Vaginismo: definición, síntomas y tratamientos - La Mente es Maravillosa

Vaginismo: definición, síntomas y tratamientos

Paula Murillo 26 mayo, 2017 en Sexo 0 compartidos
Mujer preocupada por su vaginismo

Una de las principales dificultades conocidas a la hora de mantener relaciones sexuales es el vaginismo. En contra de lo que pueda parecer es algo bastante común, aunque poco reconocido. El vaginismo es una disfunción sexual bastante frecuente que puede generar problemas en la pareja relacionados con la pérdida de autoestima, ansiedad, comunicación o frustración por ambas partes.

Aproximadamente una de cada tres parejas tiene un problema de disfunción sexual. Muchas mujeres se sienten raras o avergonzadas a la hora de hablar de asuntos relacionados con el sexo, el dolor y la imposibilidad de mantener relaciones con penetración. Sin embargo, debemos intentar no infravalorar estas situaciones dado que un problema que tiene solución se convierte en una pesadilla a nivel físico y psicológico para la persona que lo sufre.

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo es un condicionamiento que produce la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que rodean la vagina, provocando el cierre parcial o total de la misma, lo que origina dolor e imposibilidad a la hora de intentar una penetración.

La contracción de estos músculos puede ser leve o intensa. Dependiendo de una u otra se darán situaciones de incomodidad e incluso la imposibilidad de mantener relaciones mediante penetración.
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Mujer preocupada sentada

Esta dentro del grupo de los trastornos sexuales por dolor. En la última publicación del manual DSM-V “los trastornos relacionados con el dolor (dispareunia y vaginismo) son fusionados bajo el nombre de trastorno por penetración / dolor genito-pélvico” (Moyano y Sierra, 2015, p.277-286).

Pese a la nueva categoría lo más usual es referirse al problema de forma clásica como vaginismo. El diagnóstico del problema es complicado dado que se realiza casi siempre en base a la información de la mujer que lo sufre. Sería necesaria la valoración sanitaria mediante un examen. Esto suele ser complicado debido a la contracción mencionada.

Tipos de vaginismo y dolor

Siguiendo los últimos estudios podemos hablar de dos tipos de vaginismo. Según Engman (2007):

  • Vaginismo total: en este caso existe un miedo intenso a la penetración que tiene como consecuencia una evitación a cualquier intento de la misma. Se presenta una contracción total en la zona del suelo pélvico. Es algo que queda completamente fuera del control de la mujer.
  • Vaginismo parcial: la diferencia con el anterior es un reflejo parcial de contractura muscular. Se cierra la vagina durante la penetración (o intento) generando molestias importantes.

Por otra parte debemos distinguir si se trata de un vaginismo primario o secundario. El primario tiene que ver con factores psicológicos o combinados. El vaginismo secundario aparece después de una lesión tras cirugía, una caída, por candidiasis o cistitis de repetición.

¿Por qué me sucede?

El 90% de los problemas de disfunción sexual tienen un origen psicológico.
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Las principales causas identificadas aluden a un trauma o abuso sexual del pasado, factores de salud mental o por una respuesta debida al dolor físico continuado. Pese al rechazo que puede generar a la penetración, no está relacionado con la pérdida de deseo. La mujer puede perfectamente sentir deseo y excitación, y puede llegar al orgasmo mediante la estimulación del clítoris.

Según el modelo de Barlow (1986) “las disfunciones sexuales son debidas a un proceso multidimensional que reúne la interacción entre interferencias cognitivas y ansiedad (…). Así se responde de manera negativa ante situaciones sexuales más o menos explicitas, lo que provoca a su vez la focalización de la atención en estímulos o circunstancias irrelevantes o expectativas negativas“. Tal y como seguiría un proceso natural “estas incrementarán la respuesta emocional negativa que, a su vez, potenciará el proceso negativo y así hasta interferir con la respuesta sexual” (Carrasco, 2001).

Según el DSM-IV puede ser un problema de toda la vida o adquirido. Es decir, ha podido estar presente desde el primer intento de penetración. Si es adquirido, ya sea por la molestia continua en la penetración o por haber sufrido abuso sexual, puede generar un trauma que favorezca que la disfunción se mantenga. Así, siempre es conveniente acudir al médico para descartar factores orgánicos, como vaginitis atrófica o incluso diabetes (que puede producir sequedad e irritación), infecciones o endometriosis.

Mujer tapándose la cara preocupada

Factores personales e impersonales

Según Master y Johnson (1970,1987) existirían los factores personales y los impersonales. Los personales tienen que ver con los problemas con la información, los mitos culturales, los miedos, el miedo al rechazo o al dolor entre otras cosas.

