Sesgo de autoservicio o cómo proteger el ego a toda costa

Si pasa algo bueno la responsabilidad es mía, pero si sucede algo malo, la culpa es de los demás. El sesgo de autoservicio o pensamiento quimera busca proteger la autoestima al evadir la asunción de todo error o fracaso.
Sesgo de autoservicio o cómo proteger el ego a toda costa
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 29 enero, 2022

Si hay un recurso cognitivo que muchos usan con frecuencia casi sin darse cuenta es el sesgo de autoservicio. Define la clásica tendencia de echar la culpa a factores externos cuando suceden cosas negativas de las que uno es responsable. Lo de “echar balones fuera” traza un comportamiento a menudo exasperante que les sirve a muchas personas para proteger el ego.

La clásica frase de “el profesor me ha suspendido porque le caigo mal” es un reflejo de lo que denominamos como “pensamiento quimera”. A menudo el ser humano elucubra y refuerza una serie de creencias imaginarias para validarse a sí mismo. Es decir, siempre se hará un esfuerzo mental que facilite la autoprotección de la propia valía y competencia.

Bien es cierto que todos necesitamos proteger ese frágil músculo que es la autoestima. Sin embargo, una cosa es preservar la visión positiva de uno mismo y otra es caer en el autoengaño e incluso en conductas poco éticas. Porque lo creamos o no, este tipo de sesgo se ha investigado con frecuencia en el campo de la psicología social al asociarse con actitudes problemáticas y dañinas.

Lo analizamos.

Los estudios nos dicen que el sesgo de autoservicio es muy común en la mentalidad occidental, pero no en países como Japón.

Hombre con la mente manipulada representando el Sesgo de autoservicio

Sesgo de autoservicio: ¿en qué consiste?

El sesgo de autoservicio no es más que una estrategia mental que busca mantener la positividad del autoconcepto. Para ello, las personas aplicamos una atribución interna cuando los eventos son positivos y una atribución externa cuando las circunstancias son negativas.

Por ejemplo, si a mí me dan un ascenso es porque, obviamente, tengo unas cualidades excepcionales y por ello ese logro es meritorio. Ahora bien, si me deniegan un puesto de mayor categoría es porque no saben valorarme como merezco. También, porque puede haber intereses ocultos para que yo no escale posiciones.

Como podemos ver, con estas artificiosas creencias lo que hacemos es envolver el ego con una dorada armadura para que no se vea herido en ningún momento.

Este curioso, pero recurrente sesgo atribucional, fue definido por primera vez por los psicólogos Dale Miller y Michael Ross en un estudio de 1975. Un ejemplo de este mecanismo psicológico lo vieron en el hecho de que, por término medio, las personas creen que son mejores conductores que el resto. Y si se tiene cualquier percance, la responsabilidad siempre es de los otros. Nunca propia…

Cuando nos manipulamos a nosotros mismos para proteger la autoestima

Es cierto que el sesgo de autoservicio puede parecernos un recurso mental negativo (no por ello se le conoce también como sesgo egoísta). Sin embargo, esa estrategia mental también cumple un fin necesario en muchos casos: es un mecanismo de defensa de la autoestima.

Todo ese conjunto de percepciones, evaluaciones, pensamientos y sentimientos dirigidos hacia uno mismo deben ser positivos para salvaguardar nuestro bienestar. Al fin y al cabo, la autoestima es la columna vertebral de nuestro equilibrio psicológico. Por ello, este sesgo no pretende otra cosa que protegernos, que salvaguardar esa visión positiva que tenemos de nosotros mismos.

Un ejemplo de este enfoque lo tendríamos en el trabajador que no logra un empleo y lo atribuye únicamente a la crisis social y económica. De ese modo, sigue manteniendo un enfoque positivo hacia sus capacidades y valías. También esa persona que es abandonada por su pareja y asume que siempre será mejor tener lejos a quien no les quiere como ellos merecen.

Ahora bien, la cuestión es que a veces esa protección deja de ser saludable para volverse problemática. Lo hace a costa de ponernos una venda en los ojos. Atribuirnos los méritos y culpar a otros de nuestros fracasos nos impide responsabilizarnos de realidades que podríamos mejorar si aceptáramos nuestros fallos.

El sesgo de autoservicio, además de proteger el ego, nos otorga una falsa sensación de control muy ambigua. Todo lo bueno que nos sucede es responsabilidad nuestra, pero los fallos y los fracasos son el resultado de fuerzas externas e incontrolables.

El sesgo de autoservicio y la depresión

Este dato es interesante y vale la pena tenerlo en cuenta. El sesgo de autoservicio o el pensamiento quimera también está presente en las personas que padecen un trastorno depresivo. Solo que en este caso actúa a la inversa. No protege la autoestima, en su lugar la aniquila y la boicotea de manera constante.

En el momento en que este sesgo se revierte y da un giro de 180º, uno piensa que las cosas buenas son resultado de la suerte o de factores externos. En cambio, las cosas malas que suceden alrededor son culpa de uno mismo. Como podemos deducir, este esquema mental es claramente nocivo.

Según varios estudios, muchos directivos culpan a sus subordinados cuando la empresa no tiene buenos resultados, mientras que los trabajadores de la empresa culpabilizan a las circunstancias externas.

Ejecutiva trabaja con su portátil pensando en el sesgo de autoservicio

Las culturas individualistas y el egoísmo

Señala el filósofo coreano Byung Chul Han que la sociedad del siglo XXI ya no es una sociedad disciplinaria, sino una sociedad de logros. Las personas necesitamos conseguir cosas, conquistar objetivos a toda costa. Y en este intento por alcanzar metas y más metas, aplicamos con frecuencia el sesgo de autoservicio.

Cuando tengo éxito me lo atribuyo a mí, cuando fracaso culpabilizo al entorno, a las circunstancias o a quien me pone la zancadilla. En realidad, asumir esta idea, nos dificulta ese deseo de logro constante. Porque nos impide meditar y profundizar en el error, en el fallo cometido.

Asimismo, resulta curioso saber que este sesgo es muy común en occidente y en lo que muchos denominan como culturas individualistas. Países como Japón, por ejemplo, o incluso Corea, tienen una visión alternativa: si uno fracasa la responsabilidad es suya y debe reparar ese error.

Como vemos, nunca está de más en reflexionar un poco en las atribuciones que hacemos en nuestro día a día. Tal vez, no todo lo que nos sucede es por causas ajenas…

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