¿Un problema es realmente un problema?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 19 enero, 2014
Paula Aroca · 19 enero, 2014

¿Te imaginas la vida sin problemas ni desafíos? Tendríamos todas nuestras necesidades satisfechas y no experimentaríamos ninguna incomodidad, ni hambre, ni frío, ni calor. Tampoco sentiríamos emociones como la tristeza, el miedo o la rabia. 

Bien sea que esto te parezca fabuloso o aburrido, lo cierto es que solo sería posible en un mundo perfecto, que no es precisamente el nuestro. En el que nos toca vivir, los desafíos y problemas son parte inevitable de la vida. Todo depende de cómo percibamos los problemas. Podemos verlos como algo negativo y aterrador que nos paraliza, o podemos verlos como oportunidades o incluso, bendiciones.

Avestruz vs. Ave Fénix

En realidad, el problema no es el problema. El verdadero problema y el mayor obstáculo que enfrentamos es nuestra propia actitud frente a las situaciones que catalogamos de problemáticas. Así que, en nuestras manos está el poder de decidir si seremos como el avestruz o como el Ave Fénix.
El avestruz: Así como se ve el avestruz escondiendo la cabeza frente a una amenaza, nosotros también asumimos esa actitud frente a los problemas a veces. ¿Por qué actuamos así? Básicamente porque los desafíos nos exigen salir de nuestra zona de comodidad, lo cual puede ser bastante aterrador.

En muchas ocasiones, nuestras maneras de pensar y de actuar están tan afianzadas que no creemos que sea posible cambiarlas. Entonces, preferimos encasillarnos en lo conocido, aunque no funcione, que aventurarnos a buscar nuevas y creativas formas de afrontar los retos. Al esconder la cabeza como el avestruz estamos limitando nuestro potencial, porque lo que es realmente importante de enfrentar y superar los problemas, es el crecimiento personal que ocurre en el proceso.

Además, el hecho de evadir el problema no nos libra de sus consecuencias, sino que por el contrario, generalmente estas se agravan. ¿No pagamos nuestras deudas? Entonces crecerán, y si seguimos inertes, vendrán las consecuencias legales. ¿Ignoramos los problemas de comunicación en la familia? Es posible que los hijos se refugien en alguna adicción o que la pareja busque en otro lado lo que no encuentra en casa. Así pues, ser como el avestruz puede parecer cómodo al principio, pero esto no durará para siempre…

El Ave Fénix: En contraste con la actitud “cobarde” del avestruz, esta criatura mitológica se somete periódicamente al fuego, para luego resurgir completamente regenerada de sus cenizas. Simbólicamente, esto representa la capacidad de pasar por el fuego de las pruebas o problemas y salir renovados de ellos.

Así, nosotros podemos elegir ser como el Ave Fénix, que en vez de huirle al fuego, lo enfrenta, confiando en que este destruirá las viejas estructuras que darán paso a un renacimiento. Desde esta perspectiva, los problemas pasan a ser ese fuego purificador que elimina nuestras estructuras inservibles de pensamiento y de conducta, para reemplazarlas por nuevas y creativas formas que nos eleven a otras alturas en nuestro crecimiento personal.

Para terminar, citamos la siguiente reflexión de Albert Einstein acerca de las crisis (fragmentos de su libro “Mi visión del mundo”, que fuera publicado en el año 1935), la cual se aplica perfectamente a los problemas:


“(…) No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.  La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. (…)

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.

Sin crisis no hay desafíos; sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. (…)”