¿Y si estamos abusando de la etiqueta "narcisista"?

El trastorno narcisista de la personalidad es una condición psiquiátrica. No podemos trivializar su uso designando con este término a ese amigo egoísta, a ese jefe que nos cae mal o a esa expareja con la que siempre discutíamos...
¿Y si estamos abusando de la etiqueta "narcisista"?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 23 agosto, 2022

Cuando escuchas la etiqueta “narcisista”, ¿en quién piensas? ¿Quizás en ese compañero de trabajo que es un poco trepa? ¿En esa madre que ignoraba por sistema las necesidades de sus hijos? ¿En ese amigo que miente más que respira?

Todos convivimos con más de una persona problemática; sin embargo, no todas se ajustan al criterio clínico de esta condición psiquiátrica. No podemos negar que atravesamos una época en la que términos como “hombres o mujeres tóxicas” o “hacer gaslight (luz de gas)” están casi a la orden del día. Sin embargo, el término “narcisismo” navega de manera casi constante en nuestras conversaciones. Lo usamos para describir a innumerables figuras de nuestros entornos sociales. ¡Sálvese quien pueda, el mundo está lleno de narcisistas!

Muchos insisten en que solo quienes han tenido la mala suerte de conocer a uno saben lo que es. Otros piensan que aún no se diagnostica lo suficiente. Eso sí, en cualquier caso, el uso indiscriminado de esta etiqueta trivializa el impacto real de este trastorno de la personalidad.

Puede haber personas con rasgos narcisistas, es cierto. De hecho, todos somos un tanto narcisistas. Sin embargo, la propia condición psiquiátrica engloba un conjunto de dimensiones más amplias, más problemáticas y lesivas, que trazan una malignidad psicológica muy concreta. Y algo así no es tan común como creemos.

No es conveniente usar la palabra “narcisista” como término peyorativo. Esto nos distrae del auténtico impacto que tiene el propio trastorno de la personalidad.

Mujer estresada gritando a su pareja la etiqueta "narcisista"
Todos nosotros podemos evidenciar en algún momento determinados rasgos narcisistas.

No es lo mismo ser narcisista que presentar un trastorno de personalidad narcisista

Son muchos los pacientes que acuden a terapia psicológica porque han sufrido el abuso de una persona con un claro trastorno de la personalidad narcisista. La realidad es que las personas con esta condición psiquiátrica suelen terminar produciendo daños en la salud mental de las personas con las que conviven.

Dejan secuelas e incluso pueden llegar a ocasionar traumas. Asimismo, quien evidencia este trastorno también suele tener que enfrentarse a otros muchos derivados: soledad, adicciones, depresión…

Es importante comprender que no es lo mismo ser narcisista que evidenciar un problema psiquiátrico. Porque, aunque nos sorprenda, todos manipulamos, mentimos, a la vez que intentamos esconder nuestros defectos y hacer más notables nuestros talentos. Además, en determinadas épocas puede consumirnos el deseo de ser el centro de atención. Todos podemos sentir envidia y hasta ser un poco prepotentes.

El problema llega cuando todos esos rasgos aparecen juntos (sumados a otros más) y son estables en el tiempo. Más aún, el trastorno de personalidad narcisista entra dentro de un espectro que va de menor a mayor gravedad. Es decir, hay personas funcionales que, aun evidenciando esta condición, logran adaptarse y manejarse bien en sociedad.

Sin embargo, el problema se intensifica cuando llega con el narcisismo maligno.

En la actual cultura de los selfies, los influencers y el poder de las redes sociales, es muy común etiquetar estas conductas como narcisistas. Sin embargo, con esta moda restamos importancia al impacto de quienes presentan realmente esta condición.

Hombre en terapia psicológica pensando en la etiqueta "narcisista"
Las personas con un trastorno narcisista de personalidad presentan además otros problemas clínicos como depresión, trastorno bipolar, etc.

La prevalencia de este trastorno está entre el 0,5 y el 5 % de la población

El abuso de la etiqueta “narcisista” no encaja con la realidad y la literatura científica. Una investigación publicada en el The american journal of psychiatry nos aporta unos datos que vienen siendo los mismos desde hace años. La incidencia de este trastorno está entre el 0.5 y el 5 % de la población. 

Ahora bien, si nos vamos a esa cohorte poblacional que ya presenta algún trastorno mental, las cifras llegan al 17 %. Es decir, el trastorno de personalidad narcisista suele aparecer junto a otros problemas clínicos, como el trastorno bipolar, el trastorno de la personalidad antisocial, el histriónico, el esquizotípico, el pasivo-agresivo, etc.

Por tanto, las personas que evidencian esta etiqueta clínica no son únicamente mentirosos, egoístas o traicioneros. Demuestran una conducta muy problemática, dañina para su entorno y también para ellos mismos. Son personas que terminan enfermando y derivan en ciclos de elevada autodestrucción.

El narcisismo no siempre es negativo. Hay características que nos pueden beneficiar en un momento dado. En cambio, el trastorno de la personalidad narcisista, en su extremo más acusado, es potencialmente lesivo y peligroso.

La etiqueta “narcisista” no puede usarse a la ligera

El trastorno de la personalidad narcisista solo puede diagnosticarlo un profesional especializado. Estamos ante una condición clínica que recoge el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) y que se incluye en el apartado de los trastornos del grupo B.

Lanzar la etiqueta “narcisista” de manera peyorativa a cualquier persona solo porque nos caiga mal o nos inoportune, es un error. Lo es porque, como bien hemos señalado, todos nosotros tenemos más de un rasgo narcisista. Y, a veces, esa conducta nos beneficia porque nos impulsa al logro, a ser más ambiciosos.

El narcisismo saludable existe y no todos los que demuestran algún factor narcisista tienen un problema mental. De este modo, la madre que es fría emocionalmente, por ejemplo, no siempre tiene por qué tener un TPN (trastorno de la personalidad narcisista).

El hermano que quiere ser el centro de atención, la amiga que se hace muchos selfies, el compañero trepa que quiere ascender o el profesor que busca renombre en la universidad no deberían recibir la etiqueta de “narcisistas”.

La ambición, la falta de empatía, la vanidad y el egoísmo siempre han existido y existirán. Las personas con las que cuesta convivir, también. No caigamos en el prejuicio rápido o de lo contrario infravaloraremos a quienes de verdad se están enfrentando a estas figuras tan peligrosas.

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