Sonambulismo y estrés, ¿cómo se relacionan?

Las emociones intensas, como la ansiedad y el estrés, suelen estar detrás de los fenómenos de sonambulismo. Hemos redactado este artículo para que conozcas un poco más esta asociación.
Sonambulismo y estrés, ¿cómo se relacionan?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 18 agosto, 2021.

Última actualización: 18 agosto, 2021

Sonambulismo y estrés evidencian una relación muy estrecha. Este trastorno de la vigilia es más común en niños; sin embargo, también los adultos los experimentan en diversas etapas vitales. Factores, como el agotamiento, el insomnio, los problemas de salud y, sobre todo, los factores emocionales, son los desencadenantes más comunes.

Lo cierto es que esta relación no ha sido muy estudiada por la ciencia hasta hace muy poco. Ahora sabemos que los procesos de estrés y ansiedad elevan la aparición de las parasomnias. Así, todo aquel que sufra o haya sufrido de sonambulismo entre los 20 y los 50 años solo tiene que preguntarse algo muy concreto.

¿Tenía alguna preocupación en esos instantes? ¿Había algo que turbaba mi calma psicológica? Por término medio, el factor emocional correlaciona de manera muy significativa con lo que los neurólogos denominan “trastorno de la excitación del sueño no REM”. Lo analizamos.

El sonambulismo puede tener diversos orígenes, como el genético, el emocional y también el asociado a los efectos secundarios de algunas medicaciones como el zolpidem.

hombre que sufre Sonambulismo y estrés

Sonambulismo y estrés ¿cómo se relacionan?

Por lo general, se estima que el sonambulismo es una experiencia frecuente entre niños de 3 y 13 años. Llegada esta edad su incidencia se reduce y se adquiere ya un descanso más profundo y maduro. No obstante, eso no quiere decir que llegada la edad adulta nos libremos por completo de esta parasomnia.

No lo haremos —del todo— por varias razones. La primera es que, tal y como nos revela un estudio de la Universidad de Helsinki (Finlandia) estamos ante una condición genética. Es común que grupos de hermanos lo padezcan y que lo hayan heredado a su vez, de algún progenitor. Por otro lado, existe un hecho llamativo.

Hay personas que no habiendo experimentado nunca ningún episodio de sonambulismo en la infancia, lo hacen en la edad adulta. El estrés vital alto, como la pérdida de empleo, una ruptura afectiva o la pérdida de algún ser querido puede activar esos mecanismos neuronales que rigen dicha experiencia.

Las parasomnias y los trastornos emocionales

Denominamos parasomnia al trastorno de la conducta que surge durante el sueño y que cursa con despertares repentinos. Así, en esta etiqueta diagnóstica entran los despertares confusionales, los terrores nocturnos y los episodios de sonambulismo. Si bien es cierto que, quien vivencia este último fenómeno no termina de despertar como tal, sí se encuentra en esa débil frontera entre el sueño y la vigilia.

Libros como los publicados por el profesor de la Universidad de Valencia (España) Mariano Chóliz, Ansiedad y trastornos del sueño, nos señalan algo destacable. La variable sonambulismo y estrés aparece con mayor frecuencia en la edad adulta. Suele volver a surgir en edades comprendidas entre los 20-50 años.

Aún más, trabajos de investigación como los realizados en la Universidad China de Hong Kong, el sonambulismo es común en personas con problemas psiquiátricos. Lo complejo es que a veces, los propios medicamentos para tratar estados elevados de ansiedad e insomnio, como el zolpidem, también elevan la fluencia de estas parasomnias.

Sonambulismo y estrés postraumático

El estrés postraumático es una condición psicológica ocasionada tras una vivencia de gran impacto emocional. Haber sufrido maltratos, abusos sexuales, haber presenciado o vivido en piel propia un evento violento o más aún, padecer la pérdida repentina de un ser amado, edifica las bases de este trastorno.

En estos casos, sonambulismo y estrés postraumático también edifican una relación significativa. La sintomatología es muy amplia en estas realidades clínicas y una de esas manifestaciones son las parasomnias. Es común padecer desde terrores nocturnos hasta episodios de sonambulismo. Aunque en estos casos, se acompañan de una gran intensidad emocional, puesto que es común revivir el hecho traumático durante el sueño.

El factor “miedo” y las alteraciones del sueño

Sabemos que sonambulismo y estrés son a veces la cara de una misma moneda. Sin embargo, es importante realizar una pequeña apreciación. Esta parasomnia surge sobre todo en épocas de alta intensidad emocional. El miedo, las situaciones altamente estresantes y la ansiedad suelen los desencadenantes más habituales.

Sentirnos amenazados, experimentar una elevada incertidumbre, recordar algo impactante que hemos visto o sentido… Todo ello deja una impronta en nuestro cerebro que eleva los episodios de sonambulismo. Ese componente emocional provoca que surja una alteración durante la etapa IV del sueño no MOR, instante en el cual, la persona puede levantarse durante la noche estando dormido.

Hombre preocupado porque sufre Sonambulismo y estrés

¿Cómo reducir este tipo de parasomnias?

No hay tratamientos para las parasomnias. Sabemos que en los niños el sonambulismo desaparece con el tiempo y que en adultos lo esencial es identificar los desencadenantes que lo ocasionan. Por tanto, es importante destacar que, cuando una persona experimenta estas experiencias, por lo general, lo más probable es que esté atravesando un momento vital estresante.

¿Qué podemos hacer en estos casos? Estas serían algunas claves:

  • Identificar problemas de salud preexistentes.
  • Identificar estresantes que ocasionen esos problemas del descanso nocturno.
  • Comprobar qué tipo de medicación sigue la persona. Hay fármacos que ocasionan sonambulismo.
  • Aprender técnicas de higiene del descanso nocturno. La terapia cognitivo-conductual para los problemas del sueño, por ejemplo, es muy efectiva en estos casos.

Para concluir, puesto que sonambulismo y estrés guardan una relación significativa, no dudemos en solicitar ayuda experta. Si tratamos los desencadenantes ganaremos en calidad de vida y bienestar.

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