Sigues siendo un niño en tu interior, descúbrelo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 febrero, 2016
Dolores Rizo · 25 noviembre, 2015

Llamamos niño interior a la imagen que tenemos de nosotros mismos, en cuanto a sentimientos, valoración, reconocimiento de habilidades y capacidades, y por tanto, en la satisfacción personal de ser quienes somos.

Nuestro niño interior se generó en la infancia y perdura hasta hoy, suscitando en ocasiones sufrimiento, dolor o problemas, generalmente por conflictos o bloqueos emocionales no resueltos en la infancia. Pero no todo está perdido, podemos recuperar a nuestro interior, restableciendo la imagen que tenemos de nosotros mismos.

La infancia, etapa de reconocimiento

En la etapa infantil es donde se gestó nuestro propio autoconcepto, es decir, la imagen que tenemos de nosotros mismos, y esto ocurrió en base a lo que nuestros progenitores proyectaron sobre nosotros y por las vivencias y circunstancias que nos tocó vivir.

Niño con objetos pensando

Cuando somos pequeños, los adultos de referencia nos hacen de espejo, es en ellos en quienes nos vemos para reconocernos y saber quiénes somos. En ocasiones, aún cuando los progenitores pretenden darnos todo lo que mejor que ellos consideran para nosotros, no lo recibimos, ya que cuando somos niños lo que necesitamos, ni sabemos pedirlo, ni los adultos saben qué es exactamente.

Y por ello, podemos crecer con carencias, dolor, tristeza e incluso traumas infantiles, que de forma subconsciente, se guardan y dejan su huella, aún sin saberlo.

Perder la infancia

Cuando la infancia no fue una etapa feliz, emocionalmente se crece insatisfecho, y sin vivir intensamente la etapa que nos tocaría vivir. El niño se hace adulto, pero sin resolver los conflictos infantiles, obviamente porque son subconscientes, pero sí siente la insatisfacción personal que arrastrará desde la infancia hasta la edad adulta.

Con frecuencia, cuando nos hacemos adultos, no recordamos etapas de nuestra infancia, podemos tener amnesia selectiva, y esto, ya es síntoma de conflictos internos no resueltos.

Habremos perdido a nuestro niño, y nos sentiremos insatisfechos con nosotros mismos,  cuando al llegar a la edad adulta, perdemos toda la ilusión de la infancia, no tenemos proyectos ni deseos, y tampoco tenemos ganas utilizar el juego como medio de distracción y ocio, entonces, la vida se convierte en una vida apática, seria, triste e insatisfecha.

“Es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo”

-Donald Winnicott-

El niño interior adulto

Al llegar a la etapa adulta, si la etapa anterior ha sido satisfactoria, y no existe ningún otro trastorno, el niño que fuimos sigue presente, y aparece en momentos divertidos, aflorando la ilusión de la infancia, disfrutando de los pequeños momentos, y desarrollando mediante el juego adulto, una forma de mantener el juego infantil presente.

Niña en bicicleta riéndose

Podríamos decir, que a pesar de los problemas de la vida adulta, la vida puede seguir siendo divertida, sorprendente, apasionante y en resumen, feliz. No por ser adultos tenemos que quedar a la diversión y a la ilusión relegadas.

“Yo te miro, yo te miro sin cansarme de mirar y que lindo niño veo a tus ojos asomar.”

-Gabriela Mistral-

Recuperar tu niño interior

Recuperar a nuestro niño interior, significa generar una imagen más satisfactoria de nosotros mismos, valorándonos y queriéndonos, reconociéndonos en nuestras habilidades y capacidades, y proyectando deseos y sueños. Por tanto, restableciendo la satisfacción personal y sintiendo la felicidad.

Para recuperar tu niño interior puedes seguir los siguientes pasos:

  • Visualiza al niño que fuiste en tu infancia, e imagínate a ti mismo cuidándolo y queriéndolo.
  • Recuerda los gustos e intereses de tu niño y permítetelos ahora de adulto, a la misma vez que disfrutas de ese momento y te transporta a tu infancia.
  • Juega, mantén la ilusión con pequeños detalles y haz aquello que te gustaba cuando eras niño, adaptándolo a la vida adulta.
  • Ríe, sonríe, acepta y perdona a las personas que en tu infancia pudieron causarte dolor.
  • Imagina aquello que le hubiese gustado escuchar a tu niño, y exprésalo para ti, como adulto.
  • Escucha tu interior y los anhelos más profundos de tu ser, tenlos en cuenta.
  • Mira por ti, cuídate, quiérete, valórate.

“Debemos escuchar al niño que fuimos un día y que existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de instantes mágicos.”

-Paulo Coelho-