Síntomas de la agorafobia

12 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana
¿Sabes cuáles son los síntomas de la agorafobia? ¿Te suena este trastorno de ansiedad? Conócelo todo sobre sus síntomas en este artículo.

La agorafobia es un tipo de fobia en la que aparece un intenso miedo a estar en lugares públicos o situaciones donde es difícil o embarazoso escapar o en las que es difícil obtener ayuda en caso de ataque de pánico o síntomas similares. Es decir, el miedo se da sobre todo ante los lugares públicos, y no tanto abiertos (aunque también se incluyen), como se suele pensar. Pero, ¿qué síntomas de la agorafobia podemos encontrar, más allá de esta definición?

Según un estudio de Gómez Ayala (2012), la prevalencia anual de la agorafobia es de un 0,3 %, aunque actualmente la cifra podría ser mayor. Se trata de un trastorno que, generalmente, comienza en la adolescencia tardía y en los primeros años de la tercera década de la vida. Por otro lado, afecta principalmente a las mujeres, con una distribución por sexos de 2:1 en relación a los hombres.

Mujer con ansiedad por agorafobia

Síntomas de la agorafobia

Según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) (2014), que tomamos como manual de referencia, los síntomas de la agorafobia son los siguientes:

Miedo o ansiedad intensa

Este miedo o ansiedad intensa se da en dos o más de las cinco situaciones siguientes:

  • Uso del transporte público (por ejemplo: trenes, barcos, autobuses…).
  • Estar en espacios abiertos (por ejemplo: mercados, puentes…).
  • Estar en sitios cerrados (por ejemplo: tiendas, cines…).
  • Hacer cola o estar en medio de una multitud.
  • Estar fuera de casa solo.

Evitación de las situaciones

Otro de los síntomas de la agorafobia es la evitación de las situaciones anteriormente mencionadas, debido a que la persona cree que, en caso de querer escapar, esto le resultaría difícil. Además, la persona también cree que, si necesitara ayuda, en caso de ataque de pánico u otros síntomas similares, recibirla sería muy difícil en tales situaciones; por ello, las evita de manera activa. Más allá de la evitación de dichas situaciones, el individuo las teme intensamente.

Por otro lado, en caso de que la persona enfrente las situaciones, lo hace siempre con un acompañante (o incluso amuleto), o resistiendo el miedo o la ansiedad intensa que le produce la situación; es decir, lo pasa realmente mal y es incapaz de afrontar la situación sin sentirse realmente ansioso.

Prevalencia del miedo

Otra característica de la agorafobia es que las situaciones agorafóbicas (es decir, aquellas que se temen), casi siempre causan miedo o ansiedad. Es decir, es algo continuo y constante, no algo que aparece solo de vez en cuando.

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.

-H.P. Lovecraft-

Miedo desproporcionado

Como característica añadida de los síntomas de la agorafobia, remarcar que el miedo que siente la persona es desproporcionado si analizamos el peligro real que plantean las situaciones agorafóbicas. Dicho miedo también es desproporcionado al contexto sociocultural. Esta característica de desproporcionalidad se da en todas las fobias, no solamente en la agorafobia.

El miedo dura mínimo 6 meses

Para poder diagnosticar una agorafobia, según el DSM-5, el miedo, la ansiedad o la evitación debe ser continua, y durar un mínimo de seis meses. Si no se cumple este criterio, no se puede diagnosticar dicho trastorno.

Importante malestar

Como todo trastorno mental, la agorafobia causa un malestar importante (que debe ser clínicamente significativo), o un deterioro en la vida de la persona, ya sea a nivel social, laboral u otro. Es decir, el trastorno interfiere en el funcionamiento diario del paciente, impidiendo que pueda seguir con su vida normal.

“El malestar es parte de mi plan maestro”.

-Jonathan Lethem-

Miedo excesivo

En el caso de que exista otra afección médica de base, u otro trastorno mental, el miedo, la ansiedad o la evitación del paciente es claramente excesiva. Es decir, los síntomas que siente la persona no se pueden explicar por otra afección, sino que es la propia agorafobia la que los explicaría.

Hombre con crisis de ansiedad

Más allá de los síntomas de la agorafobia

Hemos visto los síntomas de la agorafobia y cómo pueden interferir en la vida de la persona. Pero, ¿qué más sabemos sobre este trastorno de ansiedad? Sabemos, por ejemplo, que además de darse más en mujeres que en hombres, en éstas existe una mayor gravedad y comorbilidad psiquiátrica, según un estudio de Gómez Ayala (2012). Además, en el sexo femenino, la carga genética es mayor que la carga ambiental. En este sentido, cuanto antes aparezca el trastorno, mayor será la carga genética y peor la evolución.

¿Un trastorno crónico?

Por lo general, la agorafobia tiene un carácter crónico; sin embargo, su intensidad puede variar mucho a lo largo de la vida de la persona. Por otro lado, que se trate generalmente de un trastorno crónico, no quiere decir que no se pueda tratar. Es más, la psicoterapia es una de las mejores opciones para tratar casos de agorafobia. A veces, este tipo de intervención se combina con fármacos (siempre prescritos por médicos especialistas).

Asociación con el trastorno de pánico

Según el estudio de Gómez Ayala (2012) mencionado, la agorafobia es un trastorno que se asocia frecuentemente con el trastorno de pánico; concretamente, el 75 % de las personas que sufre agorafobia, padece también trastorno de pánico. Recordemos que el trastorno de pánico se caracteriza principalmente por la aparición de dos o más ataques de pánico imprevistos, sumados a inquietud o preocupación por la posibilidad de otros ataques de pánico.

  • American Psychiatric Association (2014), Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.), Arlington: American Psychiatric Publishing.
  • Gómez Ayala, A.E. (2012). Agorafobia y crisis de pánico. Farmacia Profesional, 26(6): 32-39.
  • Jacobson, K. (2004). Agoraphobia and Hypochondria as Disorders of Dwelling. International Studies in Philosophy. 36 (2): 31–44.