Yo, Daniel Blake: el hombre común

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 diciembre, 2018
Leah Padalino · 28 diciembre, 2018
¿Qué ocurre cuando nos quedamos atrás en el sistema? ¿Cómo afecta el desempleo a determinadas edades o sectores de la población? ¿Protegen los gobiernos a quienes más lo necesitan? Yo, Daniel Blake narra la asfixiante realidad del hombre común, nos sumerge en un callejón sin salida del que será muy difícil escapar.

Yo, Daniel Blake (2016) es una película británica del cineasta Ken Loach, protagonizada por Dave Johns y Hayley Squires. Loach es un director que se caracteriza por una filmografía marcada por los dramas sociales, por un realismo crudo con tintes ideológicos. El cine de Loach se nutre de la propia realidad y utiliza los medios audiovisuales con una finalidad clara: denunciar las desigualdades, la contemporaneidad y las consecuencias del progreso que no se ven en los medios.

A comienzos del siglo XX, las guerras, las revoluciones, la Gran Depresión, etc. dibujaron escenarios que copaban todas las portadas en la prensa. Los cineastas comenzaron a fijar su atención en la realidad, a inspirarse leyendo periódicos. El cine realista posee diversas vertientes, se ha visto relacionado con el cine documental y en cada país ha adquirido diferentes connotaciones. En Francia, por ejemplo, destaca Jean Renoir y, en Italia, con el neorrealismo, el cine hundirá sus raíces en la Italia de posguerra, en un país devastado que nos ha regalado uno de los movimientos más interesantes de la historia del cine.

Mostrar la realidad tal como es, sin maquillaje, sin adornos, sencillamente, retratando la sociedad de un momento y lugar determinados. Loach sigue los pasos de otros autores realistas y utiliza su cine para lanzar un discurso ideológico e invitar a la reflexión acerca del mundo que nos rodea. Un cine naturalista británico que nos ha regalado títulos como: Riff Raff (1990), The wind that shakes the Barley (2006) o el que nos ocupa: Yo, Daniel Blake.

Yo, Daniel Blake: la otra cara de Europa

Europa, el viejo continente, un espacio que alberga multitud de países, multitud de identidades y culturas. Ese lugar de conquistadores, de historia, de riqueza, pero también de guerra y sufrimiento. Un lugar idealizado, donde el eurocentrismo, a veces, nos impide ver más allá de nuestras fronteras e, incluso, obviar realidades que ocurren dentro de las mismas. Europa es sinónimo de cultura, de progreso, de lo antiguo y de lo nuevo, un continente lleno de oportunidades… o eso es lo que parece.

El Reino Unido es otro de los grandes iconos del continente, pero también del mundo. Es uno de esos lugares a los que miramos desde abajo, nos asombra su belleza, su cultura… Es el hogar de Shakespeare, de los Beatles y hasta de Harry Potter. ¿Qué puede haber de malo allí? Yo, Daniel Blake es la historia del hombre común, del que no destaca, del vecino que habita la vivienda de al lado, del hombre que va a buscar el pan por las mañanas… En definitiva, del hombre europeo, o del mundo, de cualquier rincón o lugar que sobrevive al progreso como puede.

Y tras el hombre común se esconde la protesta, la dura crítica a los gobiernos, a la administración, a aquellos que nos deberían proteger y, sin embargo, no lo hacen. Seres productivos y consumidores, eso es lo que se necesita, personas que estén dispuestas a darlo todo por la empresa, que nunca enfermen, que no tengan ataduras. ¿Qué ocurre cuando el mundo ha cambiado tanto en tan poco tiempo? ¿Qué le ocurre a una persona que supera los 50 años y se ve sin trabajo y enferma?

Daniel Blake es un carpintero viudo que, tras sufrir un infarto, su médico le aconseja no volver al trabajo. A pesar de ello, para el Estado, su enfermedad no es tan grave como para no trabajar y deberá conseguir un empleo. Entre un sinfín de trámites burocráticos, Blake conocerá a Katie, una joven madre desempleada que apenas puede alimentar a sus hijos. Los avances tecnológicos y un Estado extremadamente rígido dificultarán, todavía más, la situación de los personajes.

