¿Cómo podemos atender a tantas tareas sin caer en el estrés?

29 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Si deseamos cumplir con todas nuestras tareas pendientes sin caer en el estrés, hemos de hallar el equilibrio entre organización y flexibilidad.

Vivimos en un mundo apresurado, haciendo malabares con las obligaciones que todos nuestros roles traen aparejados. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos lidiamos con la carga mental de todo lo que tenemos que hacer a lo largo de la jornada. Si no logramos organizarnos y gestionar adecuadamente nuestros tiempos es sencillo caer en el estrés.

Y se trata de un tema de suma importancia. Pues el estrés pese a ser una respuesta normal y adaptativa del organismo, solo es adecuada en momentos puntuales para motivarnos a la acción. Los seres humanos no estamos capacitados para soportar periodos extensos de estrés sostenido. Nuestra salud puede verse gravemente afectada cuando esto ocurre.

Para evitar que esto suceda hemos de aprender a tomarnos la vida con calma. Se puede ser igual de eficiente y productivo (o incluso más) sin necesidad de ir apresurados y llenos de tensión. Para ello lo principal es proponernos adoptar una actitud más relajada y, sobre todo, aprender a organizarnos.

¿Cómo atender las tareas sin caer en el estrés?

Prioriza

Es posible que desde que te levantes tu mente entre en ebullición recordando y recopilando todas tus tareas pendientes para el día. Miradas de forma global, sin orden ni concierto, pueden resultar abrumadoras. Por ello es importante priorizar.

Resulta especialmente útil adoptar el hábito de utilizar una agenda. Anota todas las obligaciones que tienes que llevar a cabo ese día y divídelas en tres categorías. Por un lado, marca aquellas obligatorias o urgentes; por ejemplo, ir a trabajar, recoger a los niños del colegio, o asistir a la reunión de la comunidad de vecinos.

A continuación indica cuáles son necesarias pero no imprescindibles de cumplir ese día. En esta categoría podrían entrar actividades como ir a la compra, poner la lavadora o limpiar la casa. Por último selecciona aquellas que te gustaría realizar pero no son necesarias, como ir de tiendas, dar un paseo por el parque o ponerte al día con la serie que tanto te gusta.

Establece horarios para no caer en el estrés

Es importante no solo que tengas plasmado por escrito todo lo que tienes que hacer, sino que designes un horario para cada actividad. Muchas veces por falta de planificación procrastinamos o alargamos algunas tareas más de la cuenta. Esto nos lleva a quedarnos sin tiempo y a tener la sensación de que no hemos aprovechado el día.

Por este efecto varias de nuestros pendientes quedan sin hacer. Y generalmente son las actividades deseables y poco urgentes las que terminamos posponiendo. Sin embargo, no somos robots, somos personas. Necesitamos vivir plenamente y disfrutar del ocio y del tiempo libre, no solo cumplir obligaciones como un autómata.

Por ello pautar un tiempo para cada actividad puede motivarnos a cumplirla de forma más precisa y productiva. Salvaremos de esta manera los espacios destinados para el disfrute y el esparcimiento, pues estarán recogidos en nuestro horario.

Deja un margen para la flexibilidad

Sin duda es beneficioso organizar y planificar nuestro tiempo, pero hemos de evitar caer en la rigidez. La vida es variable e imperfecta y pueden surgir imprevistos que descoloquen nuestra agenda. Lejos de agobiarnos por ello hemos de estar preparados para aceptar el cambio y adaptarnos a él sin colapsar mentalmente.

Se trata, sobre todo, de una cuestión de actitud. No es tan relevante lo que sucede como la forma en que decidimos abordarlo. Si caemos en la queja, la frustración y la rabia por el cambio de planes seguramente nos lleve más tiempo terminar la labor; e, indudablemente, afectará negativamente a nuestro ánimo.

Por otro lado si somos flexibles reajustaremos nuestros planes para dar cabida a este imprevisto sin sentir ira. La aceptación consiste en no luchar contra lo que llega, no resistirse ya que la resistencia incrementa el sufrimiento. Finalmente terminarás haciendo lo mismo, pero en este último caso lo harás con más tranquilidad interior y sin caer en el estrés.

En definitiva, aunque llevemos un estilo de vida frenético hemos de tratar de mantener la calma en nuestro interior. Organización, flexibilidad y, sobre todo, dejar espacio para el ocio el disfrute y la diversión son la clave. El estrés puede ser realmente perjudicial para tu cuerpo y tu mente, toma las medidas necesarias para evitarlo.

  • Cuevas, S. G., & Gutiérrez, E. J. C. (2012). Estrés y salud: investigación básica y aplicada. Editorial El Manual Moderno.
  • Pozen, R. (2000). Productividad extrema. Gestión.