Vikingos, ¿asesinos sanguinarios?

26 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador Juan Fernández
Temidos por sus contemporáneos, la descripción que nos han dado de los vikingos se confunde con sus leyendas. Sin duda, fueron más granjeros que guerreros.

De entre todos los pueblos que han recorrido las páginas de la historia, seguramente uno de los más conocidos y admirados sean los vikingos. Inspiradores de multitud de novelas, series, largometrajes o épicas, todos tenemos una imagen definida de estos marineros y guerreros. Sin embargo, el conocimiento histórico que tenemos de ellos está lejos de ser tan claro y, a menudo, contradice la leyenda popular.

Hay que tener en cuenta que, como nos sucede con muchas otros grupos en los albores de su historia, los textos contemporáneos que nos hablan de los vikingos o normandos en los siglos VIII o IX fueron escritos por sus enemigos.

Si a sus escasos escritos, le unimos el increíble choque cultural que pudo suponer para la Europa occidental y meridional su llegada, obtenemos el cóctel que ha llegado a nuestros tiempos. ¿Pero la imagen de despiadados, sanguinarios e invencibles invasores es cierta?

Europa en el siglo VIII

En el año 476 después de Cristo, Rómulo, el último emperador de la vertiente oeste del Imperio Romano es depuesto por Odoacro. Parecería el fin de una era, pero la realidad es bien distinta.

Tras la crisis del siglo III, la sucesiva llegada de tribus bárbaras y la pérdida del poder de Roma habían supuesto la disgregación del Imperio en territorios más o menos independientes. Visto desde nuestros días, con perspectiva, los árabes o los vikingos solo fueron otro más de los pueblos que invadieron el orbe cristiano en estos siglos. Visto desde sus ojos, fue todo lo contrario.

Lo cierto es que los nuevos reinos nacidos de la unión de la cultura romana y las bárbaras gozaban de cierta estabilidad y paz. Con la notable excepción de la Península Ibérica, el resto de territorios no temían la invasión de pueblos paganos.

Los bárbaros habían sido romanizados y cristianizados, y la guerra entre cristianos respetaba ciertos códigos. La amenaza árabe no estaba presente en las costas cantábricas o del norte, o en las tierras del interior. Los sajones u otros pueblos que aún adoraban a antiguos dioses no eran una amenaza potente.

Vikingos

Vikingos en las costas

En el año 793 después de Cristo en el monasterio de Lindisfarne, Inglaterra, se produce el primer ataque normando relevante en Occidente, dando comienzo a la llamada era vikinga. El enfrentamiento, al igual que muchos de los sucesivos, fue tremendamente desigual.

Muchos de los monasterios, puertos o poblaciones cercanas a las costas europeas carecían de defensas, al contrario que en el mundo Mediterráneo. Los monjes y aldeanos carecían de preparación militar. La debilidad invitaba a continuar con los saqueos.

Los vikingos, no cristianizados aún, no respetaban los lugares santos. Tras siglos de refinada «paz cristiana», la barbarie de los gigantes del norte resultó absolutamente traumática. De aquellos relatos proviene nuestra visión actual.

Las victorias de Abderramán II, Ramiro I o Luis III lo demuestran, los normandos eran vulnerables.

Bárbaros despiadados

Aquellos que sufrieron el pillaje vikingo recogieron toda una serie de crueldades y torturas. Las fuentes escritas dibujan un panorama nunca antes visto, pero es difícil discernir hasta qué punto son exageraciones.

Algunos líderes normandos, como el hoy día célebre Ragnar, sí parece que destacaron por su salvajismo. Otros, sin embargo, pudieron ser indiferenciables de los ejércitos de su época. Parece claro que prácticas como el «Águila de sangre» son obra de la imaginación de los cronistas.

El terror que generaron sus saqueos en tierras de relativa paz, su llegada inesperada, el desconocimiento de su cultura por parte de los cristianos y su aura de invencibilidad los convirtió en guerreros legendarios.

Hoy día las pruebas arqueológicas apuntan a que, más que soldados, debieron ser comerciantes y agricultores. De hecho, no aprovecharían su habilidad para la navegación en saqueos hasta que su tierra natal no sufriese crisis de sobrepoblación. Aún en las épocas de mayor violencia, su principal fuente de ingresos siguió siendo el comercio.

Barco Vikingo

La invencibilidad de los vikingos

Sus barcos, capaces de remontar los ríos europeos, les permitían realizar rápidos ataques sorpresa. Su altura, que hoy día no superaría la media en cualquier país europeo, en el Medievo los convertía en gigantes. Sus tácticas de terror favorecerían la rendición de sus adversarios, evitando entablar combate. Su disciplina militar, al margen de lo que hoy día podamos considerar, era intensa para su época. Pero distaban mucho de ser invencibles.

Si bien es cierto que acumularon victorias sorprendentes en la Europa Occidental y la Oriental, su fin nunca fue la conquista. Los rápidos ataques y huidas favorecieron sus saqueos, pero los monarcas europeos no tardaron en tomarles la medida.

Las victorias de Abderramán II, Ramiro I o Luis III lo demuestran, los normandos eran vulnerables. Tras las primeras décadas dramáticas comenzarían a aliarse con las distintas facciones de la política europea, hasta integrarse plenamente en un mundo que tanto les había temido.

Aún hoy día, la leyenda y la Historia se entremezclan en el legado de uno de los pueblos más fascinantes del Medievo.

  • Moskowich, Isabel (2002). El mito vikingo: el escandinavo como el “otro” en la Inglaterra medieval, UDC.
  • Jones, Gwyn (1984). A History of the Vikings (revised edition), Oxford.