¿Sabes cómo desarrollar la inteligencia emocional?

05 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Son muchos los que se consideran emocionalmente inteligentes. Sin embargo, siguen teniendo la madurez emocional de un niño pequeño. ¿Qué es lo que falla? ¿Qué es lo que debemos trabajar para ser de verdad más competentes en esta área tan importante?
 

¿Sabes cómo desarrollar la inteligencia emocional? Hemos llegado a un punto en nuestra sociedad en que todo el mundo habla de esta dimensión y valora su relevancia. Sin embargo, sigue sin verse, sin apreciarse tanto como debería. Muchos conocen la teoría, pero ignoran cómo practicarla. Abundan los que avalan sus beneficios y, aun así, siguen actuando con escasa o nula empatía.

Podríamos decir que aún no hemos entendido del todo qué es y para qué sirve esta competencia. Para empezar, no estamos ante unas herramientas que uno puede aprender en un curso de crecimiento personal o de formación laboral. Tampoco se busca con ella aumentar la motivación o ser más productivos. Es más, aunque nos sorprenda, no tiene como finalidad lograr que seamos más felices.

John D. Mayer, psicólogo de la Universidad de New Hampshire fue quien introdujo junto a Peter Salovey el actual modelo de la inteligencia emocional en los años 90 (antes incluso de que Daniel Goleman lo popularizara). Algo que señala a menudo es que a día de hoy, muchos psicólogos entrenados en esta área siguen pensando que están ante una cualidad o incluso un rasgo que podemos integrar en la personalidad.

 

Asimismo, el propio doctor Mayer lamenta que la revista Times publicara en 1998 en su portada que la inteligencia emocional es lo que garantiza el éxito en la vida. Todo ello son ideas erróneas, conceptos que no se ajustan al objetivo principal de la IE: razonar y pensar de forma más inteligente sobre nuestra vida emocional.

rostros representando cómo tener Inteligencia Emocional

¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional?

Si nos preguntamos cómo desarrollar la inteligencia emocional, las salidas naturales suelen ser: aprender a ser más empáticos, asertivos y mejorar un poco en lo que se refiere a las habilidades sociales. Ahora bien, asumir estas ideas es un error; nos hace cómplices del olvido de una variable imprescindible en la ecuación: la comprensión y correcta gestión emocional.

 

Así, un elemento común en muchos de los cursos sobre esta materia a nivel de empresa es que se organizan sofisticados e interesantes clases sobre cómo resolver conflictos, qué estrategias usar para llegar acuerdos o qué herramientas son las más adecuadas para mantener una actitud positiva en todo momento. Sin embargo, en palabras del propio John D. Mayer, todo esto nada tiene que ver con la auténtica inteligencia emocional.

Entonces… ¿qué es realmente la inteligencia emocional? De manera sencilla: es la capacidad de entender las propias emociones y las de los demás. Es distinguir y saber etiquetarlas de manera correcta y, a su vez, usar información emocional para guiar nuestro pensamiento y comportamiento para ajustarnos a cada situación (Goleman, 1995; Mayer y Salovey, 1990).

Conozcamos por tanto cómo desarrollar la inteligencia emocional.

Saber identificar qué me ocurre y qué les pasa a los demás

Hablar bien, saber comunicar, ser alguien motivado y con actitud positiva… Todo ello está muy bien, pero si hay un desencadenante que puede optimizar todos esos procesos es la llamada «inteligencia de las emociones». Para empezar a desarrollarla debemos partir de lo siguiente:

 
  • Es necesario tomar contacto con los propios estados emocionales y saber reconocer y etiquetar cada emoción, cada sensación. Lo haremos sin vetarlas, sin esconderlas. Se trata de sentir, aceptar y definir. ¿Esto que siento es tristeza o es quizá la frustración lo que hay detrás de ella? 
  • Asimismo, también debemos ser hábiles para comprender las realidades emocionales ajenas. ¿La persona que tengo enfrente qué es lo que me transmite con su expresión, su voz y su postura? ¿Es inseguridad o es miedo?
  • Por otro lado, en este primer escalón de la identificación de emociones hay otro elemento prioritario: saber expresar sentimientos de manera ajustada y respetuosa. Hay que hacerlo de manera correcta y efectiva para facilitar la comprensión sin perder el respeto.

Cómo desarrollar la inteligencia emocional: aprender a autorregular emociones

No hay emociones buenas y emociones malas, sentimientos positivos y sentimientos negativos. De entre todo el crisol emocional que dispone el ser humano, todas ellas son necesarias y cumplen una finalidad. La piedra angular del bienestar reside en sentir la emoción adecuada en el momento adecuado y saber regularla para usarla en nuestro beneficio. ¿Qué significa esto?

 

Significa, por ejemplo, que sentir rabia cuando alguien vulnera mis derechos es comprensible y adecuado. Ahora bien, una vez emerge esa emoción hay que saber manejarla. No se trata de dejarnos llevar por ella sino de usarla en nuestro beneficio. ¿De qué manera? Comprendiéndola y orientándola.

La rabia tiende a impulsar la acción y el movimiento. En este caso, lo más acertado sería defender nuestros derechos con respeto y promoviendo a su vez, adecuados cambios para que esa situación de incomodidad no vuelva a sucederse.

chico representando cómo tener Inteligencia Emocional

Gestionar las emociones para lograr metas

Para desarrollar la inteligencia emocional, recuerda una frase sencilla: “mis emociones deben ser esas aliadas que me permitan ser quien quiero ser y lograr aquello que necesito”. En palabras del propio John D. Mayer y Salovey “la inteligencia emocional debe generar sentimientos que mejoren nuestro pensamiento y que sean capaces también de promover el crecimiento emocional e intelectual”.

 

En esencia, comprender y gestionar emociones es el motor que impulsa también un pensamiento más saludable, libre de rumiaciones, obsesiones, de esas ideas negativas que vetan nuestro potencial. De ese modo, cuando nuestro estado emocional se mantiene en esa calma en la que manda el autocontrol y la correcta regulación, nuestra mente es capaz de orientarnos hacia comportamientos más acertados y valientes para lograr las metas deseadas.

Para terminar, a pesar de la notable popularidad que ha adquirido la inteligencia emocional a lo largo de todas estas décadas desde años 90, seguimos evidenciando ciertas carencias. Las emociones y su correcta comprensión y manejo siguen siendo para muchos, una eterna asignatura pendiente.

 
  • Mayer, John D.; Salovey, Peter; Caruso, David R. (2008). Emotional intelligence: New ability or eclectic traits? American Psychologist, 63, 503-517.
  • Mayer, J. D., Barsade, S. G., & Roberts, R. D. (2008). Human abilities: Emotional intelligence. Annual Review of Psychology, 59, 507-536.