¡Viejos son los trapos! La cuarta edad, la nueva vejez

3 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por psicólogo Marcelo Rodríguez Ceberio
En las últimas décadas, nuestra esperanza de vida ha aumentado de forma considerable y con ello está cambiando el concepto de vejez. Esto implica dar la bienvenida a la cuarta edad, la última fase de la vida que se caracteriza por cambios a todos los niveles.

La imagen social del anciano como aquel individuo aislado, que goza de tranquilidad y reposo bien ganado, en su casa, mirando su jardín o jugando bochas o a la petanca en la plaza a los 60 años, ¿es correcta?

La población anciana de 85 años ha ascendido un 231% en las tres últimas décadas. La longevidad asciende y el porcentaje de nacimientos decae: esta relación inversamente proporcional señala que se están viviendo tiempos que obligan a una modificación en las estructuras sociales y familiares.

El cielo puede esperar

Viejos eran los de antes… Sí, esos eran verdaderamente viejos. Hace más de cuarenta años atrás, cuando la prensa se refería a una noticia en la que se hallaba involucrado alguien de 60 o 65 años, el titular remarcaba: Un sexagenario…. Los tiempos han cambiado y mucho. Hoy presenciamos una nueva vejez y aquellos, nuestros abuelos de entre 55 y 70 años, son una especie en extinción. 

Mujer mayor con los brazos abiertos en la playa

Lo que se denominaba la tercera edad, en cuyo grupo hacían gala los gerontes, adultos mayores, viejos y ancianos, era un ciclo evolutivo compuesto por una serie de particularidades que definían a la vejez.

Por ejemplo, en la estética se utilizaban ciertos colores que acercaban a la finitud: marrón, negro, gris, azul oscuro, colores que relacionan la muerte o el luto y por supuesto nada de diseño o estar a la moda, sino todo lo contrario, la austeridad ante todo. Si el viejo usaba jeans y zapatillas se estaba tratando de hacer el adolescente; si la vieja se maquillaba usaba tacones o blusas de colores, era una desubicada o se interpretaba que quería competir con su hija, ni que hablar que usase calzas y de colores…

En relación a la esperanza de vida en el mundo –y estas son cifras de la OMS en el 2013–, hay 33 países, con Japón a la cabeza, cuya esperanza de vida va de los 80 a los 84 años. Entre los países europeos que superan el rango de los 80 años se encuentra España, Suecia, Suiza, mientras que los países americanos se ajustan en un nivel aproximado que va desde los 72 hasta los 81 años donde se halla Canadá, por ejemplo; mientras que en los países del continente africano la media es baja (55 años).

Definitivamente existe una nueva vejez: la tercera edad deja de ser la última, hay una cuarta edad que inicia a los 75 años. En la actualidad, los ancianos de 60 de entonces, tienen entre 20 y 25 años mas de vida activa, y cuando las fronteras de la vida se extienden de esta manera, la vida cambia, cambian los proyectos, los amores, la sexualidad, los trabajos, el disfrutar…

Hoy hay consciencia de salud: se practica deporte tres o cuatro veces por semana, o al menos se camina 30 minutos. Los gimnasios tienen más personas que superan los 60 años, reduciendo abdómenes y fortaleciendo glúteos y la preocupación por comer de forma saludable con dietas bajas en colesterol y reducidas en lípidos es mayor.

Con el efecto cirugía logran abdómenes lisos, bustos prominentes, párpados abiertos… También está la técnica del botox que rellena arrugas mostrando cutis más lozanos. La estética en general, la tintura (tanto para la mujer como para el hombre), las cremas, la ropa actualizada. Hoy, ¡quién puede tildar de viejo a una persona de 60!   

Los cambios que caracterizan a la cuarta edad

En la era antiviejismo, los hombres usan cremas antiage sin ningún tipo de impedimento y hasta los más atrevidos y atrevidas se tatúan. Las mujeres se miran al espejo e intentan mostrarse seductoras y no escatiman seducción en las relaciones, lucen su busto turgente y fortalecen glúteos en el gimnasio.

El viagrismo ha renovado la sexualidad y, con ello, un amor activo que ha posibilitado el amor después del amor generando nuevas parejas después de viudez o separaciones. Las estructuras de pareja y, por ende, las estructuras familiares, cambian el hasta que la muerte nos separe por el hasta que la vida nos separe, puesto que el ser longevos expone mas tiempo y riesgo para sostener una relación.

La longevidad muestra los avances tecnológico-médicos con resonancias y tomografías, y una farmacología avanzada que posibilitan prevenir enfermedades y actuar sobre ellas.

En síntesis, el ser longevo lleva a constituir nuevas parejas que ensamblan familias, una sexualidad activa que otorga placer en una época en la que se daba por perdida, un abuelazgo activo y lúdico, una  jubilación que encuentra personas jóvenes y activas, y duelos, enfermedades e internaciones geriátricas, que se viven cada vez más tardíamente.

Personas mayores bailando como ejemplo de envejecer con salud

Sin embargo, cabe aclarar que los cambios humanos llevan a crisis que deberán superarse: vivir mucho o ser longevo constituye un problema biopsicosocial, político y económico. En esta época, la cuarta edad modifica, entre otros, los ciclos evolutivos: la adolescencia se ha prolongado, la madurez se ha retrasado, las parejas se consolidan más tarde y más tarde es la venida de los hijos.

Las obras sociales colapsan porque la finitud de la vida se ha prolongado y deben sostener más la salud de personas octogenarias a través de análisis clínicos, medicamentos, internaciones. Por último, hace que el Estado deba postergar el inicio del pago de pensión, dada la cantidad de años que deberá mantener a la clase pasiva puesto que ya no es pasiva a la edad estipulada.

Más allá de estos inconvenientes, superadas las crisis, vivir más implica tener más tiempo en vida a las personas que amamos, como también prolongar las situaciones compartidas. Por lo tanto, debemos cuidar las buenas emociones y sentimientos de las relaciones y darles perdurabilidad. Ya que el cielo puede esperar, en la tierra construyamos situaciones de bienestar y felicidad.