¿Sufres adicción a la angustia?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 13 diciembre, 2018
Raquel Lemos Rodríguez · 13 diciembre, 2018
Si tu infancia estuvo repleta de situaciones de drama estresantes y angustiosas, es muy posible que en la edad adulta hayas experimentado lo que se conoce como adicción a la angustia.

¿Sientes que te aburres en tu relación de pareja? ¿Cuándo todo va bien haces lo imposible por autosabotearla? Si has respondido que «sí» a estas dos preguntas es posible que sufras adicción a la angustia. Aunque, para confirmarlo, debemos revisar tu historia familiar.

Muchas personas escogen parejas que les hacen mucho daño. Sin embargo, cuando encuentran todo lo contrario, se aburren. Esta dicotomía no es para nada absurda. Puede tener explicación en nuestra más tierna infancia donde nuestro primer modelo de relación, el de nuestros padres, ha estado lleno de infidelidades, gritos, estrés y mucho drama.

De una forma completamente inconsciente, en el momento en el que escogemos pareja ese modelo de relación que hemos tenido y todo lo vivido durante nuestra infancia explica la razón por la que nos fijamos en algunas personas y no en otras. ¿A quién escogeremos de pareja si sufrimos adicción a la angustia?

En búsqueda del drama

Niño llorando

Si sufrimos adicción a la angustia, esto significa que la relación que tuvieron nuestros padres fue bastante tormentosa o, al menos, nosotros lo experimentamos así. Lo que sí está claro es que en ella había mucho drama.

Lo más seguro es que fueran dos personas inmaduras emocionalmente que no supieron ver que el estrés y la ansiedad impregnaban todo el espacio en el que nosotros también estábamos. ¿Teníamos miedo a que se peleasen? ¿Nos utilizaban para ponernos en contra del otro? ¿Había actitudes pasivo-agresivas entre ellos?

A pesar de todo esto, nosotros queríamos a nuestros padres. De hecho, puede que incluso aunque uno de ellos se comportase mal, el otro cónyuge nos dijese por ejemplo «hay que querer a papá, en el fondo es bueno». Esto fue lo que desde pequeños empezamos a entender que era el amor; por eso, cuando encontramos a alguien así, le queremos.

«Toda forma de adicción es mala».

-Carl Gustav Jung-

El mecanismo de refuerzo-recompensa

Cuando nacemos en el tipo de familias que estamos describiendo, se crea un mecanismo de refuerzo-recompensa en donde la ansiedad, la angustia y la adrenalina están presentes cuando nuestros padres se pelean, se gritan o se produce una situación de maltrato.

Sin embargo, en contraposición está la tranquilidad y el bienestar de cuando todo está bien. Esto provoca una serie de secreciones de serotonina y dopamina que hacen que desarrollemos adicción a la angustia.

La adicción a la angustia y el aburrimiento

El problema de cuando sufrimos adicción a la angustia es que cuando nos encontramos con alguien que nos quiere y que nos trata bien nos aburrimos. Entonces pensamos que no queremos a esa persona de verdad y la dejamos o le somos infieles.

Esto es un error, ¿realmente no la queremos de verdad? La mayoría de las veces esto no es cierto. Sí queremos a esa persona, pero como identificamos el amor con otra cosa, consideramos que el aburrimiento es una señal de que no lo es.

Muchas personas con adicción a la angustia asocian amor con chutes de adrenalina constantes, no con tranquilidad e, incluso, aburrimiento. Por eso, muchas veces, se enfadan sin motivo, son infieles o se inventan cualquier cosa para que la relación tenga esa adrenalina a la que han estado tan expuestos desde pequeños.

Sin duda, esto es un gran problema que impide tener relaciones sanas en las que haya bienestar. No obstante, aunque parezca muy difícil salir de la adicción a la angustia, con la ayuda necesaria se puede lograr.

La adicción a la angustia puede hacer que dejemos relaciones buenas para buscar otras que nos sumergirán en una montaña rusa emocional.

Mujer llorando por desamor

Toma de conciencia

La adicción a la angustia es eso, una adicción. Por eso, tomar conciencia, ver la situación desde otras perspectivas y contar con la ayuda de un psicólogo nos ayudará a darnos cuenta de cuándo estamos cayendo en nuestra propia trampa.

Cuando estemos con una persona y sintamos que nos aburramos, si somos conscientes de que esto es una trampa, sabremos no tomar la decisión precipitada de dejar la relación, de huir o de abandonar a esa persona por otra que sí nos dé esa adrenalina, estrés y malestar al que estamos enganchados.

Las adicciones son difíciles de dejar, pero no imposibles. Muchas personas están sumergidas en relaciones de drama que no les hacen felices. Relaciones donde las mentiras, las infidelidades y la manipulación están diariamente presentes para no dejar espacio a la tranquilidad y la calma.

Si nuestra infancia fue muy angustiosa, es normal desarrollar esta adicción. Sin embargo, esa concepción tan dañina que tenemos del amor podemos desprogramarla. Eso sí, siempre con ayuda profesional.

  • Becoña Iglesias, E., & Cortés Tomás, M. (2016). Manual de adicciones para psicólogos especialistas en psicología clínica en formación.
  • Cuervo Martínez, Á. (2010). Pautas de crianza y desarrollo socioafectivo en la infancia. Diversitas: Perspectivas en psicología6(1).
  • Newman, K., Harrison, L., Dashiff, C., & Davies, S. (2008). Relaciones entre los tipos de padres y comportamientos de riesgo en la salud del adolescente: una revisión bibliográfica integrada. Rev. Latino-Am. Enfermagem16(1), 142-150.