Terapia con perros: ¿cuáles son sus beneficios?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 noviembre, 2017
Sara Clemente · 29 noviembre, 2017

El perro es el animal de compañía por excelencia. ¡Por algo será! No importa el día que hayas tenido o lo mala que haya sido tu jornada laboral, siempre están ahí. Pero aparte de esta lealtad, la terapia con perros es otra de las grandes ayudas que nos brindan estos animales.

Este tipo de terapia se utiliza para asistir a personas con discapacidad, alzheimer, depresión e incluso con niños autistas. Tienen múltiples beneficios físicos, psicológicos y sociales. ¡Conócelos!

¿Para quién está indicada la terapia con perros?

Los perros son los animales más empleados en las terapias asistidas con animales. Está comprobado que ayudan a mejorar la salud y el bienestar de los pacientes. Este tipo de terapias se basan en la asistencia y la realización de intervenciones en las que se introduce como punto clave la interacción entre el animal y la persona.

Es importante entenderla como un complemento de las terapias clínicas, no como un sustituto o alternativa a otros tratamientos convencionales. Asimismo, tienen que estar supervisadas y dirigidas por profesionales sanitarios o educativos. Se necesita un trabajo interdisciplinar para poder obtener los resultados esperados.

Este tipo de asistencia ha sido utilizada de manera exitosa para tratar a personas que padecen multitud de problemas. Entre ellos, trastornos emocionales y de la conducta, como TDAH, estrés, ansiedad o depresión. Adicciones o alteraciones psíquicas y neurológicas, tales como el Alzheimer. Y también para trastornos del espectro autista, enfermedades venéreas como el SIDA o con personas dependientes y mayores.

Perro con terapeuta y paciente

Dos tipos de perros terapeutas

Los perros empleados en estas terapias han de cumplir una serie de criterios o características específicas. Es conveniente que sean ágiles, activos, con temperamento, obedientes, cariñosos, pacientes y amables. Una vez pasado este filtro inicial, deben poder ser adiestrados como perros terapeutas.

Se deben diferenciar dos tipos de perros, dependiendo del objetivo de la terapia:

  • Perros de asistencia: se les prepara para servir de ayuda a personas con necesidades específicas. Por ejemplo, los perros guía para ciegos, los que asisten a personas sordas o los que se convierten en un apoyo para personas con discapacidades físicas.
  • Perros de terapia: son aquellos que se convierten en ayudantes o “co-terapeutas”. Se utilizan para lograr una mayor interacción con los enfermos. Su trabajo se centra en personas de avanzada edad, niños autistas o individuos con otro tipo de trastornos psicológicos.

Sus múltiples beneficios psicológicos y emocionales

En personas con daño cerebral adquirido es muy útil hacer terapia con perros, porque aumentan su motivación. Como método para agilizar su rehabilitación, interactuar con estos animales les sirve de incentivo y como una manera de mantenerse activos. Darles de comer o realizar actividades con ellos les estimula mentalmente. A su vez, esto hace que mejore su atención y que se esfuercen por seguir el ritmo marcado.

Asimismo, evita que se sientan en soledad. Los perros son considerados como los mejores amigos del hombre, porque nos aceptan sin condiciones. Tal y como somos. Por eso son una especie de terapeutas naturales, que nos sirven como antídoto para luchar contra la ansiedad, la depresión, el estrés o la monotonía.

A los pacientes les resulta muy agradable su compañía, sobre todo si son amantes de los animales. Normalmente, prefieren ir recuperándose junto a otro ser vivo y no mediante una máquina de ejercicios totalmente mecánicos.

Además, el vínculo que se crea entre el perro y la persona va más allá de un afecto mutuo. Muchos consideran que es similar al lazo que genera la madre con su bebé. Como consecuencia de todos estos beneficios, la terapia con perros mejora el estado de ánimo de los pacientes.

Beneficios físicos y sociales

La terapia con perros aumenta la actividad física de los pacientes. Jugar con ellos, realizar actividades de flexión, torsión o caminar permite fortalecer los músculos, huesos y articulaciones. Asimismo, facilita un mejor desarrollo del sistema vestibular, aumenta la propiocepción y la fuerza muscular.

Por otro lado, mejora la motricidad, tanto gruesa como fina y la coordinación porque trabaja todos los sentidos del paciente, desde la vista hasta el oído o el tacto. También gracias a actividades como acariciar, dar de comer, cuidar o cepillar su pelo se obtiene un mayor dominio de movimientos específicos, especialmente de manos y brazos.

Por eso, además de ser un potente puente de comunicación entre el terapeuta y el paciente, la terapia con perros produce un aprendizaje a través del juego. Fomenta el contacto social y el desarrollo de habilidades de ocio. Y mejora múltiples habilidades como la empatía, el respeto, la comunicación, la cooperación y el trabajo en equipo.

Persona en silla de ruedas haciendo terapia con perros

Su gran ventaja: la versatilidad

La terapia con perros se puede realizar tanto en grupo, como de manera individual. Depende de las necesidades de cada paciente y de la forma más adecuada de abordaje de la discapacidad, trastorno o dificultad de la persona. Igualmente, frente a otras terapias que solamente permiten su realización en un centro especializado, estas pueden hacerse también a domicilio. La atención personalizada puede estar dirigida a personas de cualquier edad, desde niños a ancianos.

Además de ser una de las mascotas preferidas por niños y adultos, los perros nos brindan posibilidades reales de curación. Usarlas como complemento de una terapia ofrece, como vemos, múltiples beneficios a todos los niveles. Esto hace que cada vez se incorporen más a la ayuda y asistencia de problemas con alteraciones y discapacidades.