“Susto o espanto”, la pérdida repentina del alma

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 septiembre, 2018
Raquel Aldana · 25 septiembre, 2018

De repente, sin saber cómo, hay personas que sienten que pierden su alma. El origen habitualmente está en un “susto o espanto” de origen variable que genera una sensación displacentera que cabalga entre el temor y la sorpresa. Algo repentino que desalienta y ocasiona que la persona sienta que el corazón le da un vuelco.

Todos conocemos la sensación que se tiene cuando una circunstancia concreta nos hace sentir que la vida puede correr peligro o verse amenazada. Esa percepción es habitualmente real; sin embargo, en otros momentos puede estar determinada por la sugestión y, realmente, la vida no peligra.

Sin embargo, hay personas que como respuesta a ciertas situaciones, sienten que tras el “susto o espanto” el alma sale de su cuerpo, generando gran infelicidad y provocando una sintomatología diversa que analizaremos a continuación.

Mujer asustada

La definición de “susto o espanto” de los sistemas diagnósticos

El DSM-5 define el susto como ‘una explicación cultural del malestar y el infortunio prevalente entre algunos latinos de Estados Unidos y en personas de México, Centroamérica y Sudamérica. No se reconoce como enfermedad entre los latinos caribeños. El susto es una enfermedad atribuida a un suceso que asusta y hace que el alma abandone el cuerpo, dando como resultado infelicidad y enfermedad, además de dificultades para desempeñar los papeles sociales clave´.

Tal y como informa el sistema diagnóstico, los síntomas pueden aparecer en cualquier momento desde días hasta años después de sufrir el suceso que le asusto. En los casos extremos, el “susto o espanto” puede incluso producir la muerte.

Así, aunque no hay síntomas específicos que definan este infortunio denominado “susto o espanto”, la sintomatología que suele referirse por parte de estas personas son:

  • Alteraciones del apetito.
  • Sueño inadecuado o excesivo, sueño turbado o sueños.
  • Sentimientos de tristeza.
  • Baja autoestima.
  • Sensibilidad interpersonal.
  • Falta de motivación para hacer nada.
  • En cuanto a la sintomatología somática, los síntomas que acompañan al susto pueden ser molestias y dolores musculares, frío en las extremidades, palidez, cefalea, dolor abdominal y diarrea.

Mujer con miedo a la soledad mirándose a un espejo

El origen y la tipología del “susto o espanto”

El origen o, lo que es lo mismo, los acontecimientos que precipitan esta condición son diversos. Generalmente incluyen fenómenos naturales, animales, situaciones interpersonales y entes sobrenaturales, entre otros.

Asimismo, el DSM-5 ha identificado tres tipos sindrómicos de “susto o espanto” (denominado cibih en la lengua zapoteca local), y cada uno de ellos tiene relaciones diferentes con los diagnósticos psiquiátricos.

  • Un susto interpersonal, caracterizado por  sentimientos de pérdida, abandono y no ser querido por la familia, con síntoma acompañantes de tristeza, mala imagen de sí mismo e ideación suicida, parece estrechamente relacionado con el trastorno de depresión mayor.
  • Cuando el susto es el resultado de un acontecimiento traumático que jugó un papel fundamental en la conformación de los síntomas y en el procesamiento emocional de la experiencia, parece más apropiado el diagnóstico de trastorno de estrés postraumático.
  • El susto caracterizado por varios síntomas somáticos recurrentes -para los que la persona ha buscado la asistencia sanitaria de varios médicos- se considera similar a un trastorno de síntomas somáticos.

Esta condición supone un sufrimiento verdaderamente intenso para las personas afectadas. Las distintas culturas que lo han documentado atribuyen componentes mágicos a su aparición. Así, es curioso cómo los tzotziles hacen tres diferenciaciones ante un suceso de este tipo (Castaldo, 2004):

  • Xi-el: no se pierde el alma.
  • Komel: es el espanto por una caída; se pierde el alma y la captura la tierra.
  • Ch’ ulelal: se pierde el alma y no se conoce su paradero; puede estar en el cielo, en el mundo, en otro pueblo o vendida.

Este fenómeno no es homogéneo y, desde luego, requiere mayor investigación y consideración por la comunidad científica. Eso sí, el susto o espanto requiere ser estudiado atendiendo a su contexto, pues no nos podemos olvidar del fuerte componente cultural que lo define.

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Editorial Médica Panamericana. ISBN 9788498358100. Castaldo, M. (2004). Susto o espanto. En torno a la complejidad del fenómeno. Dimensión Antropológica, 11, 32