Si das mucho es porque eres mucho, nadie da lo que no tiene

10 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando nuestro amor o nuestra bondad no son correspondidos podemos sentir el impulso de cerrarnos a los demás. Pero recuerda que, independientemente de cómo responda el otro, si das mucho es porque tú eres mucho.

¿Has sentido alguna vez, en alguna circunstancia, que todo lo que diste fue en vano? ¿Te arrepentiste de entregar, al comprobar que no era valorado por el receptor de turno? La idea del mundo justo no siempre se cumple, y la ingratitud de otros puede llevarnos a desear cerrar nuestro caudal interno. Déjame decirte algo: si das mucho, es porque eres mucho.

Estamos equivocados cuando medimos la valía de nuestras acciones, o nuestro propio valor personal, en función de las respuestas externas. Nos sentimos avergonzados e ingenuos cuando nuestros buenos actos son pagados con indiferencia. Pero, ¿por qué colocamos ese poder en los otros?

Mujer perdonándose

¿Qué hay en tu vaso?

Imagina que vas caminando con un vaso de café en la mano. De pronto tropiezas, pierdes el equilibrio y el líquido se derrama. ¿Qué derramaste: agua, leche, vino? No, derramaste café porque es lo que había en tu vaso. Del mismo modo, cada uno de nuestros actos da cuenta de lo que llevamos en nuestro interior.

Si das mucho es porque eres mucho. Si entregas amor, lealtad, ayuda y perdón es porque eso habita en ti. Las personas amorosas, aman. Las personas heridas, hieren. Quienes son felices, entregan felicidad y quienes expulsan veneno en sus palabras, solo denotan su veneno interior. Cuando comprendes esta premisa puedes salir de la trampa de identificarte con los actos de los otros.

¿Alguna vez preparaste un regalo para alguien que no lo valoró? ¿Ofreciste lealtad a una amistad que terminó traicionándote? ¿Te esforzaste en un empleo donde no reconocieron tus talentos y cualidades?

Probablemente te hayan tachado de ingenuo por confiar, de blando por entregar o de tonto por esforzarte. Sin embargo, tú eres lo que das, no lo que el otro responde. Tú eres el amor que pusiste en el regalo, la fidelidad que otorgaste y la responsabilidad que mostraste. La ingratitud, la traición y la indiferencia son el contenido del vaso de los otros, mas no del tuyo.

Si das mucho es porque eres mucho

Así, si amas y no eres correspondido, has de tener claro que tu amor no pierde valor. Si confías y te traicionan, tu confianza no se convierte en una cualidad negativa. Quien no entrega amor es porque no lo tiene dentro de sí, quien traiciona es porque guarda traición en su interior. Nada de lo que el otro haga te representa a ti, sino a él.

Entonces, desoye a quienes te aconsejan cerrarte, limitarte o condicionar tu forma de ser. Es muy común que las personas se rijan por el “si tú me das, yo te doy”. Olvida esos regateos inútiles, te doy mucho porque soy mucho; si tú también me das, te lo agradezco; si no, haré un esfuerzo por comprenderte.

Que tus acciones son independientes de las mías, que no he de actuar en función de lo que harán los otros sino de lo que yo soy. Dejo de estar pendiente de lo que ocurre afuera y comienzo a vivir mirando hacia dentro. ¿Qué siento yo? ¿Qué me nace hacer de forma natural?; esa es mi esencia y por ella debo regirme.

Mujer con gafas y los ojos cerrados pensando en bloquear los pensamientos negativos

Comienza siempre por ti

Así, no te limites por miedo a que los demás no te correspondan, no te culpes por haber dado lo que nacía de ti. Sin embargo, asegúrate de que ese caudal interno se dirija siempre a ti en primera instancia. Ama, y hazlo sin medida, pero ámate incondicionalmente primero. Confía sin recelo en los demás, pero primero en tu intuición. Sé responsable en tu trabajo, pero selo primero contigo mismo y con tu propio bienestar.

El único error que cometemos no es dar mucho, sino olvidarnos de darnos antes a nosotros mismos. Cuídate de entregárselo todo a alguien porque entonces quedarás vacío. Así, asegúrate de ser tu prioridad, de nutrirte y colmarte primero del amor, el perdón, la lealtad y la confianza que ofreces a los otros.

Sería absurdo pedirle al sol que no brille, al viento que no sople y a las mareas que se detengan. Del mismo modo, es ilógico impedirte dar, amar, confiar y disfrutar. Das mucho porque eres mucho y esto es así con independencia de lo que te devuelvan.

  • Norwood, R. (2018). Cartas de las mujeres que aman demasiado. EDICIONES B.
  • Gallardo, R. Y., Figueroa, L. A., & Solar, F. C. (2006). Confianza y desconfianza: dos factores necesarios para el desarrollo de la confianza social. Universitas Psychologica5(1), 9-20.