Trastorno de despersonalización: ¿quién soy yo realmente?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 enero, 2018
Francisco Pérez · 14 enero, 2018
El trastorno de despersonalización se encuentra entre las afecciones psiquiátricas más comunes pero también entre las menos reconocidas del mundo.

“Mis pensamientos no parecen míos” “¿Quién soy yo” “No me reconozco en el espejo”. Este tipo de experiencias se dan con frecuencia en personas con trastorno de despersonalización. Asimismo, es muy recurrente entre quienes atraviesa por un periodo de elevada ansiedad y estrés.

La búsqueda de la propia identidad y de nuestro lugar en el mundo es una constante. Todos nos hemos preguntado alguna vez quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Es algo normal. Sin embargo, en el trastorno de despersonalización se da con mucha más frecuencia e intensidad.

Algo que debemos entender en primer lugar es que la mayoría de las veces nos encontramos ante lo que clínicamente se conoce como un trastorno disociativo. Es una condición mental donde la persona experimenta fallos en la memoria, en la conciencia, la identidad y y la percepción.

Mujer borrosa con ansiedad por efecto de la burundanga

¿Qué es la despersonalización?

El trastorno de despersonalización se caracteriza por episodios persistentes o recurrentes de despersonalización, desrealización o ambas. La primera vez que se describió esta condición fue a finales del siglo XIX, viéndose además, que solía aparecer junto a otras realidades como los trastornos de pánico o la depresión.

  • Estudios como el llevado a cabo en el  Instituto de Psiquiatría de Londres, nos revelan algo interesante. Lo que experimenta la persona es una reacción emocional muy intensa. De hecho, en las resonancias magnéticas se aprecia una gran actividad en la ínsula cerebral.
  • Se sufre una sensación de de irrealidad, extrañeza o un distanciamiento de uno mismo en general.
  • La persona con despersonalización puede sentir separad de todo su ser (p. ej., “no soy nadie”, “no tengo nada de mí”).
  • Esto puede provocar incluso que no acepte sus propias emociones, pensamientos, sensaciones..

Los pacientes lo describen a menudo como una sensación robótica, como de un autómata, que carece de control para el propio habla o los movimientos. Mujer con ansiedad por efecto del trastorno de despersonalización

Fallos en la percepción, una característica de la desrealización

El entorno puede verse como artificial, sin color o sin vida. La desrealización está acompañada normalmente por distorsiones visuales subjetivas. Estas pueden ser visión borrosa, agudeza visual aumentada, campo visual ampliado o reducido, bidimensionalidad…

  • También pueden darse alteraciones en la distancia o tamaño de los objetos. La macropsia es uno de estos efectos, y consiste en ver los objetos de un tamaño más grande de lo que realmente son. La micropsia, por su parte, es todo lo contrario. Vemos los objetos más pequeños de lo que son en realidad.
  • Aparecen distorsiones auditivas, silenciándose o acentuándose las voces o sonidos.

Criterios excluyentes

Hay que dejar claro que, para que se diagnostique este trastorno, las alteraciones citadas con anterioridad no pueden ser fruto de la ingesta de drogas, medicamentos o de una enfermedad (como la epilepsia).

Tampoco estas alteraciones deben ser un criterio de esquizofrenia, trastorno de pánico, depresión mayor, trastorno de estrés agudo o trastorno de estrés postraumático.

Características subjetivas del trastorno de despersonalización

Las personas con trastorno de despersonalización pueden tener dificultades para describir sus síntomas. Además, tienen la sensación de que volviéndose locas. Otra experiencia frecuente es el temor a padecer un daño cerebral irreversible.

  • Otro síntoma común es la alteración subjetiva del sentido del tiempo (p. ej., demasiado rápido, demasiado lento).
  • Asimismo, también aparece una dificultad también subjetiva para recordar vívidamente las memorias del pasado (y sentirse parte de ellas).
  • Por otro lado, también suelen sentir algo similar a una saturación de la cabeza, el hormigueo o la sensación de desmayo no son tampoco infrecuentes.

