Venustrafobia: ¿pueden las mujeres atractivas provocar miedo?

10 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
Es normal sentirse nervioso al tener que interactuar con la persona que nos atrae. Sin embargo, ¿qué pasaría si esos nervios se convirtieran en pánico que nos impide movilizarnos? Esto es lo que le pasa a las personas con venustrafobia.

El mundo de las fobias es inmenso variado y fascinante. Se conocen fobias de todo tipo, desde la clásica fobia a las arañas, hasta la complejísima (por su pronunciación) hipopotomonstroesquipedaliofobia, miedo a las palabras largas. Entre las fobias raras o poco frecuentes se encuentra la venustrafobia, el miedo a las mujeres atractivas.

Las personas que padecen venustrafobia o caliginefobia tienen fobia a las mujeres que les resultan muy atractivas. Además, la simple presencia de la mujer atractiva es suficiente para producir miedo y ansiedad, no siendo necesaria ni siquiera la interacción con ella. Tampoco es necesario que exista un especial interés afectivo o sexual hacia la figura temida.

El término proviene de la unión de la palabra Venus (en la mitología romana, diosa del amor, la belleza y la fertilidad) y la palabra fobia.

Como sabemos, una fobia consiste en un miedo muy intenso e irracional que provoca que la persona lleve a cabo grandes esfuerzos para evitar el estímulo temido; de no poder evitarlo, lo soporta con gran ansiedad.

Suele presentarse con más frecuencia en hombres heterosexuales, aunque se han descrito también casos en mujeres homosexuales y heterosexuales. A su vez, este tipo de fobia pueden padecerla tanto personas adultas como niños.

Mujer atractiva

¿Cómo se manifiesta la venustrafobia?

Como ya se ha mencionado, los síntomas principales de las fobias en general, y de la venustrafobia en concreto, consisten en miedo irracional y desmedido ante la presenta del estímulo fóbico (mujer considerada atractiva, en este caso).

El miedo se suele acompañar de conductas de evitación y de gran ansiedad y malestar. Además puede acompañarse de los siguientes síntomas fisiológicos:

  • Taquicardia.
  • Escalofríos.
  • Temblor en las piernas.
  • Sudoración fría.
  • Tartamudeo.
  • Pensamientos irracionales respecto a la peligrosidad de la cercanía de una mujer atractiva.
  • Mareos, náuseas y vómitos en los casos más graves de la fobia.

Como todas las fobias, tiene gran repercusión en la vida de los sujetos que la padecen y puede limitar su funcionamiento en ciertas áreas.

Además, haber sufrido un episodio de venustrafobia en alguna ocasión puede provocar el desarrollo de ansiedad anticipatoria, lo que puede llevar a la persona a evitar cualquier situación en la que pudiera coincidir con alguna mujer atractiva, e incluso al aislamiento social.

¿Cuáles son las causas?

Aunque el origen no está del todo claro y se apunta a un origen multicausal, se cree que la venustrafobia puede estar provocada por experiencias traumáticas en la infancia.

Estas pueden ir desde un divorcio propio o de los padres, o un fracaso amoroso, hasta haber convivido con una madre negligente, indiferente o abusiva. En este caso, mediante un proceso de condicionamiento, se acabaría asociando a las mujeres bellas con dolor, sufrimiento y malestar.

En el caso de los hombres heterosexuales y las mujeres homosexuales, la fobia podría ser más frecuente entre aquellas personas con timidez y baja autoestima y, posiblemente, con sentimientos de inferioridad.

Para estas personas puede resultar muy embarazoso interactuar con mujeres de mayor atractivo por miedo a que estas puedan ridiculizarlas o dejarlas en evidencia. En las mujeres heterosexuales, la venustrafobia puede desencadenarse por un contexto de competición.

Tratamiento de la venustrafobia

El tratamiento de elección para las fobias, es decir, el más eficaz, es la exposición progresiva al estímulo temido. Esto consiste en hacer una lista jerarquizada de las situaciones temidas para empezar a exponerse a ellas.

Con la exposición, lo que se quiere conseguir es que la persona se habitúe a la ansiedad que le genera la situación y vea que ésta va disminuyendo conforme se comprueba que las consecuencias temidas no ocurren.

Si durante la exposición la persona se viera desbordada por la ansiedad o incluso llegara a sufrir un ataque de pánico, se podría permitir el abandono de la situación. Este abandono deberá ser momentáneo y la exposición tendría que ser retomada tan pronto como fuera posible.

Es preferible enseñar técnicas de relajación y respiración que puedan ser realizadas en momentos de máxima ansiedad, con el fin de poder evitar el escape. Es importante que estas técnicas no se conviertan en una forma de evitación encubierta.

Se deben identificar también las posibles creencias irracionales y distorsiones cognitivas que estén dando lugar a una sobreestimación del peligro. Estos pensamientos se deben trabajar usando técnicas cognitivas, mediante la búsqueda de pensamientos alternativos más racionales o la búsqueda de evidencias a favor y en contra de la veracidad de los mismos.

Además, si la venustrafobia ha llegado a limitar la vida de la persona tanto que ha terminado por convertirse en un trastorno de ansiedad social, no podemos limitarnos a abordar la fobia simple.

Lo mismo ocurre si el trastorno cursa con depresión. En caso de comorbilidad, la única manera de mejorar el problema será interviniendo, de manera integrada, sobre los síntomas de los distintos trastornos

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”.

-Tito Livio-

Psicóloga con paciente

Reflexión

Vivimos en una sociedad en la que se rinde gran culto al cuerpo y en la que los cánones de belleza pueden resultar inalcanzables. En ocasiones se considera el atractivo físico como única señal de éxito en la vida. Esto provoca la aparición de unas creencias determinadas, como por ejemplo, que una mujer atractiva sólo puede tener una pareja, como mínimo, igual de atractiva.

La comparación con un determinado ideal de belleza solo deja como privilegiados a unos pocos, y puede llegar a afectar gravemente a la autoestima de muchas personas. Deberíamos empezar a valorar de manera más positiva nuestras cualidades, e incluso nuestros defectos (que para otros pueden ser considerados virtudes).

Sobre todo, debemos recordar que la belleza física es algo finito y que, cuando todo se arrugue y cambie de forma, lo que va a quedar de nosotros es nuestra esencia. Recordemos que…

“La belleza está en el interior”.

-La Bella y La Bestia, película de Disney-

“…y que…

Las virtudes a veces están bajo la superficie”.

Vaiana, película de Disney-