Sami Blood: sentirte estigmatizada por tus orígenes

2 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Sami Blood nos adentra en una desconocida historia de la Suecia supremacista con los samis, pueblos indígenas distribuidos entre Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia a través de una historia de identidad y lucha personal.

Sami Blood es una película encantadora, de las que cuesta encontrar. Comedida en su puesta en escena, impactante en su argumento. Es una cinta que denuncia la xenofobia de una sociedad con una minoría, pero sin rebajar la responsabilidad que pueda tener esta en su situación.

Sami Blood nos adentra en una desconocida historia de la Suecia supremacista con los samis, pueblos indígenas distribuidos entre Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia a través de una historia de identidad y lucha personal.

Estamos en la década de 1930. Elle Marja, de 14 años, es una joven lapona expuesta a la segregación en su escuela. Ella sueña con otra vida. Pero, para eso, debe convertirse en otra persona y separarse de su familia y de su cultura.

Descendiente de la comunidad sami por el lado paterno, la directora sueca Amanda Kernell cuenta la historia de un racismo sueco hacia Laponia y la comunidad sami poco conocido y rara vez representado en el cine, salvo en películas raras como The Cuckoo (2002) del director ruso Alexander Rogozhkin.

Sami Blood: la historia de una niña que quería ser sueca

Elle Marja es una mujer anciana que va de camino en el coche con su hijo y su nieta al funeral de su hermana Njenna. Una vez llega al lugar, la mujer se niega a hablar en el idioma sami y a tener contacto con los asistentes.

Sin embargo, enfrentada a un recuerdo, se activa en su mente todo el relato oculto de su pasado. Perteneciente a un pueblo con una fuerte identidad, Elle Marja a los 14 años deja a su familia nómada para asistir junto a su hermana a un internado para niños pequeños sami.

Mientras hace todo para convertirse en una verdadera niña sueca, comprenderá rápidamente que sus orígenes sami perjudican sus aspiraciones. Su educación está limitada, pues se cree en Suecia que los individuos de estos pueblos no están preparados para una educación superior y para vivir en ciudad.

El racismo institucional sueco

Hija de pastores de renos en el extremo norte de Suecia, la protagonista y el resto de niños internos son víctimas de la discriminación étnica, tan popular en la década de 1930.

Elle Marja y Njenna, interpretadas por dos hermanas reales, Lene Cecilia y Mia Erika Sparrok, son enviadas desde su pueblo al internado del gobierno donde se ven obligadas a hablar solo sueco. Además, sus cuerpos serán sometidos a pruebas humillantes para certificar su raza.

Junto al trato humillante en el internado, el grupo de niños recibirá insultos constantes de los vecinos, que las ven como «animales de circo» o «seres poco desarrollados». Pero Elle Marja ya no tiene la intención de ser «un animal de circo» y quiere seguir estudiando, independientemente del prejuicio de que los sami no tienen las mismas habilidades intelectuales que los «niños normales».

Después de dejar su vestimenta tradicional, la niña escapa a Upsala, donde le pide acogida a un niño que acaba de conocer en una fiesta cerca de la escuela. En este momento, se muestra decidida a matricularse en la escuela oficial sueca.

Sami Blood: lo desgarrador de tener que renunciar a todo si quieres ser tú misma

La niña sami, interpretada por Cecilia Sparrok, irradia una expresividad en pantalla que refleja todo el instinto del pueblo sami crecido en la naturaleza salvaje.

Al mismo tiempo, derrocha también la curiosidad y determinación de la niña para escribir su propia historia y escapar del guion que de alguna manera estaba escrito para ella. Vemos aquí el ineludible dilema que se refleja en la mirada gélida de la anciana al principio de la película. Una mirada llena de culpa, resignación y dolor.

Hay personas que no pueden elegir, solo pueden renunciar. La joven Elle-Marja solo puede poner fronteras para construir su nueva vida, no construir puentes.

A veces, es tal el abismo que una persona tiene que saltar para llegar al punto que desea, que esta tiene que dejar atrás todo lo que lleva consigo; incluso, su identidad. La cultura sami habría reservado para ella un sendero del que se sentía demasiado lejana.

Sami Blood, por lo tanto, se convierte en un viaje en busca de la identidad, conjugando el rechazo hacia la propia cuna y el deseo de una nueva vida.

Niñas en el agua

Sami Blood: la negación de la identidad grupal para lograr la personal

La película quiere hacernos reflexionar sobre los efectos psicológicos del rechazo de sus orígenes y sobre la erradicación forzada del contexto social y cultural sin dar ninguna respuesta. En la vieja mirada de Elle Marja, se refleja el vaciamiento emocional y la lacerante sensación de culpa, que se derrumba ante los preciosos recuerdos junto a su hermana.

Una hermana que nunca se olvidó de ella; un amor que tiñe de melancolía a los paisajes del norte de Suecia. Al final de la vida, vuelven los recuerdos más intensos, desgarradores. La risa de su hermana, la canción jojka en un lago.

Su decisión al final de la vida no parece estar en sintonía con la razón y corazón. Su identidad está escrita en la sangre, pero su vida y realización no.

Hay una especie de empatía por la protagonista de todas las personas que han tenido que emigrar o renunciar a parte de su historia familiar y vital como precio para cumplir sus sueños. Igual que para Elle Majra, muchas personas no eligen con libertad.

No empiezan una nueva vida llevándose para ellos lo más importante. Sus orígenes no son impulso o inspiración, sino recuerdos tristes que abaten el ánimo. La protagonista no tuvo más remedio que hacerlo mal para no acabar de la peor forma posible. Así, llegamos a sentir el duelo de la protagonista propio.

La directora muestra cómo una niña pequeña que, víctima del racismo ordinario, llega a interiorizar los propios prejuicios raciales que tiene que experimentar. Desea integrarse a cualquier precio; así tendrá que diluirse en la masa para dejar atrás su origen. La película es un relato desgarrador que muestra, casi desde la intimidad, lo doloroso puede ser psicológicamente este proceso.