Trabajar con las manos es bueno para tu cerebro

24 junio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Tocar, sentir, moldear, tejer, practicar la jardinería, pintar... Todas estas tareas manuales generan un gran bienestar en nuestro cerebro, tanto es así, que nos recompensa con endorfinas, reduciendo así el estrés e incluso la ansiedad.

Trabajar con las manos es potenciar nuestra salud psicológica. Modelar, tejer, transformar, esculpir, cosechar, coser, pintar… Todas esas tareas se alzan como valiosas actividades con las que estimular el cerebro. Son a su vez, un modo sensacional para aliviar el estrés, mejorar la plasticidad neuronal, optimizar nuestra destreza, así como la concentración e incluso la calma mental.

La conexión mano-cerebro supone para el ser humano esa alianza esencial que actúa como retroalimentación para favorecer nuestro desarrollo neuronal. Esta es una realidad que desde la antropología y la psicología se conoce desde hace décadas. De ahí, por ejemplo, la necesidad de fomentar en los niños los juegos manuales y esas tareas con las que promover la motricidad fina y contribuir así, al desarrollo cerebral.

Ahora bien, algo que la mayoría sabemos es que llegada la edad adulta, dejamos en muchos casos las magia de esas actividades manuales. A no ser que forme parte de nuestro trabajo, solemos prescindir de tales tareas. Tanto es así, que soportes como el móvil o el ordenador están sustituyendo incluso a la escritura a mano. A la hora de ejercitarnos, por ejemplo, centramos la actividad en nuestro cuerpo, pero nos olvidamos de las manos, de su movilidad y ante todo de su gran potencial creativo. El uso de ellas de manera activa a través de las más variadas tareas, puede favorecer nuestro estado de ánimo. Veamos más datos a continuación.

«Los dedos de una mano: cinco puntos cardinales que apuntan hacia el infinito».

-Fabrizio Caramagna-

Mujer tallando madera

Trabajar con las manos: creación y bienestar psicológico a tu alcance

De algún modo, casi podríamos decir que hemos llegado a un punto en nuestra sociedad donde se está devaluando la competencia manual. Los trabajos de oficina, los equipos de trabajo pensantes, el márketing, la publicidad, la ingeniera, los economistas, las empresas tecnológicas… Todas estas áreas laborales priman sin duda otras competencias de índole básicamente intelectual.

Sin embargo, profesiones tan esenciales como la albañilería, la agricultura, la reparación de automóviles, la fontanería o la electricidad, requieren todavía de un par de manos hábiles para solucionarnos la vida, para lograr que las cosas más básicas nunca nos falten. Ambas esferas, la de la productividad intelectual y la productividad manual siguen siendo esenciales en nuestro día a día.

Ahora bien, cabe señalar que en la actualidad, desde el área de la neuropsicología está emergiendo otra visión muy interesante. Esa tendencia de las últimas décadas de glorificar el trabajo intelectual por encima del manual, debería decaer. Es más, privarnos de trabajar con las manos iría en contra de nuestra naturaleza. Tanto es así que, neurocientíficas como la doctora Kelly Lambert, de la Universidad de Richmond, Estados Unidos, nos señala algo más que interesante: realizar trabajos manuales reduce el índice de depresión.

Los trabajos manuales y nuestro bienestar psicológico

La fabricación de herramientas facilitó en el pasado que la especie homo evolucionara hasta lo que somos ahora. Ese eje constituido entre el ojo, la mano y el cerebro, se alza como una fabulosa ‘constelación’ intelectual y emocional que sigue favoreciendo múltiples beneficios en nosotros. No obstante, los estamos descuidando.

  • Trabajar con las manos no significa estar todo el día ante un ordenador. Ni siquiera arreglar una cañería obstruida. Es algo más profundo, algo que requiere potenciar nuestras conexiones neuronales y facilitar así la plasticidad cerebral.
  • ¿De qué manera? Mediante la creación y la transformación. Deben existir una serie de procesos donde se dé un resultado que nos satisfaga. Así, tareas como esculpir, modelar, tejer, dibujar o incluso plantar una flor, generan una transformación material que revierte en el plano emocional.

Esto mismo es lo que nos lo explica al menos la doctora Kelly Lambert en su libro Lifting Depression: A Neuroscientist’s Hands-On Approach to Activating Your Brain’s Healing Power. Se trata de buscar un tipo de actividades manuales que activen nuestro circuito neuronal de recompensa, ahí donde haya cierto esfuerzo cognitivo, además de concentración y placer por lo que somos capaces de conseguir.

Persona tejiendo a mano

Esfuerzo, creación y satisfacción: neuroquímica que revierte los procesos depresivos

Algo que debemos tener claro es que el mero hecho de aprender a modelar, esculpir o tejer, no hará que nuestra depresión desaparezca. Trabajar con las manos es un catalizador, un medio para cambiar nuestra química cerebral, de inducir un estado de bienestar interno que, sumado a otras estrategias como la terapia psicológica, puede dar sin duda grandes resultados. No obstante, veamos con detalle qué logra en nuestro cerebro el trabajar con las manos:

  • Cambia la fisiología y la respuesta química del cerebro: se libera endorfinas, serotonina, endorfinas, se reduce la hormona del cortisol asociada al estrés…
  • Las tareas manuales mejoran la plasticidad neuronal, se crean nuevas conexiones y con ello, hacemos frente al deterioro cognitivo.
  • Es más, tal y como nos explica el doctor Robin Hurley, de la Universidad de Baylor, Huston, las tareas manuales significativas para los pacientes (tocar un instrumento, realizar tareas artísticas como pintar o modelar) revierten incluso los efectos del estrés crónico. Esto es muy importante, porque de ese modo, la persona se siente más receptiva y relajada para ir afrontando su depresión.

Para concluir, es importante matizar un último detalle. No todas las tareas manuales generan beneficios psicológicos. Si trabajamos en una fábrica o en una cadena de montaje, esa tarea repetitiva difícilmente nos generará bienestar. Se trataría por tanto, de dar con esa actividad con la que trabajar con las manos desde la curiosidad, la pasión y el interés.

Debemos buscar una tarea que nos satisfaga, que nos incentive y relaje a la vez, alcanzado ese estado flow del que nos hablaba el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi. Son esos estados donde el mundo se detiene y solo existimos nosotros, nuestro yo sintonizado plenamente con el proceso creativo. Pocas cosas son más satisfactorias.

  • Heuninckx, S., Wenderoth, L., & Swinnen, S. (2008). Systems Neuroplasticity in the Aging Brain: Recruiting Additional Neural Resources for Successful Motor Performance in Elderly Persons. Journal of Neuroscience, 28 (1) 91-99; DOI: https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.3300-07.2008
  • Kays, Jill L., et al. (2012). The Dynamic Brain: Neuroplasticity and Mental Health. The Journal of Nuropsychiatry and Clinical Neurosciences. https://doi.org/10.1176/appi.neuropsych.12050109
  • Lambert, Kelly (2010) Lifting Depression: A Neuroscientist's Hands-On Approach to Activating Your Brain's Healing Power. Basic Books.