poco hábiles para conectar con ellos a través de un diálogo sensible empático y constructivo, seguramente ese andamiaje sea deficitario. Si además, no saben potenciar la buena relación entre sus hijos y estos se pelean por reclamar la atención de los padres, dichos andamios serán deficitarios y también problemáticos.

La rivalidad surge en la infancia para llamar la atención de los progenitores, para llevarse un refuerzo, reclamar amor y lograr esa caricia emocional, una palabra amable… Poco a poco, esas situaciones, lejos de resolverse pueden intensificarse en la adolescencia y hasta en la madurez. El rencor se acumula hasta originar distanciamientos en la edad adulta.

¿Cómo terminar con esa rivalidad?

Por lo general, la rivalidad entre hermanos adultos desemboca en la falta de trato y el distanciamiento. Cuando hay alguna reunión familiar, es fácil que surjan discusiones y desencuentros. Cabe señalar que estas vivencias que tienen su origen en la infancia suelen generar un gran estrés y que ese recuerdo, el del peso de tantas emociones adversas, esté siempre a flor de piel.

¿Hay quizá algún modo de resolver estas situaciones y crear lazos sólidos? Reflexionemos en algunos aspectos.

  • El tiempo por competir por el amor y la atención de los padres ya ha quedado atrás. En la edad adulta esas dimensiones carecen de sentido. Tal vez, sea el momento de descubrirnos mutuamente, de dejar de reclamar nada para simplemente, conocernos y conectar como no lo hicimos de niños.
  • Puede que nuestros padres tuvieron un hijo favorito y que eso nos generara dolor y sentimientos de rivalidad en el pasado. Pero cuando uno llega a la madurez, debe tomar conciencia del error que cometieron nuestros padres en la crianza y que esto no tiene por qué determinarnos.
  • El ayer ya quedó atrás, no somos los niños del pasado, somos los adultos de hoy. La rivalidad entre hermanos adultos tiene su germen en lo que provocaron y originaron nuestros progenitores, tal vez sea momento de sanar esa herida reconstruyendo el vínculo fraternal.

Ahora bien, la rivalidad entre hermanos adultos no es fácil de sanar. No cuando, por ejemplo, uno de ellos sigue viéndose en desventaja en el seno de esa familia de origen que continúa reforzando al hijo favorito. En estos casos, y cuando peligra la salud psicológica, siempre es mejor limitar el tiempo compartido con dichas figuras y centrarnos en nuestra vida.

Las predilecciones y la valoración de un vástago frente a los demás siempre dejan secuelas. El antagonismo entre hermanos es una realidad que serpentea en muchas familias.

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