Vivir la soledad sin tristeza

Yamila Papa · 8 abril, 2014
Vivir la soledad puede suponer un gran desafío. Muchas personas no están preparados, sin embargo, otros la desean. ¿Cómo afrontar la soledad?

Hay tres características que definen la soledad: constituye una experiencia subjetiva porque puede sentirse aún cuando se está en un grupo; es el resultado de una o varias relaciones sociales deficientes, resulta desagradable y produce angustia o depresión. Salvo contadas excepciones, vivir la soledad es algo que no se desea, como tampoco la tristeza.

No es lo mismo que el aislamiento social, ya que la persona no lo quiere de esa manera, sino que no se siente a gusto con los amigos o compañeros que tiene porque considera que son demasiado superficiales, vacíos o poco dignos de confianza.

Entonces, vivir la soledad tiene que ver con lo emocional y con lo social, al mismo tiempo. Pero también, dicen los expertos, con la incapacidad que tienen las personas a manifestar sus opiniones o sentimientos.

El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.”

-Arthur Schopenhauer-

 

Si la habilidad de relacionarse es deficiente, entonces hay más posibilidades de quedarse solo, de vivir la soledad, porque las relaciones son menos empáticas y entusiastas. Los que padecen neurosis no resultan muy amables o preciados, rechazando todo tipo de amigos potenciales para protegerse a sí mismos de un posible rechazo.

Vivir la soledad ¿voluntaria o indeseada?

 

Mujer triste por vivir la soledad

La definición más frecuente de soledad dice que se trata de la carencia de compañía y se la vincula con los estados de desamor, tristeza y negatividad. Pero, sin embargo, no tiene en cuenta los beneficios de vivir en soledad ocasional y deseada. El típico “necesito estar solo” sirve para pensar, darnos cuenta de ciertas cosas, descansar, aclarar la mente, etc.

Lo contrario ocurre cuando, por ejemplo, perdemos a un ser querido. Desaparece de nuestra vida y en su lugar queda un gran vacío que no se puede llenar tan fácilmente. La tristeza, la desesperanza y otros sentimientos similares no tardan en aparecer. Nos vemos como perdidos, sin puntos de referencias para continuar. Es la“soledad no deseada”, que trae mucho dolor y es una de las más complicadas de tratar.

Como seres sociales que somos, es complicado vivir en soledad, precisamos de los demás para poder sentirnos bien. Esto no quiere decir que solo se trata de cubrir nuestras necesidades, sino que también ayuda a aumentar el desarrollo del otro, afianzar la autoestima, mejorar los modales y la empatía, etc.

Llenar un vacío

La pérdida de alguien (y por consiguiente la soledad) es ireemplazable, pero no irreparable. Ese agujero o hueco queda allí hasta que nos permitamos llenarlo. ¿Cómo? Con confianza en nosotros mismos tendremos la fuerza suficiente como para establecer nuevas relaciones.

Esto no quiere decir que el proceso ocurra de un día para otro, pero tarde o temprano ocurrirá. Debemos lograr que la ausencia de esa persona no pase a ser una falta “social” o “general” con todos los demás.

Sin duda, es una soledad dolorosa, pero tenemos la capacidad de convertirla en algo positivo si la interpretamos o la observamos como una oportunidad para aprender a vivir de una forma diferente.

Debemos interiorizar y controlar ese sentimiento tan profundo e irracional, aprendiendo a no tenerle miedo y a no pensar que se trata de una debilidad. Todo lo contrario, debe ser tomado como la posibilidad de que sea nuestra mayor fortaleza.

 

¿Qué es la soledad social?

Mujer que tiene que vivir la soledad de la pérdida

Una persona que padece de soledad social es la que casi no habla con nadie o solo con algunos miembros de su familia. Es cada vez más frecuente en las ciudades, donde ni nos enteramos quiénes viven en la casa de al lado. Si a eso le sumamos que cada vez menos gente se reúne “cara a cara” y que los mensajes son por correo electrónico, móvil o redes sociales, la situación empeora.

Las obligaciones diarias, las extensas jornadas laborales, el estrés y la crisis son también amigos de la soledad social que padecemos hoy en día. A su vez, las relaciones no son como antes, donde se podía confiar más en la gente, donde el otro no estaba preocupado en “salvarse” sin importar el resto.

Estamos cambiando nuestra naturaleza y dejando de ser sociales para pasar a convertirnos en seres “tecnológicos” o máquinas.

Cómo vencer la soledad no deseada

Mujer que tiene que vivir la soledad liberando unos pájaros

Estos simples pasos te ayudarán a dejar de lado esa tristeza y dolor que te aqueja cuando te toca vivir la soledad:

  • Diagnostica el problema, el tipo de soledad que estás sufriendo y por qué se debe. Es preciso ser muy objetivo en este punto.
  • Conócete a ti mismo: elimina el miedo que no te permite mirar en tu interior, afronta la necesidad de ser como eres, conoce tus ilusiones, tus limitaciones, tus miedos, etc.
  • Adiós a la timidez: toma la iniciativa en tus relaciones o para conseguir nuevas. Establece qué tipo de personas te interesan y elabora una estrategia para contactarlas.
  • Recuerda que no hay nada que perder y si mucho por ganar: el miedo a ser rechazado es uno de los mayores obstáculos en este problema, tanto para conseguir un amor o un amigo.
  • No te victimices: el mundo puede estar lleno de gente mala, cruel, materialista o superficial, pero seguramente hay miles de otras personas con virtudes.
  • No te encierres: si sufres por la soledad social pero sigues en tu casa frente al PC, no cambiará mucho la situación.

“Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo entre una multitud atareada.”

-Charles Baudelaire-

Pero no todo es tan malo como parece

Vivir la soledad puede ser una opción deseada. A veces nos empeñamos en tener a alguien a nuestro lado y podemos correr el riesgo de convertirnos en dependientes. Muchas personas eligen vivir en soledad, lo que no significa vivir aislados de la sociedad. Tienen amigos, familia, pero no desean atarse a nadie. Eligen esa libertad.

Elegir la soledad como compañera puede representar un gran reto, ya que nos puede ayudar a interiorizar y a conocernos mucho mejor a nosotros mismos. Llegar a casa, sentarnos en silencio y repasar nuestro día es un ejercicio que cuando vivimos en soledad podemos realizar de forma más tranquila. Aún así, cuando convivimos con más gente, deberíamos poder tener nuestros momentos de soledad.