Pese a que sus estudios tienen casi cuarenta años, lo cierto es que los problemas respecto a los mitos y la información continua. Las generaciones son diferentes, pero lo que hace unos años era desinformación actualmente lo podemos traducirlo más como información distorsionada (cine, películas eróticas, “modas”, redes sociales, etc.).

Los problemas impersonales tienen que ver con la comunicación de la pareja, los roles de poder entre los dos, la agresividad, la pérdida de atractivo físico, la desconfianza o las diferentes actitudes hacia el sexo. Esta descompensación puede conducir a problemas dispareunia (dolor físico al mantener relaciones sexuales).

¿Cómo solucionarlo?

Actualmente se recomienda estrategias de carácter multidisciplinar. ¿Esto qué quiere decir? Abordar el problema desde distintas disciplinas médicas. Lo ideal es contar con un ginecólogo, un fisioterapeuta y un psicólogo. En las tres áreas se podrá trabajar desde el control médico, los trabajos musculares de la zona y los pensamientos, actitudes y habilidades sexuales a mejorar individualmente y por parte de la pareja.

A nivel muscular, los fisioterapeutas trabajan con la idea de cambios hormonales, fibras musculares, liberación de calcio y sustancias inflamatorias que afectan a la zona. Normalmente usan técnicas tales como discriminación sensorial, presión manual, dilatadores, enseñanza del suelo pélvico, reeducación postural y el trabajo sobre la zona abdominal cara a una recuperación y prevención a largo plazo.

La parte psicológica, y por lo tanto las terapias sexuales, es imprescindible para completar una correcta recuperación. Recordemos que el 90% tiene un origen mental, porcentaje que se eleva cuando hablamos de las condiciones y circunstancias que hace que el problema se mantenga o intensifique en el tiempo. El tratamiento estará orientando a una serie de puntos clave en tres dimensiones: la de los pensamientos, la de las emociones y la de las conductas.

Objetivos en terapia psicológica

A nivel de pensamiento se revisan los mitos y creencias relacionadas con el sexo. También los miedos y creencias respecto a las relaciones sexuales. El trabajo con las obsesiones y los pensamiento negativo es necesario para avanzar. El sexo y sus dificultades es algo presente en el día a día que genera malestar psicológico asociado.

Las preocupaciones respecto a la pareja y la desconfianza son dos enemigos a batir durante la terapia. Por último se revisan las expectativas en relación al dolor. Respecto a lo emocional se trabajan temas relacionados con ansiedad, miedo y autoestima.

Pareja en el psicologo

Tanto a nivel individual como de pareja, se trabaja con técnicas de exposición in vivo o psicoeducación. En ocasiones las primeras desconocedoras de la anatomía y posibilidades de la vagina son las mujeres.
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Se usa el “entrenamiento en autoexploración y autoestimulación, con lo que se pretende una mejora del autoconocimiento acerca de las reacciones y respuestas del propio cuerpo a la estimulación (…), y la focalización sensorial con el fin de reducir la ansiedad ante el contacto sexual, aprender a dar y recibir placer sexual e incrementar la comunicación” (Olivares Crespo y Fernandez – Velasco, 2003, p.67-99). Todo ello compaginado con técnicas como la relajación muscular (tensión – distensión en la interacción sexual).

Nuestra pareja, un apoyo

Siempre que haya comunicación, comprensión, paciencia y amor podemos encontrar un apoyo terapéutico en la persona que tenemos al lado. Respecto a la presencia o no de la pareja en la terapia las autoras Olivares y Fernandez – Velasco (2003) nos recuerdan que:

Hartman y Daly (1983) han demostrado que la terapia de pareja puede potenciar los efectos de la terapia sexual. Así mismo, Cáceres (1993), aseguraba que la combinación de terapia de pareja y sexuales es necesaria para resolver los problemas sexuales, al igual que la intervención en problemas sexuales sería recomendable, aunque no suficiente para la mejora de la pareja. (p.67-99).

Lo cierto es que solucionar los problema sexuales suele mejorar y mucho una relación de pareja. Cuidado, esto no quiere decir que una dinámica mala en una pareja con problemas diversos se soluciona a través del sexo. El tratamiento de este tipo de problema tiene una muy alta probabilidad de éxito. Es más la vergüenza o el miedo lo que impide que muchas mujeres acaben con el tabú de las dificultades de penetración (ya sea exploración vaginal médica, acto sexual o higiene íntima).

Paula Murillo

Psicóloga, amante del cine y la naturaleza. Cada vez más segura de que el esfuerzo por comprender los pensamientos y emociones de los demás nos hace mejores personas

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