Además, no es raro encontrar en las personas que sufren episodios de despersonalización diferentes grados de ansiedad o depresión. Algo curioso que se ha observado es que estas personas tienden a reaccionar fisiológicamente de forma más intensa a los estímulos emocionales.

Estos cambios fisiológicos se dan por la activación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el lóbulo parietal inferior y los circuitos de la corteza prefrontal límbica.

 efecto del trastorno de despersonalización

¿Cómo se realiza el diagnóstico de trastorno de despersonalización?

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), la persona diagnosticada de trastorno de despersonalización/desrealización tiene que cumplir los siguientes criterios diagnósticos:

A. Presencia de experiencias persistentes o recurrentes de despersonalización, desrealización

  • Despersonalización: experiencias de irrealidad, distanciamientos, de ser un observador externo respecto a los pensamientos, sentimientos, las sensaciones, el cuerpo o las acciones de uno mismo.
  • Desrealización: experiencias de irrealidad o distanciamiento respecto al entorno. Por ejemplo, las personas o los objetos se experimentan como irreales, como en un sueño, nebulosos, sin vida o visualmente distorsionados).

B. Durante las experiencias de despersonalización o desrealización, las pruebas de realidad se mantienen intactas.

C. Los síntomas cursan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

D. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia. Por ejemplo droga, medicamento u otra afección médica (p. ej., epilepsia).

E. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental, como la esquizofrenia, el trastorno de pánico, el trastorno de depresión mayor, el trastorno de estrés agudo, el trastorno de estrés postraumático u otro trastorno disociativo.

¿Cómo se desarrolla y cuál es el curso del trastorno de despersonalización?

Como media, el trastorno de despersonalización/desrealización comienza a manifestarse a los 16 años, aunque el trastorno puede comenzar a principios o a mediados de la infancia. De hecho, la mayoría recuerda haber tenido síntomas ya en esta fase.

  • Más del 20% de los casos aparece después de los 20 años y sólo el 5% después de los 25.
  • La aparición en la cuarta década de la vida o más tarde es muy inusual.
  • El inicio puede ser extremadamente repentino o gradual. La duración de los episodios de despersonalización/desrealización puede variar ampliamente, desde breves (horas o días) hasta prolongados (semanas, meses o años).

Una condición clínica crónica

Dada la rareza del inicio del trastorno después de los 40 años de edad, en estos casos pueden existir afecciones médicas subyacentes. Estas afecciones pueden ser lesiones en el cerebro, trastornos convulsivos o apnea del sueño.

  • El curso de la enfermedad es a menudo crónico. Mientras que en algunas personas la intensidad de los síntomas puede aumentar y disminuir considerablemente, otros refieren un nivel constante en su intensidad que, en los casos extremos, puede ser recurrente durante años o décadas.
  • Por otro lado, el aumento de la intensidad de la sintomatología puede ser causada por el estrés, por el empeoramiento del humor o de los síntomas de ansiedad, por nuevas circunstancias estimulantes y por los factores físicos, como la iluminación o la falta de sueño.

Asimismo, cabe señalar algo importante: no todas las personas que presenten algunos de estos síntomas van a desarrollar el trastorno.

Si los citados síntomas están presentes la mayoría del tiempo e interfieren seriamente en tu vida cotidiana, puede ser necesario que acudas a un psicólogo especialista con el fin de que evalúe tu problema.

Mujer que sufre el  efecto del trastorno de despersonalización

Tratamiento

La estrategia terapéútica para el trastorno de despersonalización, suele pasar por dos estrategias básicas: la farmacológica (con psicótropos como la naloxona) y la psicoterapéutica.

Así, las terapias cognitivo-conductuales se alzan con una buena tasa de éxito en estos casos. El objetivo será conseguir fortalecer la conexión del paciente con sí mismo. 

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