Todos o casi todos estamos deshumanizados

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 noviembre, 2015
Sonia Viéitez Carrazoni · 30 agosto, 2013

La realidad social que nos rodea, a consecuencia directa de la crisis mundial en la que estamos envueltos, nos posiciona directamente ante   situaciones  de precariedad y necesidad terriblemente injustificadas y dolorosas. Tal vez no podamos crear oportunidades de trabajo, ni ofrecer expectativas de un futuro cercano esperanzador. Tal vez podamos cerrar los ojos, cruzar los brazos, exponer discursos y valoraciones al respecto.

PERO LO QUE SI PODEMOS ES AYUDAR. HUMANIZAR NUESTRO CONCEPTO DE EMPATIA ANTE EL SUFRIMIENTO Y ACTUALIZAR NUESTROS VALORES.

Es imprescindible colaborar, cualquiera de nosotros puede verse sometido sin querer, sin esperar, sin apenas margen de decisión, en una situación de desventaja social inminente y precaria. 

En la actualidad, lo “normal”, habitual y corriente, es que las personas vivan aisladas de los otros, centrados en un círculo egoísta mientras se benefician más y más de la autoayuda para privilegio de ellos mismos. 

Ayudar a otro ser humano  puede resultar un inconveniente o una mínima molestia, pero puede ofrecernos unas ventajas dignas de experimentar.

La compasión, la caridad y la bondad se triplicarán y se transmitirá contagiosamente.

Nos sentiremos buenas personas con los demás, y mejores con nosotros mismos.

Seremos responsables de los beneficios en la vida de otros. (Aunque sean momentos cortos o  breves)

Este mundo y su relleno… en el que estamos inmersos, nos resultará más atractivo y mucho mejor.

Si te lo planteas, hoy podrías ayudar: no es necesario pensar.

Mejora tu vida y la de otros: sal a la calle, sonríe, se amable, cariñoso.

Si tienes un hueco, ve allí donde sabes de sobra que una hora tuya es medio año de vida y esperanza para otros.

Ofrece, regala, y despréndete de todo lo que no utilices pero que a otros todavía les  “sirve”. 

Detente para ayudar a quien lo necesite.  Retrocede si observas dificultades o situaciones que puedes aliviar. No mires y pases de largo. (Recuerda que tú puedes estar también en el lado contrario.)

Escucha. Con detalle, con cautela, con comprensión. Formar parte de los desahogos de los demás sólo requiere de nuestro tiempo.

Son pequeñas ideas.

Pero sal a la calle, inténtalo a ver cómo se siente uno a la vuelta.