Slow Life, otra manera de ser feliz

25 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
¿Cuántas veces has sentido que te gustaría poner la vida en pausa para disfrutar del momento? Sabemos que no se puede hacer, pero existe un modo de vivir que promueve una forma de vida centrada en el presente. Conoce el slow living.
 

¿Cuántas veces nos hemos visto atrapados en el torbellino que se crea por lo rápido que va el mundo? Diría que muchas más de las que nos gustaría a casi todos. Vivir a ritmo de vértigo provoca que nos perdamos momentos, matices, sensaciones, detalles… Detalles que muchas veces marcan la diferencia.

En los años 80 surgió el movimiento slow living o vivir lento y cada vez son más los que han optado por seguir esta filosofía de vida. ¿En qué consiste este movimiento y qué beneficios puede aportarnos? Sigue leyendo para conocer más sobre esta tendencia.

Desgraciadamente, en nuestra cultura, la palabra «lento» puede tener connotaciones negativas, equiparándolo a términos como vago u holgazán. Intentemos romper esta asociación. Vivir lento no significa vivir mal ni vivir de manera irresponsable, significa vivir prestando atención al momento presente, disfrutando de cada momento.

Vivimos rápido, muy rápido y no nos damos cuenta. No es casualidad que el 7, 36 % de la población española padezca ansiedad crónica. El 53 % de las personas que sufren estrés acaban desarrollando trastornos emocionales como ansiedad o depresión. Esto ocurre porque cuando queremos darnos cuenta de lo mal que estamos, ya es tarde.

«No existe el orden en el mundo que nos rodea, debemos adaptarnos al caos».

-Kurt Vonnegut-

Mujer con ansiedad
 

Vivir a un ritmo frenético tiene consecuencias

Conforme vamos creciendo, aprendemos lo que es la prisa y a vivir con ella por bandera. Aprendemos a correr para llegar al cole y a entrar corriendo del patio para no llegar tarde a clase. A salir corriendo para las actividades extraescolares y a salir aún más rápido de estas para llegar a casa a hacer los deberes. También corriendo. Ducha express, cena a dos carrillos y a la cama, que mañana toca más de lo mismo.

Lo mismo ocurre al llegar a la Universidad y al incorporarnos al mundo laboral. Nos preparamos para que la vida se convierta en «eso que pasa mientras echamos horas y horas en el trabajo». Trabajo al que llegamos corriendo y del que salimos de la misma manera porque, seguramente, haya algo esperando en casa, ya sea una familia a la que atender, unos informes que terminar o una colada que tender.

¿Habéis oído hablar del síndrome de la rana hervida? Puede ayudarnos a explicar la razón por la que consideramos normal tener algo de estrés. Si metiéramos una rana en una cacerola de agua hirviendo, la rana saltaría constantemente en un intento por escapar.

Sin embargo, si metemos la rana en agua a temperatura ambiente, aumentando progresivamente la temperatura, la rana irá adaptando su temperatura corporal conforme se calienta el agua y acabará muriendo hervida, pero sin darse cuenta.

Suena duro, pero a nosotros nos ocurre algo parecido. Desde pequeños nos vemos inmersos en un mundo y en una sociedad en la que absolutamente todo marcha a ritmo «antinaturalmente» rápido. Pero vamos adaptándonos, como la rana, con el paso de los años a algo que acaba pareciéndonos normal.

 

Lo más preocupante es que puede que hasta lleguemos a considerar que estar estresado es positivo, porque sin ese estrés nos aburrimos. Te suena, ¿verdad? Cuando nos damos cuenta de cómo nos está afectando vivir en modo sprint, es tarde y ya tenemos problemas graves.

«La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes».

-Allen Saunders-

¿Qué propone la filosofía slow life y qué beneficios aporta?

El movimiento lento engloba casi todos los ámbitos de la vida, desde la alimentación (slow food, origen de todo) hasta el sexo o la educación, pasando por aspectos como el ejercicio, el ocio, los viajes, la moda y, por supuesto, el trabajo.

Se nos invita a comer productos naturales practicando el mindful eating, a utilizar la tecnología de manera racional y práctica, a favorecer el pequeño comercio local, a romper el ciclo comprar-usar-tirar de la ropa (y romper con lo que ello implica en los países productores).

Este modo de vida promueve vivir con calma. Esto te permite disfrutar de las cosas y prestarles la atención que se merecen. ¿Qué se valora más? ¿Hacer algo rápido y regular o dedicarle más tiempo, pero poniendo en ello toda nuestra consciencia?

A nivel teórico es fácil, lo sé. Por eso el movimiento slow living da una serie de recomendaciones sobre como empezar a ser un «vividor lento». Lo primero: ten paciencia. Nadie cambia todo un sistema de vida en un día.

