Un buen jefe hace mejores a sus trabajadores

Alicia Escaño Hidalgo · 7 marzo, 2017

La palabra jefe nos suele generar cierto nerviosismo. Al pensar en este concepto puede que nos venga a la cabeza la idea de un señor con chaqueta y corbata, gruñón y castigador que puede cabrearse en el momento en el que no nos comportemos en el trabajo de forma perfecta o conforme a sus expectativas. Especialmente si solo hemos topado con jefes que responden a esta descripción.

Tradicionalmente se ha creído que esta manera amenazadora y exigente de relacionarse con los trabajadores era la óptima para conseguir que realizasen correctamente su trabajo.

Es decir, el miedo se convertía en la herramienta que conseguiría mejores resultados productivos. Evidentemente, esto no ocurre así y estudios posteriores acabarían confirmándolo.

Generar miedo es contraproducente

Si lo pensamos bien, el miedo jamás puede conseguir que un trabajador rinda más, especialmente si hablamos de un rendimiento sostenido a lo largo de tiempo.

Jefe gritando a su empleado
Si presionamos, amenazamos o señalamos únicamente los errores de las personas, lo único que vamos a obtener como resultado es personas descontentas y con una baja percepción de autoeficacia. Personas que pueden hacer tareas repetitivas, pero que difícilmente van a innovar o se van a identificar con la empresa.

Esta persona pierde el interés por el trabajo debido a un mecanismo de indefensión aprendida, ya no sabe que hacer para contentar al jefe. O bien acaba abandonando su puesto, ya sea por aburrimiento -síndrome de boredout-, desmotivación o rencor hacia la empresa.

Las altas exigencias generan ansiedad y la ansiedad entorpece el desempeño de cualquier individuo, además de poder llegar a provocar en el trabajador un descenso considerable de su autoestima.

Por el contrario, se calcula que los trabajadores felices y a gusto con su puesto producen un 12% más.

Ser jefe no es lo mismo que ser líder

El jefe supone una autoridad frente a los trabajadores que le confiere la propia jerarquía de la empresa. Su misión es dirigir el trabajo de los empleados de forma que sean capaces de producir más. Por otro lado, para que pueda ser un jefe, además de que la empresa reconozca su autoridad es necesario que su jefe (el jefe del jefe) y los trabajadores a su cargo también la reconozcan.

Sin embargo, un líder es alguien que encabeza un grupo, ya sea social, político o de trabajo y mantiene ciertas actitudes que son más beneficiosas de cara al trabajo. Más que dar órdenes para demostrar y proteger su posición, el cometido de un líder es motivar a los empleados, así como cooperar con ellos en pro de un objetivo común.

Si estás leyendo este artículo y regentas una empresa en la que tienes empleados, lo más conveniente es aprender a tomar una actitud de líder en tu puesto de jefe.

Con esto conseguirás dos cosas: que tu negocio crezca, que todos rindáis más y mejor y lo más importante, mantener relaciones sanas con tus empleados. Esto hará que todos estéis en sintonía y se respire bienestar en el trabajo.

Aprende a ser un líder

Para empezar, un líder se diferencia del jefe en que no quiere ser autoridad porque sí, ni lo vive como un privilegio que le da capacidad para mandar a los demás. El líder organiza al grupo y los guía de forma democrática.

Además, el líder escucha a sus trabajadores. Sabe que todo el mundo puede aportar algo novedoso o tener buenas ideas. No intenta imponer su criterio, sino que dialoga con sus empleados o intenta convencerlos con ejemplos y argumentos.

El jefe infunde temor en sus empleados: cuando está cerca todo el mundo le obedece pero cuando se va, es duramente criticado. El líder por el contrario, es fuente de confianza y genera entusiasmo e ilusión en los trabajadores.

Un buen líder no pretende señalar los errores y castigarlos duramente o buscar culpables. El jefe por el contrario, funciona de esta manera: busca el error, lo reprimenda, avergüenza al trabajador e incluso lo amenaza con amonestaciones o despido.

El líder prefiere premiar lo que se ha hecho correctamente y si ha habido un error, intenta buscar soluciones en común con ese trabajador.

El líder, por otra parte, es alguien que se interesa por sus trabajadores como personas que son: sus vidas, su felicidad, su bienestar… No considera a las personas como meros números ni los cosifica. Además, entiende que una de sus obligaciones más importantes es estar disponible para cualquier consulta que tenga un empleado.

A más felicidad, más productividad

Manos con un dibujo de una cara sonriente
Ninguna empresa llegará muy lejos si la regenta un jefe tirano en lugar de un líder. Los trabajadores asustados por sus jefes terminan por marcharse de su trabajo a otro que les haga sentirse más útiles, más tranquilos y en definitiva más felices.

Está demostrado que la felicidad en el trabajo hace que tengamos más ganas de trabajar, de superarnos y de cumplir objetivos.

Por el contrario, las malas relaciones en el trabajo, ya sea con el propio jefe o con los compañeros, los sueldos desacordes con nuestro puesto o responsabilidad laboral, los derechos que acaban pareciendo favores de la empresa y las injusticias que a veces tienen lugar provocan que seamos víctimas del agotamiento o el estrés laboral.

El trabajador comienza a perder autoestima y mantiene un diálogo consigo mismo del tipo “ya nada puedo hacer para que me valoren”, “quizás no valgo para este trabajo”, “me da miedo comentarle esta idea al jefe”, etc.

Esta pérdida de confianza en sí mismo como empleado y en su jefe provoca un descontento general, un sentimiento de culpabilidad. En definitiva, es una pérdida motivación tan grande que contribuirá a que el trabajador se limite a cumplir con los mínimos que se le piden.