Sesgo de retrospectiva: ya sabía que iba a pasar

04 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
"¡Yo sabía que esto iba a pasar, lo tenía claro!" es una trampa en la que todos hemos caído alguna vez. Afirmamos haber tenido el poder o la inteligencia para anticiparnos al curso de la realidad, cuando no ha sido así. ¿Por qué caemos en este error?

Salimos de casa para ir a la playa y hace un sol radiante, pero nada más llegar a la costa las nubes llegan desde el horizonte amenazando con tormenta. Uno de nuestros amigos no duda en decir aquello de “yo ya lo veía venir, sabía que este día acabaría estropeándose”. Lejos de tener una bola mágica o poderes de adivinación, estas personas lo que evidencian es un sesgo de retrospectiva.

No faltan entre nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y también entre las redes sociales, esas personas que a modo de Oráculo de Delfos y fatales agoreros aseguran que ya daban por sentado que iban a sucederse tales y cuales cosas.

“Sabía que esto iba a acabar así”, “te lo dije ¿ves? lo que yo te comenté ha acabado pasando”… Este tipo de razonamientos nunca dejan de sorprendernos. Y lo hacen por una razón esencial. Esas personas que declaran decirnos que ya nos habían anticipado esto y lo otro, en realidad, nunca lo hicieron.

El sesgo del que hablamos se produce por un fallo de la memoria: creer que eso que se ha sucedido, aquí y ahora, ya lo habían previsto, cuando no es así. Estamos ante un falso recuerdo, ese en el que creían tener claro un desenlace antes de que se sucediera. ¿Conoces a alguien así?

Bombillas simbolizando el Sesgo de retrospectiva

Sesgo de retrospectiva: más común en contextos negativos

Las personas estamos hechas de huesos, carne, sueños, deseos y un sinfín de sesgos psicológicos. Sin embargo, no somos conscientes de ello. Estos mecanismos por los que se producen errores en el modo en que procesamos la realidad, hacemos juicios inexactos o interpretaciones ilógicas son muy comunes.

Ahora bien, más allá de lamentarlo o de hacer introspección para detectarlos, reflexionemos. Todos hacemos uso de ellos porque son una necesidad evolutiva, un recurso del cerebro que hemos desarrollado con el tiempo. ¿La razón? ¿Su finalidad? Para ahorrar tiempo. Las personas somos incapaces de procesar cada elemento o variación que nos llega; la mente necesita reaccionar de manera certera, pero también muy rápida.

¿En qué se traduce esto? En errores, en inferencias fallidas, en la clásica tendencia de dar validez a aquellos datos que se ajustan a nuestras creencias (sesgo de confirmación) o a pensar que nuestras ideas son las más aceptadas y extendidas (sesgo de falso consenso). Así, el caso del prejuicio o sesgo de retrospectiva define un tipo de fenómeno psicológico que aumenta de manera exponencial en épocas de cambio sociales y crisis económicas.

Lo analizamos.

El sesgo de retrospectiva y el Watergate

Fue a principios de los años 70 cuando la psicología se interesó en el estudio y definición de los sesgos psicológicos. Las figuras más representativas de este campo fueron sin duda el doctor Amos Tversky y el psicólogo y Premio Nobel en economía Daniel Kahneman.

Gracias a sus investigaciones sobre los heurísticos se dieron cuenta de que gran parte de la población presentaba un sesgo más… El doctor Baruch Fischhoff fue un poco más allá y llevó a cabo su propio experimento entre 1974 y 1975.

Un tiempo antes de que Nixon renunciara a su cargo, se preguntó a un grupo amplio de la población si el presidente iba a ser reelegido. La mayoría dijo que sí. Ahora bien, unos meses después y tras el escándalo Watergare, la mayoría afirmaba saber lo que iba a suceder. Todos parecían haber olvidado su primer razonamiento.

Cuando las cosas van mal: lo que debimos hacer y no hicimos a pesar de ese supuesto conocimiento previo

El sesgo de retrospectiva aparece con más frecuencia cuando aquello que decimos saber tiene consecuencias negativas o es negativo en sí. La llegada de una crisis, un despido, un acontecimiento negativo global… Es en ese contexto cuando más emergen esas voces que ya anticipaban lo que iba a pasar.

Esto mismo fue lo que aconteció con la crisis financiera del 2008. Muchos economistas no la vieron llegar en su día pero eso sí, una vez hubo ocurrido, la mayoría afirmó que había indicadores que ya la predecían.

Asimismo, también se da un fenómeno añadido y es la búsqueda de culpables. En esas situaciones no tardan en aparecer frases como “yo ya sabía que este desastre pasaría ahora hay que llevar a juicio a quien lo ha permitido”.

Chica con bocadillos en forma de nubes aplicando el Sesgo de retrospectiva

¿Por qué aplicamos el sesgo de retrospectiva?

Todos conocemos a más de una persona que hace uso del sesgo de retrospectiva. Son perfiles algo incómodos, de los que se atribuyen el poder de anticiparse a los acontecimientos. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué sus mentes derivan en esos juicios fallidos cuando, en realidad, nunca llegaron a anticipar tal o cual cosa?

Cuando se da una situación que por sí misma es negativa o adversa (una crisis económica, un desastre natural…), el que la mente nos engañe diciéndonos aquello de “esto tú ya lo habías predicho”, ofrece una gran sensación de control sobre la propia realidad. Nos hace sentir bien, apaga el miedo y nos proporciona un mayor impulso.

Es casi como un mecanismo de defensa, un “bien vale, esto es malo, pero como yo ya había pensado que podría ocurrir no me impresiona tanto. Y si encima busco culpables, tengo mayor sensación de poder y me eximo de culpas”.

Ese mecanismo por el que cambiamos nuestras ideas pasadas para ajustarlas con la realidad presente -con el objetivo de eliminar posibles disonancias- es, en realidad, muy frecuente.

Este, como la mayoría de los sesgos de los que nos habla Daniel Kahneman en su libro Pensar rápido, pensar despacio, ha sido empleado por nosotros alguna vez sin ser conscientes de la trampa que nuestra mente nos tendía.

  • Tversky, A.; Kahneman, D. (1973). "Availability: A heuristic for judging frequency and probability". Cognitive Psychology5 (2): 207–232. doi:10.1016/0010-0285(73)90033-9