¿Qué papel vas a escoger? ¿el de víctima o el de triunfador?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 8 agosto, 2013
Paula Aroca · 8 agosto, 2013

Sí, es cierto, el mundo debería ser más justo y amable, pero la verdad es que no siempre lo es… Las personas suelen tener prejuicios, son inconsideradas, o simplemente no te tratan cómo tú consideras que deberían hacerlo. Ahora, ¿qué vas a hacer al respecto? ¿Qué actitud vas a tomar?

 

Pues tienes dos opciones:

Puedes tratar el tema con la persona que te está afectando, alejarte de la situación, reflexionar para prevenir que vuelva a suceder, ponerte metas que te darán satisfacción y seguir adelante con tu vida. O, por el contrario, puedes enfocarte en cómo te ha perjudicado lo sucedido, afirmar que se trata de una injusticia y un abuso, obtener lastima de los demás y almacenar sentimientos destructivos dentro de ti por el resto de tu vida…

Si escoges la segunda opción, es posible que estés asignándote a ti mismo el papel de víctima, y que a la vez estés cayendo en la trampa de la auto-compasión. Pero, ¿de dónde viene esta tendencia a tomar el papel de víctima?

¿Qué clase de víctima?

No nos referimos a un caso puntual en el que una persona puede realmente ser víctima de un engaño, un maltrato o una estafa, pues nadie está exento de experimentar este tipo de situaciones desagradables en un determinado momento. Queremos hacer referencia a aquellas personas convencidas de que esta clase de eventos son una constante en su vida. En realidad, el mundo no está "contra ellos”, pero es así como ellos perciben la realidad. Se trata de una auto-victimización psicológica.

¿Por qué surge este patrón?

Hay muchas situaciones que pueden inducir a una persona a adoptar este patrón de comportamiento. Algunas son: criarse en un ambiente de constante compasión excesiva, ser sobreprotegido durante sus primeros años de vida, aprender el papel de víctima de uno de sus padres, y no superar emocionalmente la etapa de niño, cuando uno en realidad no tiene demasiado control sobre lo que le sucede.

Es muy importante aclarar que muchos de los que asumen el papel de víctima en forma constante, son aquellos que efectivamente fueron víctimas de algún tipo de abuso en algún momento de su existencia. Ahora, aunque el tiempo haya transcurrido, no saben cómo desempeñar otro rol, no superan el pasado y han quedado atrapados en ese papel.

Los peligros de la autocompasión

¿Cómo actúa quien toma el papel de víctima? Por lo general, estas personas dan vueltas y vueltas en su mente y así alimentan más y más el pensamiento de que aquello que les está sucediendo es una injusticia, una tragedia, etc. Muchas veces esta “rumia mental” logra exteriorizarse y así encontramos gente que gusta de pasar gran parte del día relatando sus penas y dramas personales.

La persona que toma el rol de víctima alimenta emociones negativas y su perfil psicológico incluye sensaciones de pérdida de control, pasividad, impotencia, desconfianza, pesimismo, auto-reproches, altos montos de culpabilidad y vergüenza, hasta llegar incluso a estados depresivos que los mantienen aún más aislados del mundo, en un “círculo cerrado”.

En otros casos, estos procesos se polarizan en odio, rencor y rabia hacia la persona que ellos consideran “el victimario.” Buscan compasión y lástima de otros. Tratan de conseguir que otros validen sus sentimientos y que le reafirmen que este “victimario” sí es una persona realmente muy mala. Luego, suelen manipular a otros (a menudo sus propios hijos) para que actúen como sus “mensajeros”, entregando mensajes con el objetivo de causar sentimientos de culpa al “victimario”, o para recibir más compasión de otros.

Tristemente, la víctima psicológica es un profesional del sufrimiento, toma una actitud pasiva ante la vida y le cuesta adaptarse a las distintas circunstancias. Sigue un ciclo: sentirse herido, mortificarse, generar compasión y manipular a otros para que actúen en su defensa. El problema es que nunca llega a la raíz del conflicto para así poder eliminar aquello que le causa dolor o para ser capaz de cambiar su modo de reaccionar a lo que le sucede.

En ocasiones, este patrón psicológico llega a convertirse en un vicio, como dijo John W. Gardner: "La lástima por uno mismo es una de los narcóticos no farmacéuticos más destructivos. Es adictiva, da placer sólo al momento y separa a la víctima de la realidad."

¿Es posible un cambio?

Por supuesto que sí, siempre se puede cambiar. La verdad es que la autocompasión y el que otros concuerden en que tu situación es bastante lamentable no va a solucionar nada. Es más, crea otras víctimas. Si te sientes descontento con el rumbo que está tomando tu vida, piensa: “¿Qué voy a hacer al respecto?” Lo mejor es trazarse metas o, por lo menos, una meta. Identifica los pasos que tienes que tomar para lograrla y actúa.

Puede ser que, cuando niño, hayas sufrido por algún evento que estaba fuera de tu control, pero hoy en día, ya como adulto, no eres impotente. Toma consciencia de que eres protagonista de tu propia vida y que tienes todas las capacidades y el derecho de tomar tus propias decisiones. Sí, incluso puedes decidir cómo sentirte. Nadie más tiene el control sobre tus estados interiores, sobre tus pensamientos y sentimientos. Tú eres quien tiene el control, ¿lo sabías?

No te dejes abatir por el pesimismo y la desesperación. Utiliza tu imaginación y tu voluntad para ubicarte al mando de tu existencia. Crea una nueva realidad para ti, una realidad llena de maravillas para disfrutar y por las cuales agradecer cada día. Un mundo amigable y no lleno de enemigos al acecho… ¡Usa ese control para cambiar tus circunstancias y ser feliz

Imagen cortesía de Hartwig HKD