La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad - La Mente es Maravillosa

La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad

Cristina Medina Gomez 27 diciembre, 2015 en Emociones 11639 compartidos

Si hay algo que de verdad nos mueve son la curiosidad y las ganas de conocer cosas, mundos y experiencias nuevas. La curiosidad nace a la vez que nosotros de una manera innata y se mantiene a lo largo de toda nuestra vida: en el momento en el que sentimos que no hay nada que nos conmueva a seguir conociendo, tenemos un problema.

Esta es la gran razón por la que el escritor portugués, Saramago, nos decía que ‘la vejez empieza cuando se pierde la curiosidad’. En otras palabras, relacionamos la juventud con la vitalidad y con las ganas de disfrutar sin límites del mundo; mientras que unimos la vejez a la empatía por la vida y a la apetencia por descubrir más sobre lo que nos rodea…

La curiosidad es la marca de los niños

Seguramente hayas podido comprobar que a los niños, sobre todo cuando son más pequeños, les posee unas ganas de conocer extremas. Ellos se llenan de una energía que los mueve a preguntarlo todo, a quererlo todo y a tocar todo lo que esté en su camino: es normal, están creciendo y quieren conocer dónde están y qué es lo que puede ofrecerle la vida.

Niñas jugando

En cierta medida, este es el primer paso de su aprendizaje como personas y somos los adultos los que estamos obligados a fomentar que esa curiosidad continúe y se desarrolle de forma positiva e intelectual. De esta manera es como nosotros hemos aprendido también a mantenerla constante,  la que nos mueve y nos guía a superarnos: es eso lo que nos hace sentirnos jóvenes (más niños),  no la edad.

La U invertida de la curiosidad

En esta misma línea en la que entendemos la curiosidad como guía, se han realizado algunos estudios iniciados justamente por querer saber por qué somos curiosos. Las investigaciones han determinado, de forma resumida, que somos más curiosos en aquellos momentos en los que sabemos un poco de un determinado tema y queremos saberlo todo de él.

La curiosidad, en estos casos, se podría representar como una U invertida, en la que el punto de inicio nos despierta la curiosidad de conocer la amplitud completa de dicha U. Este factor se relaciona con otros estudios que han demostrado que la curiosidad está ligada a la memoria y al aprendizaje: la curiosidad ayuda a retener en la memoria aquello que puede llamarse aprendizaje motivado, como recompensa.

Cómo fomentar la curiosidad

Con todo lo comentado, podemos entender que la vejez se relacione con la falta de curiosidad: dejar de querer aprender es similar a quitarle sentido a la vida. Es importante mantener siempre la curiosidad en nosotros, aquella que nos ha llevado a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América. Gracias a ella hemos hecho avances en todos los campos de estudio.

La mejor forma de fomentarla es como hemos dicho estimularla, en su parte positiva, en los niños. Aquí vamos a ver algunas maneras de hacerlo:

  • Desarrollar la imaginación: experimenta y déjalos experimentar, trata de convertir la rutina diaria en nuevas ‘excursiones’ en las que cada día se aprenda algo nuevo.
  • Da ejemplo: si quieres que un niño aprenda algo acompaña lo que dices con el ejemplo. Si ellos ven que tú mantienes tu curiosidad, incluso por cosas cotidianas, ellos también lo harán.
  • Responde a sus preguntas: no sirve de nada responderle a un niño un ‘porque sí’, salvo para que se calle. Intenta darle una explicación coherente para que poco a poco estas explicaciones le lleven a plantearse más cosas.
  • Déjale hacer las cosas por sí mismo: los niños tienen que descubrir que se pueden cometer errores y que es necesario hacerlo para aprender. Si le das la oportunidad de entender esto le estarás ayudando a manejarse en situaciones difíciles y, al mismo tiempo, a potenciar su creatividad.

Niños jugando en globo

Cristina Medina Gomez

Teóricamente filóloga y esencialmente humana, por lo que siempre busco encontrar en las palabras la manera de conocerme y, por qué no, de conocernos: a veces escribir no es brindar belleza, es hallar moldes emocionales que nos unan a los demás.

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