La vanidad: "yo, el mejor de todos"

03 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio
Un vanidoso se suele comportar como si fuera el rey del mundo y trata al resto de las personas como seres inferiores, puesto que tiende a desvalorizar cualquier opinión o posición que no sea la suya. Solo él vale. Solo lo que haga o diga es válido.

Solemos pensar que el hecho de valorarse consiste en tomar todas las habilidades personales y recursos, y recortar los aspectos negativos. Haciendo esto, muchos creen que pueden con todo o que son los mejores en todo y que tienen “buena autoestima”. Ahora, ¿es así? No. Eso es vanidad.

Una autoestima saludable implica el reconocimiento tanto de los aspectos positivos como de los aspectos defectuosos, lo que a su vez permite reconocer el equilibrio interno. Sin embargo, la mayoría de las personas no tienen una autoestima equilibrada y por ello muchas veces apelan a múltiples trampas para lograr compensar esa desvalorización interna que las caracteriza.

La pobreza de los vanidosos

La vanidad se define como ‘el amor exacerbado hacia uno mismo, así como la creencia excesiva en las propias habilidades y en la necesidad de mostrárselas a los demás’. Esto quiere decir que un vanidoso no solo cree en exceso en sí mismo, sino que busca constantemente que otros lo noten o destaquen, porque tiene el deseo compulsivo de ser reconocido y valorado.

El vanidoso no tiene la incapacidad de reconocer y valorar a los demás. Está tan centrado en sí mismo, que permanentemente hace ostentación de sus cualidades geniales con el fin de que los demás las noten y las reconozcan. Por esto mismo, es arrogante y engreído. También tiene una actitud soberbia que lo hace sentirse superior, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico.  

Hombre señalándose a sí mismo por vanidad

Por otra parte, el vanidoso trata de hablar siempre de lo que sabe, pero también de lo que no y hace ostentación vox populi de lo que considera que son sus valores personales. Es experto en ningunear o invisibilizar a las personas. Por ello, descalifica y desvaloriza cualquier opinión, solo la suya será la acertada en todo caso. Además, la persona que tienen al lado no existe para ellos, excepto cuando le aplaude.

El vanidoso tiene tan hipertrofiado su Yo, que no admite personas en su mundo y es tal el alardeo sobre sí mismo que no permite la entrada de otros, con quienes apenas se relaciona de manera superficial. Tiende a establecer relaciones muy asimétricas y puede fácilmente convertir a las que lo rodean en especie de súbditos aduladores de sus propios atributos (así es como considera que la relación puede funcionar).

Por si fuera poco, un vanidoso no va a aceptar nunca que haya otro que quiera estar a su par y no “reconozca” su supuesta superioridad. Además, si esa persona intenta discutirle -para hacerle entrar en razón o por el motivo que sea-, no llegará a ningún sitio, pues el vanidoso solo estará interesado en su propia opinión, en “su versión” de experto de las cosas, que además considera como “la verdad”.

Por todo esto, no resulta sencillo vincularse con personas vanidosas.

La vanidad no es más que la defensa contra el vacío interno

Volvamos a la definición de lo que es la “vanidad” para entender la pobreza del mundo interior de los vanidosos. La primera acepción del Diccionario de la Lengua Española indica que es la cualidad de vano. Luego, lo “vano” está definido como ‘vacío, hueco o falto de sustancia o solidez’.

Teniendo en cuenta estas dos definiciones, podemos ver que la vanidad viene a ser una defensa contra el desvalor propio; es decir, la persona siente un vacío personal y para defenderse de ello, se coloca por encima de los demás. La vanidad viene a ser entonces un reactivo de sobrevalorarse por la ausencia de valor personal.

Pero contrariamente a lo que pretende, el vanidoso produce rechazo en el resto de las personas. Su actitud petulante y soberbia hace que la gente no lo tolere y más bien lo margine. Entonces, la intensidad del deseo de ser reconocido puede ser igual al rechazo que recibe.

¿Cómo reconocer a un vanidoso?

  • Cree que su punto de vista es la verdad única y el único que vale.
  • Se muestra seguro, potente y valorizado.
  • Es rimbombante con sus logros.
  • Publica en las redes sociales tras la imagen de triunfador.
  • Suele creer que tiene razón en todo y desoye a los demás.
  • Trata de mostrar indiferencia, pero le importa muchísimo que los demás tengan una buena imagen. Se desvive para generar una imagen perfecta.
  • Viste bien o al menos usa ropa de marca, para hacer que el resto se dé cuenta.
  • Se enoja con mucha facilidad cuando se le trata de discutir.
  • Se expresa de forma teatral, con entonaciones, para captar la atención de su audiencia.
  • Tiene una actitud explicativa. Siempre está dando cátedra de temas variados y parece que habla encima de una tarima como si los demás fuesen ignorantes.
Mujer egocéntrica

La vanidad tiene varias caras, incluyendo la falsa modestia

Los vanidosos pueden ser -en mayor o menor medida- omnipotentes, ególatras, pedantes, y soberbios… Esto quiere decir que hay distintos tipos de vanidosos.

El vanidoso fanfarrón es el que monopoliza la atención en las reuniones sociales, conduciendo diversos temas. Habla y habla sin dar lugar a los otros y, a veces, queda en ridículo porque intenta proporcionarle conocimientos técnicos de construcción a un ingeniero o explicarle los mecanismos del inconsciente al psicólogo, por ejemplo.

Generalmente, el vanidoso todo lo puede, todo lo sabe, todo lo entiende y no hay nadie mejor que él. Tampoco hay nadie más que sea portador de “la verdad” como él. Luego, si a la vanidad, la egolatría y la omnipotencia se le agregan la pedantería y a la soberbia, el resultado podría ser una conducta delirante, digna de un emperador romano que se cree Dios.

El vanidoso de tipo falso modesto es quien intencionadamente muestra un perfil de “humildad” y se las ingenia para que sea el interlocutor quien alardee y resalte las condiciones que él “trata de ocultar” para que se evidencien.

En cambio, las personas humildes son aquellas que no alardean ni se vanaglorian de sus conocimientos o habilidades. Muchas de ellas reconocen que las poseen, pero no por esa razón andan por la vida haciéndole recordar sus virtudes a la gente. Son justo aquellas personas que nos sorprenden por sus capacidades puesto que nunca se nos hubiese ocurrido que fuesen de su repertorio.