Tomar un café con amigos, añoranzas en tiempo de coronavirus

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Quedar con un amigo en una cafetería, ir a una librería, al cine, salir a tomar algo... Hay escenarios sociales que se alzaban como nuestro segundo hogar, rincones especiales que echamos en falta y que seguramente, recuperaremos en el futuro de otro modo.
 

Tomar un café con amigos, ir a cenar con nuestra pareja a un restaurante, acudir al gimnasio después del trabajo, adentrarnos en una populosa calle para hacer compras y pasear…

La actual pandemia nos está dejando huérfanos de muchas de esas costumbres que tejían nuestra cotidianidad y que además, nos permitían conectar entre nosotros, disfrutar del sentido de sociabilidad.

Las personas, como bien sabemos, no estamos hechas para el confinamiento. Lo resistimos y nos habituamos a duras penas a este nuevo estilo de vida. Pero nos falta algo.

Hay un hueco, un vacío en la mente y el corazón que siente la ausencia de esos escenarios públicos donde también nos encontrábamos a nosotros mismos. Porque el contacto social es algo primario y cuando no lo tenemos el mundo parece desafinado.

Hasta no hace mucho, sociólogos, psicólogos y arquitectos pensaban ya en cómo debía ser el diseño de las ciudades del futuro. Sabíamos que las grandes urbes nos estaban condenando a un nuevo tipo de soledad y algo que se pretendía para paliar este efecto era la construcción de los llamados «escenarios terciarios de conexión». Se trataba de alzar espacios comunes donde facilitar el sentido de comunidad, de la interacción, de la sociabilidad, del cuidado mutuo…

 

A día de hoy este último objetivo es prioritario porque el ser humano necesita de esa interacción con el grupo para ganar en salud física y psicológica. Sin embargo, el peso de la actual pandemia nos obligará a reformular algunas cosas para hallar un adecuado equilibrio entre la seguridad sanitaria y el bienestar.

Mujer pensando en el placer de Tomar un café con amigos

Tomar un café con amigos, la importancia de los terceros espacios

Tomar un café con amigos es para nosotros algo más que una costumbre. Es un momento para compartir pensamientos, preocupaciones, vivencias, emociones e historias personales.

Esos instantes de recogimiento entre dos, tres o cuatro personas junto a una taza de té, un café u otra bebida nos permitían reducir el estrés y reforzar nuestros vínculos. Ahora, en tiempos de pandemia, nos faltan esos refugios de conexión y los anhelamos.

Los llamados terceros espacios, concepto definido por el sociólogo y experto en urbanismo Ray Oldenburg, son esos escenarios como las cafeterías, restaurantes, tiendas, peluquerías, gimnasios, discotecas o librerías que no solo edifican una ciudad.

También construyen nuestra identidad humana y nuestra personalidad. Echar en falta esos rincones es perfectamente normal porque esos rincones urbanos tienen en realidad, mucha más trascendencia de la que pensamos.

 

La mágica intimidad social de los terceros espacios

El confinamiento nos ha llevado de vuelta al primer escenario social del ser humano: el hogar. Esto en cierto modo, puede resultar positivo.

Si lo enfocamos de manera adecuada, puede ser una oportunidad única para reencontrarnos con nosotros mismos y nuestras familias. Es también, tiempo de calma, de creatividad, de descanso, de escucharnos y cuidarnos mientras el mundo se ha puesto en pausa para luchar contra el coronavirus.

Ahora bien, más allá de la intimidad del hogar, está otra necesidad igual de esencial para nosotros: hablamos de la intimidad social de los terceros espacios. El tomar un café con los amigos, por ejemplo, crea un tipo de apego saludable hacia las personas y los espacios públicos y ello, constituye otro tipo de refugio emocional que revertía en nuestra salud física y psicológica.

Imagen representando el placer de Tomar un café con amigos

Tomar un café con amigos, ir a las librerías, a los pubs… Nuestras segundas casas

Salir por las noches a tomar algo, pasar un rato en las librerías buscando esa novela que nos apetece leer, tomar un café con los amigos… Todos estos escenarios donde llevamos a cabo esas actividades tan comunes se convertían también en hogares. Son esas segundas casas sociales donde nos sentimos identificados, vitales, felices y hasta realizados.

 

A veces, el simple hecho de pasear en soledad por unos grandes almacenes llenos de gente, acudir a un gimnasio o incluso ir al cine solos nos gratificaba. Es decir, las personas no solo necesitamos estar con amigos, parejas y familiares fuera de casa realizando actividades lúdicas.

A menudo, también es gratificante zambullirnos en esos entornos vibrantes donde la sociabilidad sigue presente, donde disfrutamos del sonido, de la actividad, de todo lo que nos ofrecen nuestros pueblos y ciudades.

A pesar de la soledad colectiva, seguimos conectados y esperanzados

Sabemos que volveremos a tomar un café con los amigos. Sin embargo, somos conscientes de que tal vez, tengamos que hacerlo de otro modo, manteniendo distancias, alzando muros con mamparas transparentes invadiendo nuestra ansiada cercanía. Sin embargo, no importarán las formas, porque las conversaciones seguirán fluyendo y teniendo un efecto catártico.

Sabemos también que todo esto pasará, que el mundo cambiará y que nosotros, avanzaremos con mayor entereza a esa nueva realidad. Los espacios sociales se transformarán, pero la humanidad -cabezota como es- y talentosa -como lo ha sido siempre- creará nuevos refugios para reencontrarnos, para seguir disfrutando los unos de los otros.

 

Ese tejido social que la actual pandemia ha deshilachado, volverá a tejerse de otro modo pero con igual fortaleza. Nos necesitamos los unos a los otros y volveremos a hallar el camino para retomar nuestras vidas con seguridad.