El sentimiento de culpa por no poder dar el pecho

Raquel Martínez Rico · 4 diciembre, 2017

El proceso de la maternidad parece que tiene como unos “guiones” con los que la madre tiene que cumplir desde que conoce la noticia; por otro lado, asociados a este tipo de guiones tiene que tomar muchas decisiones que no son fáciles. Serían una especie de hitos de la maternidad que las mujeres estudian a fondo ya que se enfrentan a un mundo nuevo y apasionante del que tienen mucho que aprender. La elección de dar el pecho o no es uno de estas grandes decisiones.

Cada mujer tendrá sus motivos que le lleven a optar por lactancia materna o bien por lactancia artificial. Por un lado están las defensoras de dar el pecho y, por otro lado, las que no quieren o no pueden hacerlo. Más allá de generar un debate sobre lactancia materna y lactancia artificial, el objetivo de este artículo es plasmar el sentimiento de culpa que pueden experimentar las recién mamás que, por lo que sea, no han podido dar el pecho. Madres que tenían la ilusión y la convicción de amamantar a sus hijos y no han podido.

El sentimiento de culpa por no poder dar el pecho

Existen varias razones médicas que pueden respaldar la decisión de no dar el pecho: enfermedades de la madre, escasa producción de leche, procesos muy dolorosos de mastitis, etc. Este momento supone un impacto psicológico importante pues chocan dos trenes muy potentes: la necesidad innata de la madre de nutrir a su bebé y la imposibilidad de hacerlo de forma natural.

Si traducimos esto a la vida real, podemos ver episodios de frustración absoluta. Por un lado el llanto del bebé porque tiene hambre, y por el otro una madre desesperada intentando por todos los medios darle alimento. Una lactancia que, por lo que sea, no sale adelante.

En una ocasión, una mamá me dijo que temía el momento de tener que amamantar a su hijo. En este caso, hablamos de una madre con mucha producción de leche, pero con unas heridas superficiales que le impedían la succión, tanto del bebé como de forma mecánica.

El sufrimiento y el dolor era tal que llegó a preguntarse una vez “Pero, ¿por qué te tengo que alimentar?”. Pezones agrietados con sangrados, escozor continuo, el mero roce de la ropa era un suplicio. Y todavía, muchas de estas madres se sienten atacadas por no seguir aguantando. “Bueno, si ya te has cansado…” le dijo en una ocasión una matrona.

El momento de abandonar la lactancia natural

De verdad, ¿hay necesidad? En mi opinión, no. ¿Cómo que si ya se ha cansado? El estrés que se le está transmitiendo al bebé en ese momento, la ira totalmente visible, es mucho peor que privarle de todos los beneficios que se supone que ofrece la lactancia materna.

En los primeros meses de vida, el momento de la alimentación es un momento de vínculo, de unión, de beneficio emocional para la madre y para el bebé. Empeñarse en aguantar el dolor solo puede desembocar en todo lo contrario, pues el bebé recibirá todo ese malestar mientras esté en brazos de su madre.

Llegados a este punto, y tras la decisión de la madre de dejar de dar el pecho, llega el momento de elegir la mejor leche posible. Son totalmente seguras, y no tienen ningún tipo de riesgo para el bebé. El pediatra será el que mejor pueda aconsejar a los padres en este sentido.

Dar el pecho es una opción, no una obligación

Es cierto que la lactancia materna facilita en gran medida el vínculo afectivo entre la madre y su bebé. Sin embargo, está demostrado que no llevarla a cabo no impedirá que se forme el vínculo.

Hay algo que funciona mal en nuestra sociedad cuando una mujer se siente juzgada y fracasada por no poder amamantar a su hijo de forma natural. Y aun menos, a que los demás le hagan sentir de ese modo. “En cualquier caso lo van a hacer bien, lo importante es que esté tranquila para poder transmitir paz y seguridad a su bebé”. Creo que este es el mensaje que deberían recibir.

En cualquier caso, ninguna mujer debería ser o sentirse atacada por su decisión, sabiendo que el bebé va a estar seguro. De hecho, ojalá todas las mamás se apoyaran entre ellas, independientemente de sus decisiones respecto a la lactancia. Cada mujer es ella y sus circunstancias, ella y sus experiencias.

A vosotras que no os conozco o sí, de verdad, no debéis sentirnos mal por haber tenido que optar por la alimentación con biberón. Te aseguro que tu experiencia como madre no va ser inferior, no vas a ser menos madre o una madre de segunda por esto. Esta opción va a darle a tu bebé todo lo que necesita, y tú le vas a poder ofrecer todos los beneficios emocionales que se dan creando un clima agradable cuando al bebé le toca comer.