La teoría de la rueda de ardilla (adaptación hedónica): ¿en qué consiste?

A veces, cuando logramos algo que deseábamos, esa sensación de felicidad y goce nos dura poco. No tardamos en sentir un vacío y cierta insatisfacción. A este fenómeno lo llamamos adaptación hedónica.
La teoría de la rueda de ardilla (adaptación hedónica): ¿en qué consiste?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 21 enero, 2022

“Seré feliz cuando logre esa oposición. Todo irá mejor cuando tenga mi casa nueva, un ascenso, un coche mejor, una pareja que me quiera como merezco…”. Parece que cada vez nos cuesta más sentirnos bien y tener una vida satisfactoria. Esto mismo es lo que nos plantea el concepto de la adaptación hedónica o la teoría de la rueda de la ardilla.

En ocasiones, sentimos la extraña sensación de estar en una especie de escalera mecánica que no llega a ningún sitio. Ascendemos, pero al poco volvemos a descender y la alegría se esfuma. Le damos vueltas y más vueltas a una rueda que no nos permite avanzar ni lograr lo que queremos. Lo único que conseguimos es acabar cansados y frustrados.

Nos pasamos la vida fantaseando con cosas que queremos lograr y, en ocasiones, cuando las conquistamos, ese placer es efímero; se acaba pronto. A todos nos ha pasado alguna vez. Apostamos nuestra felicidad entera a que cuando coronemos determinadas cimas vitales lograremos sentirnos realizados… Sin embargo, esa sensación de éxito y plenitud se esfuma en poco tiempo y surge el vacío.

“Las comodidades al volverse habituales dejan de ser enteramente de ser placenteras”.

-Jean-Jacques Rousseau-

Mujer mirándose al espejo triste

¿Qué es la adaptación hedónica?

La adaptación hedónica nos dice que, por término medio, las personas nos adaptamos muy rápido a nuestros logros y que, por lo general, esa sensación de felicidad se apaga rápido y volvemos al nivel anterior. Ese en el que seguimos soñando con conseguir nuevos objetivos, con necesitar más refuerzos para experimentar otro pico de euforia o bienestar intenso.

¿Somos unos irremediables insatisfechos? Tal vez. ¿Hay algo de patológico o problemático en ello? En absoluto. Porque lo cierto es que esta percepción es algo que define en buena parte de los casos al ser humano. Esto explicaría, entre otras cosas, por qué a medida que alguien gana más dinero siente que no es suficiente. También por qué cuando sucede algo que esperábamos con anhelo, la satisfacción no siempre es plena.

Algunos autores, como el psicólogo y Premio Nobel Daniel Kahneman, reflexionaron sobre ello en un trabajo de 1999 titulado Bienestar: los fundamentos de la psicología hedónica. Así, algo que dejaron en evidencia en esta investigación es el impacto que tiene esta dimensión psicológica en absolutamente todas las áreas de nuestra vida.

Todos tenemos un punto “fijo” de felicidad

Si hay algo que sabemos en psicología es que aquello que nos pasa o deje de pasar no determina al 100 % nuestra felicidad. Cada persona interpreta su realidad de una manera concreta. Además, cada uno de nosotros tenemos una actitud y unos recursos propios ante los acontecimientos de la vida.

De este modo, investigadoras tan conocidas como Sonja Lyubomirsky nos explican algo importante sobre este tema. Toda persona tiene un “punto fijo de felicidad” y este tiene un origen genético. En su libro El cómo de la felicidad nos explica cómo se relaciona ese punto fijo de bienestar con la adaptación hedónica.

Cuando nos proponemos algo y lo conseguimos, al poco nos adaptamos a ese logro y, con las semanas, se reduce la sensación de euforia o placer. Una vez alcanzado el clímax de la sensación de logro, volvemos (descendemos) a nuestro “punto fijo de felicidad” anterior.

Habrá quien lo tenga en un nivel óptimo y retorne a un estado saludable. Sin embargo, abundan quienes gravitan en un punto base que roza la infelicidad y la indefensión. Esto explicaría por qué tras conseguir algo y adaptarse, lo siguiente que experimentan es un “bajón” emocional más profundo.

La teoría de la rueda de ardilla hedónica establece que después de que nos suceda algo positivo, nuestros niveles de felicidad volverán (descenderán) a sus valores iniciales. 

La adaptación hedónica negativa, cuando nos habituamos a los hechos adversos

Sabemos ya que pocas cosas son más comunes que sentir cierta sensación de vacío tiempo después de conseguir eso que tanto deseábamos.  Nos adaptamos. Eso que resultaba tan motivador pierde su brillo y situamos nuestras perspectivas en nuevos objetivos. En esencia, seguimos corriendo en nuestra rueda de ardilla o de hámster.

Es importante tener presente que la adaptación hedónica también aparece en experiencias negativas o adversas. Para entenderlo mejor, pondremos un ejemplo.

Hemos pasado toda nuestra vida contando con el apoyo de un mejor amigo. De pronto un día, por razones laborales, debe irse a otro país. Dejamos de contar con esas quedadas diarias, con esas charlas eternas y su compañía constante.

Como es de esperar, sufrimos un bajón. Nos cuesta imaginar la vida sin ese apoyo, sin esa amistad en nuestra cotidianidad, pero al cabo de las semanas, terminamos adaptándonos. En este caso, experimentamos un descenso en nuestro punto fijo de felicidad, para poco a poco volver a quedarnos (subir) a su nivel inicial. 

mujer en campo venciendo nuestra adaptación hedónica

Entonces, ¿no podemos ser más felices de lo que ya somos?

Cuando analizamos la teoría de la adaptación hedónica, es casi imposible plantearnos una cuestión. Si todos disponemos de un punto fijo de felicidad al que volvemos después de que nos suceda algo muy bueno, ¿no podemos elevar nuestra sensación de felicidad y que esta sea estable?

Al respecto de esta cuestión hay algo que debemos entender. La felicidad siempre fluctúa, habrá épocas mejores y momentos peores. Si disponemos de un buen punto base de bienestar y de resiliencia orquestado por nuestra genética es ya un beneficio.

La clave está en potenciar y desarrollar mejores recursos psicológicos en quienes tienen un “punto fijo de felicidad” bajo y muy frágil.

Figuras como Martin Seligman, expertos en el campo de la psicología positiva y la felicidad, destacan que esto no solo es posible: es necesario. Todos podemos habilitarnos en valiosas estrategias para afrontar los problemas cotidianos e invertir en nuestra autoestima, nuestro bienestar y nuestra calidad de vida. Subir de “nivel” en el punto fijo de la felicidad sí es posible.

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