Sigmund Freud, la libido va más allá de lo sexual

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 octubre, 2017
Raquel Lemos Rodríguez · 17 octubre, 2017

La concepción que la mayoría de personas tienen sobre la libido es muy reduccionista, restringiendo el termino a su interpretación más sexual. No obstante, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, trató este término de una manera muy diferente. Refiriéndose a la libido, habló de un concepto mucho más amplio y que va más allá de lo que en la actualidad conocemos.

Freud definió como libido aquella energía que procede de las pulsiones o instintos y que repercute en nuestra conducta, dirigiéndola. Ante esto, diferenció entre dos tipos de pulsiones: la pulsión de vida y la pulsión de muerte.

La pulsión de vida hacía referencia a todos aquellos impulsos que tienen que ver con afectos o emociones. Aquellas que nos invitan a enamorarnos y a reproducirnos, a conectar con las demás personas. Freud decía que esto podía asociarse a lo él definió como “Ello” o al “Yo”, dos términos que explicaremos más adelante.

Por otra parte, tenemos la pulsión de muerte entendida como aquella que se opone a la vida o que supone algún desgaste para la misma. Aquí nos encontramos con aquellos patrones de repetición que nos invitan a tropezarnos con la misma piedra. Esto quedaría caracterizado, por ejemplo, cuando nos enamoramos del mismo tipo de personas que terminan haciéndonos daño.

Los dos tipos de pulsiones que estableció Freud se conocen como “pulsión de vida” o “Eros” y “pulsión de muerte” o “Tánatos”.

La libido y el placer

Aunque libido y placer sexual sean algo que nosotros relacionamos con facilidad, lo cierto es que para Freud el placer va más allá. Por ejemplo, ¿verdad que podemos sentir placer al beber agua tras estar sedientos? ¿No sentimos placer cuando degustamos un postre delicioso? ¿Y cuando nos calentamos al calor de una hoguera en invierno?

Pues Freud a este respecto afirmó que la libido estaba presente en lo que él definía como Yo, Superyó y Ello. En el Ello se encuentra el principio del placer o lo que podemos considerar como placer inmediato. Es una parte que dirige nuestro comportamiento de forma inconsciente en búsqueda de ese deleite. Por ejemplo, si tengo sed voy a buscar una cerveza fría.

figura entrelazada representando la libido

Por otra parte, el Yo contiene la energía de la libido del Ello. Sin embargo, se encarga de conseguir el placer siempre teniendo en cuenta la realidad. En este punto entran en juego el entorno, así como las normas y reglas que imperan. Continuando con el ejemplo anterior, es posible que me apetezca una cerveza, pero quizás elijas una sin alcohol porque es más saludable.

Por último, el Superyó es similar al Yo, aunque le da una gran importancia a la moralidad. De esta manera, tiene muy interiorizadas todas las normas y valores que residen en la sociedad y que se aprenden gracias al contacto e interacción con otras personas. En el caso del ejemplo, podría llegar a sentirme culpable porque beber alcohol fuera de un contexto social y festivo no está demasiado bien visto por la sociedad. Puedo haber interiorizado esa visión y sentirme culpable.

Sigmund Freud estableció una estructura particular de la mente para explicar el funcionamiento psíquico humano. Esta estructura se componía de tres elementos: el Ello, el Yo y el Superyó

Las etapas del desarrollo psicosexual

Para Freud la libido también se encuentra presente en las diferentes etapas del desarrollo del ser humano, pero de una manera diferente. Es decir, la libido se expresa de una manera distinta dependiendo del estadio de desarrollo en el que nos encontremos.

  • Fase oral: el placer se obtiene a través de la boca.
  • Fase anal: se controla el esfínter y la defecación, actividad vinculada al placer y sexualidad.
  • Fase fálica: el placer se obtiene al orinar, gracias a la sensación placentera que produce.
  • Fase de latencia: aparece el pudor y la vergüenza, relacionada con la sexualidad.
  • Fase genital: la llegada de la pubertad y madurez sexual.

Sin embargo, según Freud, la libido a veces se estanca, es decir, no sigue su flujo natural. Esto ocurre cuando existe algún tipo de fijación que impida que todo continúe progresando como debiera. Por ejemplo, si nos aferramos a obtener placer a través de la boca en la fase oral nos será muy difícil dejarla atrás para sumergirnos por completo en la siguiente fase.

“La transposición así cumplida del libido de objeto en libido narcisista conlleva manifiestamente, una resignación de las metas sexuales, una desexualización y, por lo tanto, una suerte de sublimación”

-Sigmund Freud-

pareja representando la líbido

Como hemos podido ver, el padre del psicoanálisis no concebía la libido como lo hacemos hoy día. Para él no era solo un deseo por obtener placer sexual. Sino que ese placer se encontraba implícito en otras áreas de nuestra vida y que, además, de una forma normativa progresa a medida que vamos transitando las diferentes etapas de nuestro desarrollo psicosexual.