William B. Irvine y el arte de la buena vida

Edith Sánchez·
20 Marzo, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
20 Marzo, 2021
Para William B. Irvine, el mundo de hoy puede ganar mucho si vuelve sus ojos hacia la filosofía clásica. Actualmente casi nadie tiene una filosofía de vida y esto lleva a que sufra más de lo necesario o no se encuentre un sentido a la existencia.

William B. Irvine es profesor de filosofía en la Wright State University (Ohio, EE. UU.). Se volvió célebre en muchos países gracias, principalmente, a la publicación de dos libros: El arte de la buena vida y Sobre el deseo: por qué queremos lo que queremos. Su obra, en conjunto, se centra en los valores que parecen regir al mundo actual en Occidente.

Este filósofo se ha declarado seguidor de la escuela estoica, una corriente cuyos principales representantes en la Antigüedad fueron Zenón, Séneca y Epicteto. Se caracterizaron por promover el principio de ejercer control sobre las situaciones y pasiones que perturban la vida.

En términos éticos, los estoicos apuestan por la responsabilidad individual, la prudencia y la moderación. Señalan que la razón de ser del hombre es la felicidad y que esta se alcanza por medio de la virtud. Esta tiene que ver, a su vez, con las conductas razonables. William B. Irvine piensa que el estoicismo sigue vigente y que el mundo debería volver los ojos hacia este.

El arte de vivir se parece más a la lucha libre que al baile”.

-Marco Aurelio-

Mujer respirando con los ojos cerrados

William B. Irvine y el estoicismo

William B. Irvine ha señalado que el estoicismo es una práctica de vida. Muchos piensan que los estoicos son una suerte de “santurrones” que evitan, o más bien reprimen, las emociones negativas para mantener su “justo medio” en la vida. Irvine indica que esta es una visión distorsionada.

De lo que se trata en el estoicismo es de lidiar con las emociones negativas. El propósito no es negarlas o inhibirlas, sino abordarlas al estilo que Séneca propone en las Consolaciones. En esta obra, el filósofo romano señala que el único bien es el bien moral y el único mal es el mal moral; todo lo demás es indiferente.

Así pues, las lamentaciones y el sufrimiento provienen del hecho de que las desgracias no se esperan y no se aceptan. Algunos viven en la fantasía de que la desgracia nunca les sobrevendrá; por lo tanto, cuando se presenta causa sorpresa y resistencia. Los estoicos, y William B. Irvine en particular, piensan que “lo negativo” es en realidad una interpretación de lo real. En otras palabras, es cada persona quien le da esa connotación.

La filosofía y la vida

William B. Irvine hace énfasis en el hecho de que la filosofía tiene un papel muy diferente en el mundo de hoy frente a lo que representaba en la Antigüedad. En aquel entonces era un espacio para repensar la realidad, mientras que ahora se ha convertido en un saber académico.

Sin embargo, todo el mundo necesita y, de hecho, adopta, una filosofía de vida. El problema es que actualmente no hay dónde buscarla, pues no es algo que aporte alguna facultad. Por lo tanto, las personas se ven obligadas a buscar en otros espacios esos preceptos o guías para vivir.

Lo más habitual es que sean las religiones las que dicten ese catálogo de conductas que le darían un orden y un sentido a la vida. Sin embargo, lo usual es que todo termine concentrándose en un conjunto de prohibiciones y mandatos. Esto no es una filosofía de vida, dice William B. Irvine, sino una compilación de preceptos.

Las personas pueden tener una religión, e incluso ir a la universidad a estudiar filosofía, pero no por ello tienen una filosofía de vida. Frente a esto, lo que propone William B. Irvine es pensar la vida, mejor si es con la ayuda y la pauta que dan los filósofos, con el objetivo de construir individualmente esta filosofía de vida. Una propia y no intercambiable, aunque sí flexible.

Mujer disfrutando el atardecer

La alegría estoica

El arte de la buena vida consiste en enfocarse en disfrutar de todo, sin apegarse a nada. Si surge el apego, surge el exceso y este es fuente de sufrimiento. Vivir con virtud es vivir de una manera razonable, no apegarse a los preceptos de una doctrina. A su vez, ser razonable es buscar la felicidad y mostrar una cierta flexibilidad ante las circunstancias.

William B. Irvine y los estoicos plantean que la raíz del sufrimiento no está en las realidades mismas, sino en la opinión que se construye en torno a ellas. Así, por ejemplo, si sucede algo “malo”, esto no es malo en sí. Si se adopta otra opinión, quizás matizando “lo malo”, se llega a descubrir que tal vez no fue tan negativo, o que también trajo un aporte o que quizás no importa.

Así pues, lo que está bajo control son los juicios, las opiniones y los valores. Una persona decide su forma de razonar y la perspectiva que adopta frente a la realidad. Todo lo demás está fuera de control, así que, en la óptica de lo estoicos, tampoco importa. William B. Irvine es uno de esos autores que vale la pena consultar para nutrir la vida.

Irvine, W. B. (2019). ¿Por qué duelen los insultos?