Todos tenemos un látigo de indiferencia

TODOS TENEMOS UN LÁTIGO DE INDIFERENCIA

Sonia Viéitez Carrazoni 16 abril, 2013 en Psicología 11 compartidos

Ser indiferente al sufrimiento es lo que deshumaniza al ser humano. La indiferencia es más peligrosa que la ira y el odio. La indiferencia no es una respuesta. La indiferencia no es un comienzo; es el final. Por tanto, la indiferencia es siempre amiga del enemigo, puesto que beneficia al agresor, nunca a su víctima, cuyo dolor se intensifica cuando la persona se siente olvidada.

“La indiferencia, es un castigo”.
Elie Weisel

Sigmund Freud consideraba que lo contrario del amor no era el odio sino la indiferencia. Si lo pensamos detenidamente, podríamos comprobar que el amor y el odio están tan íntimamente ligados, que efectivamente en ocasiones incluso se complementan.
Mientras la indiferencia se define como “aquello que no despierta ni interés ni afecto”, el odio según el diccionario, indica una “antipatía y aversión hacia alguna persona o cosa cuyo mal se desea”.

Pero, ¿por qué nos causa un dolor infinitamente mayor, que nos ignoren, o que no muestren interés hacia nosotros, antes que el dolor de soportar la ira o el castigo?

Cuando esperamos un mensaje, una llamada, una cita y esta espera se prolonga, nos sentimos vulnerables, transparentes y ajenos de afecto o interés. La indiferencia nos daña y nos desespera. Sin embargo cuando odiamos a alguien, (ex pareja, compañero, familiar, etc. ) tal vez nuestra mente todavía encuentra razones para estar pendiente, para dedicarle en parte, un pequeño gesto o demostración de sentimiento o resentimiento, pero, una muestra atención al fin.

La indiferencia cuando es real y verdadera, es realmente cruel, un sentimiento estéril ajeno a todos cuantos principios morales son dignos de conservar.Cuando comprobamos que ante la mentira, la tortura, la hambruna y miseria, los desahucios, el abuso, el daño, el sufrimiento, el robo, se mantiene y predomina la indiferencia, es que peligrosamente las victimas de todo ese dolor están quedando olvidadas.

Indiscutiblemente, solo quien ha padecido indiferencia, sabe que es una herida profunda para el corazón. Que para conservar nuestro amor propio, sería bueno aplicar lo que escribía Amado Nervo: “Quiero a la que me quiere y olvido a la que me olvida”

Sonia Viéitez Carrazoni

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