¿Te apegas o te despegas en tus relaciones?

24 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Amar sin depender y sin huir. Vincularse sin temer. Un equilibrio que tiene su origen en el apego establecido en la infancia.

Las relaciones de pareja son el espejo perfecto del modo en que aprendimos a vincularnos de niños. El nivel de intimidad, el grado de compromiso, las expectativas y miedos… Todo está condicionado por el tipo de relación que establecimos en la infancia con nuestros cuidadores principales. Así, tanto si te apegas en exceso a tus parejas como si te muestras esquivo, encontrarás el origen de tus conductas en tus primeros años de vida. 

No hay dos seres humanos iguales y no existen dos relaciones idénticas. Sin embargo, encontramos ciertos patrones de comportamiento que determinan la calidad del vínculo y nos dan una idea del estado emocional de cada individuo.

Si nos fijamos detenidamente, las parejas más felices y estables que conocemos comparten un ingrediente común. Ambos se hallan en un equilibrio entre ser excesivamente “pegajosos” o demasiado “despegados”. Se vinculan desde la interdependencia, el respeto y el amor genuino. No existen miedos ni carencias que empañen la relación.

¿Cómo te apegas?

Esta actitud equilibrada no es producto del azar. Surge como resultado de una crianza adecuada y consciente por parte de los progenitores. Pues, finalmente, la pareja es un reflejo del lazo emocional primario y más importante: el que se establece entre padres e hijos.

Cuando un bebé nace, es un ser completamente indefenso que depende de sus figuras principales de apego para sobrevivir. Ellas son las encargadas de proporcionarle alimento, afecto y seguridad. Así, cuando el niño llora o reclama atención, los padres han de tener la habilidad de atender de una forma consistente las necesidades de este pequeño. En función de su desempeño se establecen distintos tipos de vínculo que marcarán la personalidad y el estilo relacional de la persona cuando crezca.

Apego seguro

Tiene lugar cuando las figuras de apego atienden las necesidades del infante de una forma consistente y adecuada. Son capaces de conectar con él y satisfacer sus demandas. De este modo el niño aprende a sentirse valioso, amado y protegido. Comprende que puede confiar en que tendrá afecto y cuidados cuando lo precise, y de esta forma crece sintiéndose seguro.

Los niños que establecen con sus padres un apego seguro se convierten en adultos con autoestima. Autónomos y capaces de formar relaciones sólidas y significativas con los demás. No temen ni la intimidad ni el abandono. Confían en el amor de su pareja y también en sí mismos.

Apego evitativo

Se produce cuando los progenitores no están disponibles para el bebé, no atienden adecuadamente sus demandas. Sí, le proporcionan los cuidados básicos pero reaccionan a sus emociones con rechazo y desagrado. No las atienden, las ignoran porque no saben cómo actuar ante ellas. Así el niño comprende que para no “ahuyentar” al cuidador del que depende, debe reprimir su expresión emocional.

De adultos serán individuos desconectados de sus sentimientos. No sabrán identificarlos, gestionarlos ni guiarse por ellos. Negarán su presencia y portarán una máscara de seguridad e independencia. En sus relaciones serán incapaces de mostrarse vulnerables y no sabrán reaccionar ante las emociones de sus compañeros. Replicarán el rechazo a las emociones y a la intimidad que vivieron de niños.

Apego ambivalente

En este caso los cuidadores principales muestran un patrón inconsistente: en ocasiones se muestran cálidos y afectuosos y otras hostiles. A veces responden y atienden las demandas del niños y otras no. Esto genera una gran confusión e inseguridad en el infante que aprenderá a no confiar en la disponibilidad del afecto. De adulto se convertirá en una persona ansiosa e insegura cuya prioridad será asegurarse el amor de su pareja.

Son personas muy dependientes que padecen un gran sufrimiento pues nunca logran sentirse seguras respecto a los sentimientos y la disponibilidad de sus compañeros. Necesitan y anhelan la intimidad desesperadamente y sienten un gran miedo al abandono

¿Te apegas o te despegas?

En definitiva, si no logras establecer relaciones saludables probablemente se deba a que tú o tu compañero os encontráis en una de las dos últimas situaciones. Resulta igualmente insano necesitar la conexión emocional que huir de ella. Es igualmente improductivo depender del otro que sentir pánico ante la idea de compartir intimidad.

Por ello analiza cómo te apegas, examina tus conductas y temores a la luz de tu infancia. Y, si es necesario, sana la relación primaria con tus padres. Solo así lograrás relacionarte desde un apego seguro.

  • Palacios, J. R. P., & Álvarez, M. P. S. (2006). Apego adulto: los modelos operantes internos y la teoría de la mente. Terapia psicológica24(2), 201-209.
  • Riso, W. (2003). Amar o depender?: cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Editorial Norma.