Tal vez extrañe a algunas personas pero no las quiero de vuelta

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 5 octubre, 2018
Raquel Aldana · 12 abril, 2016

“Tal vez extrañe y recuerde a algunas personas pero no las quiero de vuelta”. Este sentimiento es compartido de manera habitual entre quienes hemos recorrido parte de nuestro camino vital con personas con las que hemos creado relaciones disfuncionales.

Al fin y al cabo, una relación disfuncional resulta negativa y destructiva para nuestra evolución y desarrollo (o sea que es o fue emocional, cognitiva y conductualmente inadecuada). Puede que nos resulte difícil identificar cómo ha afectado a nuestra vida y puede que aunque seamos capaces de verlo no nos quede demasiado claro en qué punto fallan (o fallaron) nuestros intercambios.

¿Conocéis esa sensación? De repente recuerdas a esa persona, quizás incluso tienes ganas de contactar con ella, de saber cómo le va y de “recuperar” algún instante o sentimiento que esa relación te generaba. Sin embargo te contienes, pues saber que en realidad nada positivo puede aportarte en tu vida en ese momento. Ni siquiera hay algo que te garantice que va ser igual (nunca lo será) o que el tiempo ha ayudado a que lo que fallaba, cambie.

Por eso en este artículo vamos a repasar algunas de estas cuestiones y plantearnos si es normal extrañar y recordar a algunas personas, a pesar de que no las queremos de vuelta… Veamos esto con más detenimiento.

Pétalos de una flor en el suelo

El valor de los recuerdos y de los avisos que nos ofrecen

De vez en cuando nos toca aliviar la desazón que nos produce la ausencia de alguien que en su día quisimos pero que salió de nuestra vida bien porque nosotros le hicimos salir por nuestro bienestar, bien porque la bomba llegó a tal punto que explotó o simplemente porque los caminos se separaron guiados por la inercia vital.

En sí recordar y extrañar no es malo. En primer lugar nos tiene que quedar claro que no todo es blanco o negro y que tenemos una paleta de colores que llenan de matices nuestras relaciones.

O sea que sí, echar de menos pero no querer que algo o alguien esté presente en nuestro día a día es tan normal como saludable. ¿Por qué? Entre muchas razones porque nos ayuda a determinar y a ser conscientes de lo que en realidad nos hace bien.

Puede que recordemos un viejo amor, una amistad anterior o alguien con quien emprendimos una relación que podía haber sido pero no fue. ¿Por qué invalidar nuestros sentimientos y nuestra nostalgia? No hacerlo es el primer paso: recordar y extrañar es perfectamente comprensible.

Mujer soplando un diente de león

Las sensaciones y emociones, un muro de contención saludable

Tal vez esa relación nos aportaba algo que nos resultaba gratificante así que, se materializase o no, es normal que recordemos y extrañemos lo que tuvo bueno. Sin embargo, si ponemos en la balanza lo positivo y lo negativo, a veces se nos inclina a lo segundo, lo cual merece también su reconocimiento.

Es decir que quizás ese punto novedoso de desorden, de energía, de desorganización aportaba a nuestro día a día también algo positivo. Porque de vez en cuando desestructurar nuestros esquemas nos sirven para recomponernos.

Sin embargo, en este punto debemos aludir a que claramente cada persona y cada relación tienen muchas veces su tiempo y su espacio. Esto en sí mismo no es malo, como venimos repitiendo, sino que es natural.

En este sentido hacernos conscientes de que quizás esa persona con la que conectamos en un punto vital determinado hace ciertos años, hoy no resultaría adecuada en nuestra vida, pues nos traería problemas añadidos y quizás pérdidas con las que no nos conviene lidiar.

Las hipotéticas situaciones que podríamos comentar son infinitas y tan variopintas como personas y momentos hay. Así que en este punto os invito a reflexionar y a darle una vuelta de tuerca a esa sensación que nos provoca un recuerdo de una relación o bien dañina o bien lejana.

dedos con flor

Relaciones tóxicas que no lo son, una concepción que salvaguarda nuestros sentimientos

Estamos acostumbrados a otorgar el calificativo de personas tóxicas a aquellas por las que hemos sufrido. Cuando estas personas acuden a nuestro recuerdo nos atormenta pensar que echamos de menos algo negativo (tóxico o venenoso) para nosotros. Sin embargo, como venimos diciendo, hay muchos matices que no se corresponden con esta realidad.

Cada persona y cada relación nos aporta algo, aunque sea algo que hemos aprendido “a las malas”. En relación a esto debemos sumar la consciencia de que cada aprendizaje suma, a pesar de que la relación haya supuesto una resta en algún punto de nuestra vida.

No nos olvidemos de que las personas que nos nutren no solo son aquellas con las que nos quedaríamos para siempre, sino que todo tiene su momento y su lugar para el aporte, aunque sea al cabo del tiempo y a través de los recuerdos.