Chica con los ojos cerrados
 

Sumérgete en el slow living

Levántate unos minutos antes. ¡Te va a compensar! Dúchate y desayuna con calma, evita llegar ahogado al trabajo o lugar de estudio. Y si puedes, acude caminando, prestando atención al paseo. Si no, olvídate del móvil en el transporte público.

Vive con menos. Huye del consumismo, compra lo que necesites. Seguramente, si paras un momento y miras alrededor, te des cuenta de que no necesitas más, sino menos. Puedes poner en práctica la regla de los 7 días: cuando quieras comprar algo que crees que necesitas, espera este tiempo y, una vez pasado, si lo sigues necesitando, cómpralo. Este tiempo te habrá dado también la oportunidad de valorar otras opciones y comparar precios para comprar mejor.

Vive y disfruta del presente. Vivimos atormentados por un pasado que no podemos cambiar. Y tememos un futuro que no tenemos certeza alguna de que será como imaginamos. Por eso, el presente es lo único que tenemos y, por ello, no deberíamos dejarlo pasar. Esta forma de vida invita a la meditación y a la práctica de yoga y otras disciplinas que favorecen la conexión mente-cuerpo y cuyo lema es «aquí y ahora».

Esfuérzate cada día por hacer algo bueno por alguien. En contra de lo que podamos pensar, este hecho puede ser incluso más positivo para nosotros mismos que para la persona receptora del buen gesto. Poco a poco te saldrá automático.

Forma parte de un grupo o comunidad. Voluntariado, deporte de equipo, viajes… Somos seres sociales y, como estudió Tajfel, la identidad social está determinada por la pertenencia a determinados grupos. Además, el autoconcepto está condicionado por la significación emocional y la valoración que hagamos de pertenecer a según qué grupos.

 

Elabora un diario de gratitud. Dedica un rato al día a escribir tres aspectos positivos del día. Pueden ser acciones, pensamientos, sentimientos o acontecimientos. Puede que al principio te sorprenda no ser capaz de sacar tres cosas positivas. Poco a poco aprenderás a apreciar las pequeñas cosas y a ser capaz de generarlas tú mismo.

Parece una algo sin importancia, pero escríbelo. Los pensamientos acaban desplazados por otros que consideramos más importantes. Escribirlo es una forma de hacerlos presentes e incluso poder recurrir a ellos algún día que veamos que no sale el sol. Esta técnica se trabaja con pacientes con síntomas depresivos y siempre se sorprenden de lo beneficioso que resulta cambiar el chip. ¡Confía y pruébalo!

Desconecta. Esto es lo más difícil. Pon el móvil en silencio, sal a la calle sin él, apágalo si eres capaz. No te imaginas cómo sienta no ser un esclavo de la tecnología.

«La felicidad no está en otro lugar, sino en este lugar; no en otra hora, sino en esta hora».

-Walt Whitman-

¿Cómo voy a practicar el slow life en una ciudad?

Como verás, es bastante fácil llevar a cabo las pautas anteriores en casi cualquier lugar. Pero la cosa no queda ahí… Por increíble e imposible que parezca, existen ciudades slow (cittaslow) en todo el planeta.

Son ciudades en las que la gente disfruta de paseos, de charlas… En España en concreto hay 10 municipios en distintas ciudades que promueven el movimiento slow:

 
  • Balmaseda (Vizcaya)
  • Leikeito (Vizcaya)
  • Mungía (Vizcaya)
  • Begues (Barcelona)
  • Begur (Gerona)
  • Pals (Gerona)
  • Bubión (Granada)
  • La Orotava (Santa Cruz de Tenerife)
  • Morella (Valencia)
  • Rubielos de Mora (Aragón)

Estas ciudades promueven el turismo lento, respetuoso y con bajo impacto sobre el medio ambiente. Se promueven actividades turísticas respetuosas con el medio natural, cultural y social, y con los valores de una comunidad.

Begur
Begur (Gerona)

¿Cómo nació este movimiento?

Este movimiento nació en 1986, en Italia, promovido por Carlo Petrini, por su espanto al encontrar un McDonald’s en la Plaza de España de Roma.

Lideró el movimiento contra la comida rápida y fundo la filosofía slow food con la que buscaba proteger las tradiciones culinarias locales, sus productos y el placer gastronómico. A partir del movimiento slow food se fueron desarrollando el resto, hasta haberse convertido en una filosofía de vida al completo.

Reflexión personal

He tenido la inmensa suerte de conocer algunas ciudades del sudeste asiático y una de las primeras cosas que me llamó la atención fue la calma con la que se toman la vida. No hay rincón en el que no veas a una persona echándose una cabezada. Encima de su moto, en unas escaleras de la calle, en un parque o encima de una vaca.

 

Empiezan la vida muy pronto, la mayoría vive de manera humilde y me atrevería a decir que jamás te faltará una sonrisa suya o un gesto de ayuda. Además, sobre todo en aquellos países de religión budista, está más que extendida la práctica de la meditación. Ellos sí que son auténticos expertos en slow life. Y qué envidia, ¿no?