Un ratito al día te cambiaría por cualquiera

Jesús · 29 julio, 2014

Joaquín Sabina nos deja esta frase en una de sus canciones. Hay una anécdota popular que recoge una situación que nos invita a una reflexión parecida. La historia cuenta como un hombre y su mujer van un buen día de primavera de visita a una granja. Cuando llegan al corral del gallo y las gallinas la mujer le dice al hombre: “Aprende de este gallo, mira cuantos huevos es capaz de poner al día”. El hombre sonríe y le dice a la mujer: “Normal, lo hace con muchas gallinas distintas”.

Si vamos al refranero popular, encontramos: “Lo poco agrada y lo mucho enfada”. Finalmente, si recordamos algún momento de nuestra vida en que comiéramos mucho de algo que nos gustaba probablemente recordaremos también como a partir de ese momento rechazamos la cata de ese alimento durante un tiempo.

Cada una de estas reflexiones apunta en la misma dirección, hacia un sitio que nos recuerda que la naturaleza humana puede ser realmente hermosa. En primer lugar, nos nutrimos tanto del tener, como del deseo y del anhelo. Necesitamos que haya de vez en cuando un espacio que evite que nos saciemos, que haga que echemos de menos. Y este espacio no es malo, ni significa que una relación se esté deteriorando.

Entender esto es fundamental para que seamos capaces de dar a nuestras relaciones el aire necesario para que tanto las vidas de los demás como las nuestras se llenen de experiencias variadas. Experiencias que más tarde podemos contar, de aprendizajes propios que más tarde podemos enseñar y de paisajes que más tarde podemos dibujar para nuestra pareja o nuestro amigo/a.

Por otro lado, espero que nadie me entienda mal con la anécdota del gallo y las gallinas, no me refiero al terreno íntimo o sexual sino a experiencias que no formen parte del acuerdo tácito de compromiso que tenemos con la otra persona.

Si no concedemos este espacio, si no damos pie a esta variabilidad probablemente pasará como con los alimentos, nos saciaremos y llegará un momento en el que necesitaremos un tiempo realmente prologado alejados de esa persona, posibilitando que aparezcan emociones negativas que no deseamos.

Pasa habitualmente con el enamoramiento intenso: cuando comenzamos una relación de pareja las personas pasamos mucho tiempo juntas y aún queremos más, pero llega un momento en el que esta etapa se termina y da paso a una etapa de estabilidad o de ruptura. No es raro que el paso entre estas dos etapas se produzca de manera brusca –> El tiempo compartido ha sido tanto que las personas que forman parte de la relación necesitan un respiro.

En definitiva, deja que te anhelen, que te echen de menos, que te deseen. Que un rato al día “te cambien por alguien” no es malo. De hecho es muy positivo y hace que la otra persona no repita la frase de Sabina y sobre todo, que no te cambie por cualquiera. 

Foto cortesía de romrf