El que va de fuego en fuego muere de frío

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 4 octubre, 2016
Cristina Medina Gomez · 4 octubre, 2016

Vamos a ser claros. Sí, te estoy hablando a ti, que a veces emerges desde mi interior con ganas de confundirme. No es verdad que buscando el calor de un lado para otro vayamos a encontrarlo, como tampoco es cierto que hallemos cariño en todos esos abrazos superficiales. Si seguimos así, como dice Antonio Porchia, moriremos de frío.

“Es un gran fuego envuelto en poco hielo, un bello juego relleno de falacias, es un despecho, una guerra, una tregua, un largo pensamiento, una palabra breve”

Pierre de Ronsard-

Lo cierto es que estamos atrapados en un juego de mentiras: nos empeñamos en perseguir cuerpos que nunca nos darán lo que necesitamos. Creo que es el instante de que paremos. Voy a intentar convencerte de que no está mal reconocer que llega un momento en el que el amor hace falta.

El comportamiento del colibrí

Primero, querido yo, voy a hablarte de nuestro comportamiento. ¿Sabes cuáles son algunas características que diferencian a un colibrí de otros pájaros? Ellos son expertos en su vuelo, aletean más de 70 veces por segundo y tienen una precisión asombrosa. Justamente esta es la que les permite sostenerse en un punto fijo para llegar al néctar de una flor sin tocar o apoyarse en ella. Por eso los llaman “picaflor”.

Y, ¿sabes qué ocurre? Que la cantidad de energía que consumen para conseguir volar tan rápido es muy alta por lo que, si se alimentan de manera pobre, mueren. No obstante, la diferencia entre el comportamiento de un colibrí y el nuestro es que ellos no pueden actuar de otra manera, pero tú y yo sí.

¿Merece la pena esta forma de vuelo tan cara? Volamos, adquirimos el néctar que creemos necesitar de otra persona sin apoyarnos mucho en ella y huimos. Queremos algo de calor, pero rechazamos el afecto que llega detrás de la piel. Así lo que nos pasa es que acabamos recogiendo únicamente una satisfacción efímera y después frío, mucho frío.

Frío por fuera y vacío por dentro

Frío por fuera y vacío por dentro, eso es lo que sentimos. La frustración del que se ve completamente perdido y desorientado, de aquel que no se reconoce momentáneamente. Más allá de la sensación de acogida y bienestar que parece surgir al rodearse de tantos fuegos, nos hemos llenado de desolación emocional.

“Lástima que en aquella época no se hubieran descubierto los hoyos negros en el espacio,

porque entonces le hubiera sido muy fácil comprender que sentía un hoyo negro en medio del pecho,

por donde se le colaba un frío infinito”

-Laura Esquivel, Como agua para chocolate-

 Es cierto que nos dicen que tenemos que aprender a vivir solos, pero claramente hemos nacido para compartir la vida. Nos gusta tener a alguien que sea participe de nuestros logros y tristezas o que nos escuche al llegar a casa. A esa persona a quien llamar, siempre por impulso, cuando queremos comunicar algo.

Conoce tus necesidades actuales

Estarás pensando que había un tiempo en que ir de fuego en fuego nos valía: nos divertíamos, vivíamos experiencias nuevas y cumplíamos nuestros deseos más íntimos. En ese caso todo estaba bien, porque las necesidades que teníamos eran otras.

Sin embargo, las debilidades actuales no son esas. Queremos un fuego de verdad que nos aleje del vacío y la soledad que existe tras despertar en sitios diferentes cada día. Ya no estamos hechos para esto y tienes que ayudarme a reconocerlo. Ahora queremos que nos quemen, que nos arda el corazón y que nos quieran.

“¿Has confundido la necesidad con el amor?”

-Robert Fisher, El caballero de la armadura oxidada-

Es bueno tener las ideas claras para poder encajar las consecuencias de nuestros actos. Es decir, dado que si deseamos hallar calor en otra persona, tenemos que empezar a dirigir la vida que llevamos de otra manera: vamos a permitirnos ser felices, vamos a permitirnos un poco de amor.