Swallow: retrato íntimo de un trastorno

21 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
Swallow es el retrato de un trastorno, pero también de la intimidad. Un filme que se atreve a meter el dedo en la llaga y a dignificar una enfermedad que apenas ha sido explorada por el cine más comercial.

El cine, en incontables ocasiones, se ha hecho eco de diversos trastornos y enfermedades. Ya sea con la intención de causar terror o con la de sensibilizar al espectador, tenemos una lista infinita de títulos que nos hablan de esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, anorexia y un largo etcétera. Sin embargo, hay trastornos que apenas han tenido repercusión y resultan igualmente interesantes; Swallow es un filme que aborda sin tapujos, pero con elegancia, uno de estos males olvidados.

Dirigida por Carlo Mirabella-Davis y protagonizada por una excepcional Haley Bennett, Swallow construye un retrato íntimo y dramático de una mujer que termina desarrollando una obsesión bastante peculiar, la de ingerir objetos no comestibles.

Esta enfermedad, también conocida como pica, se agrupa dentro de los trastornos de conducta alimentaria y consiste en el deseo de ingerir objetos o elementos que no son alimentos. Ya sea tierra, objetos punzantes o cualquier elemento que no se corresponda a un alimento.

Swallow, más allá de hablar acerca de un trastorno enormemente silenciado, nos sumerge en una historia devastadora y nos invita a profundizar en los motivos que llevan a su protagonista a desarrollar tal obsesión. Lejos de mostrarnos imágenes incómodas o aterrorizarnos, el filme trata con delicadeza el asunto, indagando en el origen del problema de la protagonista.

La película, estrenada este mismo año, formó parte del Festival de Sitges, en el que su creador hizo hincapié en lo emotivo y entrañable de la historia, pues está inspirada en su propia abuela.

Empatizando con la obsesión

Si pensamos en una persona ingiriendo objetos punzantes, seguramente se nos vendrán a la cabeza un sinfín de imágenes desagradables y que rozan lo escatológico. Por ello, tras leer la sinopsis de Swallow, muchos de nosotros no sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, pero el resultado fue un filme plagado de belleza, conmovedor y absolutamente respetuoso.

No es fácil abordar un trastorno tan complejo y olvidado, tampoco es fácil lograr que el público empatice totalmente con un personaje. La complejidad de nuestra mente y el tabú que suponen determinadas enfermedades (todavía en la actualidad) tampoco facilitan mucho las cosas. Pero Mirabella-Davis logra dar en el clavo, logra que el espectador se ponga en la piel de su protagonista y comprenda los motivos que la llevan a desarrollar tal obsesión.

Swallow sigue la historia de Hunter, interpretada por una magnífica Haley Bennett, una joven que acaba de contraer matrimonio con el que parece ser el hombre perfecto. Un hombre adinerado y de buena posición social con el que está a punto de tener un hijo.

Pese a ello, ya desde los primeros minutos de metraje, advertimos una ausencia total de las amistades y los familiares de Hunter, mientras la familia y los amigos de su esposo parecen tener un rol relevante en sus vidas.

Muy poco a poco, vamos descubriendo un poco más acerca de Hunter. Vemos en ella a una ama de casa que, aunque en edad contemporánea, parece amoldarse perfectamente a los roles de género que imperaban en los años 50. Una mujer que ha dejado su trabajo, su independencia y se dedica a las tareas domésticas.

Tampoco parece tener un carácter fuerte o una opinión determinante, sino que se mantiene siempre a la sombra de su marido. En definitiva, una mujer que parece haber sido anulada y que carece de toda motivación. El maltrato, además, no siempre se encuentra acompañado de violencia física.

Por otro lado, la imagen del marido encantador se va desmoronando cada vez que comparten escena; tras la imagen de hombre atractivo y triunfador se esconde alguien absolutamente controlador.

En un primer momento, Hunter nos resultará extraña, sentimos la necesidad de decirle que abra los ojos, que se aleje de ese entorno y tome las riendas de su vida. Vemos cómo el embarazo comienza a afectarle y, tras recibir un libro de autoayuda como regalo, decide hacer algo inesperado: ingerir una canica.

¿Está Hunter volviéndose loca? ¿Es el aburrimiento del hogar lo que la lleva a tomar ese tipo de decisiones? Infinidad de preguntas irrumpirán en nuestra mente tratando de comprender por qué Hunter actúa de esa manera. Pero el cineasta está decidido a implicarnos en su historia, a mostrarnos qué motivos la llevan a adoptar esa conducta.

Swallow: elegante y bella

El uso del color, la puesta en escena y la brillante interpretación de su protagonista nos invitan a quedarnos, a sumergirnos de lleno en la historia de Hunter. Pronto descubriremos, gracias a la ayuda de su psicóloga, que tras su enfermedad, se esconde mucho más. Un pasado oscuro, plagado de carencias afectivas e inestabilidad que lleva a la protagonista a convertirse en una víctima del mismo.

Nunca sabemos hasta qué punto un trauma puede herir o aparecer en el momento más inesperado. Lo interesante es que, a pesar de la complejidad de su enfermedad, podemos sentirnos identificados con Hunter en algunos momentos. Y es que Swallow se caracteriza por la naturalidad, por un gran acierto en mostrar cómo somos realmente cuando estamos solos, cuando creemos que nadie nos ve.

Hunter se sumerge en una espiral sin fin, la pica se adueña de ella, pero nosotros, como espectadores, no la vemos como una extraña, sino que terminamos comprendiendo su actitud.

Mujer con abono

La intimidad es algo completamente difícil de retratar, totalmente complejo; resulta casi imposible verbalizarla y, seguramente, muchos de nosotros jamás contaríamos lo que hacemos cuando estamos a solas. Swallow retrata a la perfección esa intimidad, esos momentos en los que somos nosotros mismos, en los que no existe mirada ajena que juzgue y en los que Hunter se deja llevar por su obsesión.

Hunter es una mujer frágil e insegura que alberga un pasado traumático que termina por desembocar en un problema para su propia salud. Casi percibimos el vacío que siente, sus carencias, y logramos comprender el porqué de su obsesión.

Asistimos incluso a un ataque de ansiedad de lo más realista, en el que más de uno podrá ver su reflejo… Todo ello para desembocar en un final que nos alivia y termina por hacernos partícipes de esa intimidad que ha estado tan presente y que todos nosotros vivimos día a día.

El poder de sus imágenes y la interpretación de la protagonista resultan claves en un filme que rebosa elegancia y dignifica a todas aquellas personas que, por una razón u otra, pueden sucumbir en una enfermedad, trastorno o inseguridad.