Ya has aprendido a ser fuerte, ahora te toca ser feliz

3 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
De alguna manera, las épocas de adversidad son escenarios en los que aprendemos a ser fuertes. Ahora bien, esa fortaleza no debe alzar muros ni alambradas, no hacernos olvidar que ahora también es un buen momento para ser felices.

Al final, llega un momento en que lo logras: aprendes a ser fuerte. La vida es maestra en este sentido y te enseña de varias formas a edificar una actitud incombustible. Entonces, te dices a ti mismo que vas a poder con todo, que tienes recursos para afrontar cualquier tipo de adversidad… Pero quizá, te estás olvidando de lo más importante: de que el tiempo no es solo un medio para lograr metas futuras, que ahora también te toca ser feliz.

La felicidad no está en otro lugar; está en este, aquí mismo. La persona feliz no posterga su felicidad; la vida acontece ahora, siendo incertidumbre lo que vendrá después. Estas palabras del poeta Walt Whitman no pueden ser más acertadas e inspiradoras.

Sin embargo, para quien acaba de pasar por una época complicada, no es nada fácil aplicar este consejo. No lo es, en primer lugar, porque cuando pasamos momentos difíciles nos cuesta mucho situar la mirada en el presente.

Además, caminamos por el mundo a la defensiva, cuidando de que nada de lo sucedido con anterioridad vuelva a ocurrir. Ponemos la mirada en el retrovisor de nuestra memoria, repasando el ayer, intentando obtener cuantos más aprendizajes mejor para estar preparados, por lo que pueda pasar.

Si has pasado por un episodio negativo, complejo o traumático, no te obsesiones con ser fuerte: piensa en ser flexible. La tentación de ponerte a la defensiva puede ser muy grande, la de protegerte para que nada levante la postilla donde hubo herida.

«El que vence a los demás es fuerte; el que se vence a sí mismo es poderoso».

-Lao Tse-

Hoja con forma de corazón simbolizando que te toca ser feliz

Has aprendido a ser fuerte, pero ahora te toca ser feliz

El equilibrio cotidiano enseña, como enseñan nuestras vivencias, relaciones, cada cosa que leemos y lo que descubrimos a cada instante. Sin embargo, hay un hecho en el que conviene profundizar: las personas que han pasado por un hecho traumático no siempre saben darse nuevas oportunidades para alcanzar la felicidad. Es como si salieran todos los días con un paraguas enorme, aunque nada anuncie que vaya a llover.

Decía Antístenes, filósofo griego y fundador de la escuela cínica, que uno de nuestros propósitos debe ser hacer de nuestra alma una fortaleza inexpugnable. Ahora bien, ¿de qué nos sirve convertirnos en un muro regio e infranqueable? La luz rara vez pasa por una pared de piedra, nada se ve a través de ella y, lo que es peor, su entrada es infranqueable para aquellos que deseen conocernos.

Por tanto, quien se obsesiona con desarrollar una personalidad fuerte. a menudo lo que consigue es vivir siempre a la defensiva, por el miedo a ser nuevamente heridos. No es la mejor estrategia. Porque la felicidad no armoniza con el miedo ni con quien acumula un exceso de mecanismos de defensa.

Chico triste al atardecer pensando en que te toca ser feliz

Puedes ser feliz: ahora sabes cuáles son tus prioridades vitales

Desde que Martin Seligman asentara las bases de la psicología positiva en los años 90, las cosas no han cambiado demasiado. Seguimos siendo testigos de ese florecimiento de las publicaciones en materia de autoayuda para enseñarnos a ser felices. Abundan las caras a amarillas sonrientes y esos gurús que prometen darnos las claves para realizarnos como seres humanos.

Quien ha pasado por hechos complicados y hasta traumáticos no siempre obtiene ayuda de estos libros o manuales. Expertos en el tema, como los psicólogos Jerome Wakefield de la Universidad de Nueva York y Allan Horwitz de la Universidad Rutgers, escribieron un libro titulado La pérdida de la tristeza. Aquí nos hablan precisamente de aspectos muy interesantes relacionados con este tema.

Un ejemplo. A día de hoy se prioriza en exceso la obligación de «ser feliz». Tanto es así que estos expertos señalan que estamos desvirtuando y dejando al lado de nuestro repertorio emocional, realidades como la angustia, el miedo o la tristeza. Así, quien ha pasado por la adversidad, acumula en mayor grado esos estados internos. ¿Cómo ser feliz entonces? ¿Qué pueden hacer estas personas para alcanzar el bienestar?

Lo crean o no estas personas tienen una ventaja muy particular. Quien no ha pasado dificultades vitales, a menudo, fantasea con la felicidad en términos algo idealistas (tener una pareja perfecta, lograr un gran trabajo, hacer un viaje increíble…). Sin embargo, quienes han aprendido a ser fuertes, valoran aspectos mucho más básicos: la calma, el equilibrio, el cariño de las personas amadas, estar bien con uno mismo

Todas esas dimensiones edifican en realidad, los pilares de la auténtica felicidad.

Chica ante el mar simbolizando cuando caemos de nuevo en la depresión

Las clave del bienestar en realidad es la combinación inteligente de muchas claves

La vida te ha hecho fuerte y, ahora, te toca ser feliz. Has pasado por diferentes tormentas, por cambios de sentido a veces bruscos en tu recorrido vital. Y en efecto, mírate, te has convertido en alguien que sabe ser fuerte como el grafeno.

Sin embargo, a ese material del que ahora te revistes, debes añadirle otras aleaciones y propiedades. Una de ellas es la flexibilidad, otra la de ser receptivo, aceptar el cambio, y trabajar tu apertura hacia lo que te rodea para seguir encontrándote y encontrando aquello que va contigo.

Ahora bien, en medio de ese sendero existe una clave que te permitirá trabajar en tu felicidad. Ese componente es quizá el más importante y, de él, ya nos habló en su día Viktor E. Frankl en su célebre libro El hombre en busca de sentido. Nos referimos, cómo no, a hallar un propósito a nuestra vida. 

Es darle un significado, una fuerza motivadora e intrínseca que encienda nuestras ilusiones. Ese motor interno debe impulsarnos cada mañana a seguir superándonos, a marcar metas en el horizonte tomado como base lo que nos es significativo. Trabajemos en ello.