¿Un problema es realmente un problema?

12 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
Realmente, y mirados con perspectiva, los problemas no son tanto como parecen. ¿Sabías que hay 2 formas principales de enfrentar los problemas en la vida?

¿Un problema es realmente un problema? Tal vez pueda resultar extraña esta esta pregunta, pero queremos que te imagines lo siguiente: ¿te imaginas la vida sin problemas ni desafíos? Tendríamos todas nuestras necesidades satisfechas y no experimentaríamos ninguna incomodidad, ni hambre, ni frío, ni calor. Tampoco sentiríamos emociones como la tristeza, el miedo o la rabia. Sin embargo, ¿cómo podríamos saber que estamos cómodos y felices?

Podemos discriminar las emociones y pensamientos positivos gracias al contraste con lo negativo. Sin esta diferencia, no podríamos diferenciar lo bueno de lo malo, lo positivo de lo negativo.  Viviríamos en un mundo inerme, sin sensaciones, sin estímulo, muerto…

En cualquier caso, y volviendo al mundo real, los desafíos y problemas son parte inevitable de la vida. Todo depende de cómo lo percibamos. Podemos verlos como algo negativo y aterrador que nos paraliza, o podemos verlos como oportunidades para realizar valiosos cambios.

Enfrentar los problemas: El avestruz vs. Ave Fénix

En realidad, el problema no es el problema. El verdadero problema, y el mayor obstáculo que enfrentamos, es nuestra actitud frente al mismo. Así que, en nuestras manos está el poder de decidir si seremos como el avestruz o como el Ave Fénix.

La técnica del avestruz: evitar o no querer ver el problema

La técnica del avestruz consiste, básicamente, en eludir los problemas. El avestruz esconde la cabeza bajo tierra; al no ver físicamente el problema, piensa que este se desvanece. Desafortunadamente, la naturaleza nos muestra que, por mucho que queramos escondernos y eludir nuestras responsabilidades, el problema seguirá ahí, incluso acrecentado. ¿Por qué actuamos así? Básicamente porque los desafíos nos exigen salir de nuestra zona de confort.

En muchas ocasiones, nuestra manera de pensar y de actuar están tan afianzadas que no creemos posible cambiarlas. Así pues, preferimos hacer siempre lo mismo, aunque no funcione, antes que aventurarnos a buscar nuevas y creativas formas de afrontar los retos.

“Esconder la cabeza como el avestruz” limita nuestro potencial, porque lo que es realmente importante a la hora de enfrentar y superar los problemas, es el crecimiento personal que ocurre en el proceso. No volverás a ser la misma persona, eso está claro. Ahora, tu visión será más amplia, y tu potencial de conducta, mayor.

Además, el hecho de evadir el problema no nos libra de sus consecuencias sino que, por el contrario, se suelen agravar. ¿No pagamos nuestras deudas? Entonces crecerán, y si seguimos inertes, vendrán las consecuencias legales. ¿Ignoramos los problemas de comunicación en la familia? Es posible que propiciemos un cisma familiar. En definitiva, la técnica del avestruz parece cómoda en un principio. Sin embargo, sus consecuencias suelen ser negativas.

La técnica del Ave Fénix

En contraste con la actitud del avestruz, esta criatura mitológica se somete periódicamente al fuego, para luego resurgir completamente regenerada de sus cenizas. Simbólicamente, esto representa la capacidad de resistencia, persistir y resurgir completamente renovado.

Por consiguiente, podemos elegir ser como el Ave Fénix, que en vez de huirle al fuego (los problemas), los enfrenta, confiando en que este destruirá las viejas estructuras (mentales y comportamentales) que darán paso a un renacimiento.

Desde esta perspectiva, los problemas pasan a ser ese fuego purificador que elimina nuestras estructuras inservibles de pensamiento y de conducta, para reemplazarlas por nuevas y creativas formas que nos eleven a otras alturas en nuestro crecimiento personal.

Para terminar, citamos la siguiente reflexión de Albert Einstein acerca de las crisis (fragmentos de su libro “Mi visión del mundo”, que fuera publicado en el año 1935), la cual se aplica perfectamente a los problemas:

“(…) No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.  La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. (…) Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos; sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. (…)”