Villa 21, un exitoso experimento de antipsiquiatría

Edith Sánchez · 13 octubre, 2018
Villa 21 fue un interesante experimento de antipsiquiatría que se centraba en darle mayor autonomía a los pacientes mentales para que llegaran a la sanación mediante un entorno favorable que los validara como sujetos.

David Cooper realizó un experimento que podemos enmarcar dentro de la antipsiquiatría en un lugar llamado Villa 21. Los resultados fueron muy alentadores, pero, por alguna extraña razón, son pocos los psiquiatras que los reivindican. Lo que puede haber detrás de esta ignorancia intencional son intereses económicos. Obviamente genera más beneficios dopar a un enfermo mental que proponer otro tipo de intervenciones. Para lo uno basta un médico y unas pastillas. Para lo segundo se requiere más personal, tiempo y análisis.

Desafortunadamente persisten y se alimentan una serie de prejuicios frente a la enfermedad mental. Se promueve la idea de que una persona afectada por esquizofrenia o trastorno bipolar es peligrosa para quienes le rodean. Las estadísticas de la propia Organización Mundial de la Salud indican que solo el 5% de los diagnosticados incurren en conductas violentas. Entre las personas llamadas “normales” el porcentaje es del 10%.

Durante mucho tiempo, el tratamiento para las patologías mentales ha estado centrado en generar mecanismos que repriman las emociones y conductas. Básicamente se utilizan los fármacos que reducen la intensidad de las emociones y el internamiento en hospitales mentales. David Cooper se opuso a ese esquema. De su visión, en la que predomina un enfoque más humano, surgió el experimento de antipsiquiatría llamado Villa 21.

… “la Antipsiquiatría es política y subversiva, por su misma naturaleza, con respecto al represivo orden social burgués (…) Antipsiquiatra es quien está dispuesto a correr los riesgos involucrados en alterar progresivamente y radicalmente la forma en la que vive”.

-David G. Cooper-

La visión de Cooper

David Cooper desarrolló una visión de la “locura” con un enfoque fenomenológico y existencial. Estaba muy influenciado por las ideas de Herbert Marcuse. Se apartó de la idea de que las enfermedades mentales tenían un origen físico y más bien puso un especial énfasis en los factores sociales como detonantes de esos estados de ruptura con la realidad. A partir de ese enfoque realizó su experimento de antipsiquiatría.

Para Cooper había tres tipos de locura:

  • La demencia. Es la que nace por el impacto que ha tenido el sistema sobre los individuos. Las guerras, la pobreza, los daños ecológicos, etc. Esa realidad desorganiza el mundo interior de los sujetos.
  • El “viaje interior”. Son rupturas con la realidad, en las que el individuo pretende recuperar lo más auténtico de sí mismo, romper con la alienación y construir un proyecto de vida propio.
  • La “demencia social”. La causada directamente por entornos enfermos, que terminan enfermando al individuo. Tales entornos pueden ser la familia, la escuela, el trabajo, etc. La única salida que le queda a la persona es enloquecer para huir de esos contextos.

Cooper siempre tuvo la convicción de que era posible curar todas esas patologías. Al contrario de la psiquiatría tradicional, no pensaba que fueran enfermedades crónicas, sino que se podían superar con el acompañamiento adecuado. Eso fue lo que intentó hacer con su experimento de antipsiquiatría.

David G Cooper

Villa 21 y el experimento de antipsiquiatría

En un gran hospital mental de Londres, Cooper logró que le fuera asignada una sección para realizar su experimento antipsiquiátrico. A dicha sección se le dio el nombre de “Villa 21”. Básicamente partió de la idea de que los jóvenes y adolescentes no debían estar mezclados con los enfermos que ya llevaban varios años de “encierro” en el hospital.

Logró entonces que le permitan abrir una sección especial para jóvenes y adolescentes. Así organizó una comunidad terapéutica que funcionaba de manera independiente y autónoma, frente a las demás dependencias del hospital, que en total tenía 2.000 camas. Villa 21 solo tenía 19 camas. Todos los integrantes de esa sección eran personas que habían recibido el diagnóstico de esquizofrenia por primera vez.

La selección del personal de atención se basaba en un criterio similar. Se elegían médicos y asistentes de salud que fueran jóvenes y que hubieran tenido poca experiencia con los hospitales mentales. Se buscaba que fueran fácilmente permeables a un nuevo enfoque y que no cargaran con prejuicios del pasado.

Sala de un psiquiátrico simbolizando un experimento de antipsiquiatría

Unos resultados interesantes

En Villa 21 se promovió la autonomía. Los pacientes gozaban de un amplio margen de libertad para tomar las decisiones que consideraran pertinentes. Se evitó poner normas en cualquier terreno en el que fuera posible la flexibilidad. Eran los pacientes quienes decidían y acordaban las actividades diarias a realizar dentro de la unidad.

Se buscó darle especial importancia a la dinámica grupal. Como acompañante de estos procesos siempre había un profesional de la salud cuyo papel era simplemente facilitar y sugerir. Pero finalmente eran los pacientes quienes decidían las actividades y el modo como serían desarrolladas. De este modo se formaron varios sub-grupos de trabajo que tenían un funcionamiento horizontal.

personas simbolizando un experimento de antipsiquiatría

En un principio hubo una etapa de caos con este nuevo método. Sin embargo, con el tiempo los pacientes lograron establecer una organización estable y funcional que redundaba directamente en su bienestar. El experimento estuvo vigente entre 1962 y 1966. Durante esa etapa pasaron por allí 42 pacientes. Todos ellos fueron dados de alta antes de un año. Solo un 17% tuvieron que volver a ser ingresados. Aún así, el experimento de antipsiquiatría fue cancelado, aunque ha servido de modelo para nuevos ensayos.