El tiempo pone a cada uno en su lugar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 mayo, 2017
Raquel Aldana · 9 septiembre, 2015

Hemos oído cientos de veces eso de que “el tiempo pone a cada uno en su lugar”. Habremos incluso deseado que eso ocurra, que la vida le dé su merecido a aquellas personas que hacen daño o que nos recompense por hacer las cosas bien.

Sin embargo, no podemos decir que esto sea cierto o sea falso, pues los designios del destino escapan a nuestro entendimiento.  Lo que ocurre, en verdad, es que este dicho está mal entendido. 

Ni somos justicieros ni podemos esperar que nada ocurra por inspiración divina a los demás. Se trata de que la vida nos ofrezca la posibilidad de reflexionar y dar un paso hacia adelante. O sea, la realidad no es que vayamos a pagar la consecuencia de nuestros actos, es que no podemos evitar que lo que hacemos marque nuestra trayectoria vital.

“Me pregunto si he cambiado en la noche. Déjame pensar. ¿Era la misma persona cuando me levante esta mañana? Casi pienso que puedo recordar sentirme un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién soy en el mundo? ¡Ese es el gran puzzle!”

-Alicia en el País de las Maravillas-

teimpo 2

Si existiera el ojo por ojo, el mundo se quedaría ciego

La vida coge perspectiva y actúa, aunque no siempre sea como queremos o esperamos. A estas alturas ya sabemos que el tiempo no tiene prisa, pues es un juez sabio que no sentencia de inmediato.

Cuando algo no nos gusta, nos resulta desagradable o injusto siempre acudimos a la idea del destino como justiciero. Sin embargo, esto solo es una manera más de cerrar los ojos para no contemplar aquello que no podemos controlar.

Esto nos hace sentir que todo está bien y que nuestra felicidad (o el reflejo de ella) no se encuentra en peligro. Digamos que creer en un mundo justo es una manera de autoengaño que nos lleva a deshacernos de aquello a lo que no queremos mirar.

En cualquier caso, hay gente llena de maldad a la que nos gustaría que el tiempo diese su merecido, por lo que fantaseamos con esa idea de que el mundo es justo y que cualquier bien que le alcance será solo un espejismo.

Nos gusta y necesitamos creer en ello para vivir con tranquilidad. Nuestra mente nos hace sentir la necesidad de que lo podemos controlar todo, pero lo cierto es que solo podemos manejar cierta parte de nuestras experiencias.

En cualquier caso, no podemos esperar que lo bueno nos llegue si nos quedamos contemplando la vida sin actuar. Lo realmente eficaz es sudar la camiseta para poder tener opciones de ganar una competición, pero nada nos lo garantiza, ni siquiera la suerte.

Mujer viendo pasar el tiempo

¿Qué hice yo para merecer esto?

Vale, muchas veces no es justo lo que nos ocurre, pero es que la idea de equidad solo está en nuestra mente. Sin embargo, esto no es malo en su justa medida porque nos ayuda a protegernos, a no cerrarnos por miedo y a ordenar nuestro mundo.

Es decir, sería muy complicado vivir sin temor pensando que podemos ser los siguientes en sufrir una desgracia y tener que lidiar con ciertas dificultades. De todas maneras, es importante que intentemos enfrentarnos y trabajar contra las injusticias en vez de acercar posturas con la pasividad que nos caracteriza (¡véase nuestro inmovilismo ante el conflicto sirio!).

O sea, que tenemos que evitar caer en la trampa del victimismo y de la queja y sembrar semillas que nos permita equilibrar las fuerzas de la misma manera que un atleta entrena cada día para tener opciones de ganar la competición.

Ser buena persona no garantiza que nos sucedan cosas maravillosas, al igual que tampoco ser malo llenará la vida de alguien de desgracias. Pero todo esto da igual, porque de lo que debemos preocuparnos es de lo que podemos hacer cada día por nuestra vida y la de los demás.

Al final, el tiempo no tiene todo en su mano, sino que somos nosotros los responsables de dejarle actuar, de organizar nuestro destino. Recuerda que las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo, solo que sacan lo mejor de todo lo que encuentran en su camino.