Tengo tanta prisa que no puedo parar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 noviembre, 2015
Leonor Casalins · 13 mayo, 2014

Vivimos tan deprisa, parecemos tan esclavos del tiempo que en ocasiones se nos olvida vivir. Muchas veces, quizá la vida es eso que se nos escapa de las manos mientras estamos ocupados haciendo otras cosas  menos importantes que las que estamos dejando de lado: sueños e ilusiones aplazadas ¿A qué precio?

Corremos para intentar llegar a tiempo al trabajo, para recoger a los niños, para quedarnos dormidos… Parece que lo único que sabemos hacer con certeza es correr. Pero, ¿Seríamos capaces de contestar a la pregunta: ¿Hacia dónde corremos?

Es tan importante correr que los jubilados, para que no se note que no tienen prisa y tienen todo el tiempo del mundo para ellos, también dan muestras de esa prisa que parece sinónimo de importancia.

Las personas relevantes están ocupadas, tienen muchas cosas que hacer, siempre están corriendo de un lugar a otro, atendiendo a múltiples llamadas de teléfono, mensajes, whatsapps…

Es como si vivir fuera un gran torbellino que nos arrastra de forma imperiosa y quien está fuera de esta gran rueda, no es nada, no es nadie.

Correr hacia el futuro, a los nuevos planes, a los requerimientos de seguir corriendo.

 

Pero, ¿A dónde vamos? y ¿Dónde estamos?

En ocasiones, por correr tanto, nos perdemos lo que tenemos cerca, tanto las cosas como las personas. Pasamos como “elefante por cacharrería”, destrozando todo a nuestro paso, arrasando, porque lo verdaderamente importante es lo que está por llegar.

Desde estas letras, y sin interés de molestaros en vuestra carrera, os invito a que por unos minutos saboreéis vuestro presente, que conectéis con vuestros pies y descubráis las cosas y personas maravillosas que os rodean y, claro está, que disfrutéis.

Sólo serán unos minutos y espero que sean de vuestro agrado.

En este sentido, os propongo un pequeño ejercicio:

Consiste en hacer una lista de lo que realmente es importante para nosotros, tanto personas, como cosas, trabajos, proyectos…, procurando darles un orden de prioridad, tomándonos el tiempo que creamos necesario para que, al final, el resultado sea de nuestro agrado. Cuando la deis por finalizada, propongo que hagáis un estudio aproximado de cómo utilizáis vuestro tiempo; podríamos dividirlo en dos bloques: el tiempo de lunes a viernes y el de los fines de semana o, en cada caso, dependiendo de vuestra actividad.

Bien sea uno o dos bloques, partiremos de un círculo que será el cien por cien de nuestro tiempo; dentro haremos compartimentos para dar un espacio a cada una de las actividades que hacemos en un periodo. Quiero recordaros que hay cosas que podríamos considerar un tanto prosaicas, pero que tienen que entrar, como son dormir, comer….

Una vez concluido, habría que plantearse si realmente lo que para vosotros es importante tiene un espacio de tiempo acorde a ese valor que le hemos dado. Si no es así, algo falla…, y os invito a la reflexión.