Lo real y lo común

La situación de Daniel y Katie no es la más común, pero tampoco es un caso aislado. Loach tiende a mostrar la peor de las facetas de la sociedad, retratando, en este caso, como un hombre corriente, con un trabajo y una casa, puede acabar en una situación de pobreza. Y ahí reside la magia de la cinta, en el hecho de pensar que a cualquiera nos puede pasar, que todos, en cierto modo, somos Daniel Blake.

Trabajar y pagar impuestos, comprar una vivienda, tener la nevera llena; cuando seamos ancianos, recibiremos una pensión como compensación… todo ello es algo normal, algo que hemos asumido, al menos, mientras dura el trabajo. Como ciudadanos tenemos ciertas obligaciones con el Estado y, a cambio, recibimos tranquilidad y estabilidad.

El Estado nos necesita y nosotros necesitamos al Estado, hasta aquí, todo parece un intercambio totalmente justo. ¿Qué ocurre cuando perdemos nuestro empleo y nos vemos obligados a seguir con nuestras obligaciones ciudadanas? ¿Cómo pagar una casa si no podemos llenar la nevera? Una situación asfixiante que desencadena la denuncia de Loach.

Daniel Blake tendrá que enfrentarse a la amarga burocracia, deberá pelear para poder salir de esa situación en la que se ha visto sumergido. Se encuentra en un auténtico callejón sin salida del que resulta casi imposible escapar: su salud le impide trabajar, pero si no trabaja, tampoco podrá vivir en una sociedad en la que todo, absolutamente todo, se compra con dinero.

La cinta recorre el infierno de la ciudad actual, de los suburbios, de los comedores sociales y la marginalidad a la que se ven sometidas algunas personas. Y, en este caso, lejos de retratar tópicos como podrían ser las minorías, retrata al hombre de a pie, al hombre británico cuya suerte parece haberse esfumado. De este modo, desde lo común, desde el nombre propio al que apela el título de la cinta, nos hace partícipes de su sufrimiento y nos hace reflexionar acerca de nuestra propia situación dentro de la sociedad.

Daniel Blake, un personaje real

Su nombre, ese nombre que escuchamos ya desde el título, ese nombre tan real y tan común, Daniel Blake, es la clave de la denuncia, es la víctima del gobierno. Una víctima que bien podría ser nuestro padre, nuestro abuelo, nuestro tío o incluso nosotros mismos. Daniel Blake es un hombre de unos 50 años, nacido en el siglo XX cuando no existían los smartphones y la palabra Internet era una gran desconocida.

El mundo ha avanzado a pasos agigantados, ha desechado el papel y lo ha sustituido por pantallas. Daniel se ha quedado atrás, es incapaz de utilizar un ordenador y nadie va a salvarlo. Si no rellena los formularios, no conseguirá salir de su prisión, pero la brecha digital no entiende de desesperación. El mal está encarnado por el gobierno, las víctimas son aquellos ciudadanos a los que no ha sabido (ni ha querido) proteger.

Un escenario conocido por todos será el marco de la denuncia, las ciudades contemporáneas son el locus terribilis en el que los ciudadanos de a pie sufrirán la crueldad de sus gobernantes. El retrato del funcionario impasible, que cumple con su trabajo porque tampoco le queda otra alternativa; del hombre atrapado por el desempleo, la enfermedad y la pobreza… Todo ello le valió a la cinta el aplauso de público y crítica, además de la Palma de Oro del prestigioso Festival de Cannes.

Y es que la reflexión que aporta nunca cae en la superficie de la indiferencia, todos y cada uno de nosotros podemos ser Daniel Blake. Todos y cada uno de nosotros somos, sin quererlo, partícipes de un sistema ciego y sordo ante nuestras necesidades y que no dudará en echarnos en el momento en el que dejemos de aportar, sea por una u otra razón.

No interesan hombres de mediana edad enfermos, no interesan madres solteras, no interesan las ataduras y no interesa lo personal; lo único que importa es la productividad. Si no estás dentro, estás perdido; si te quedas atrás, será difícil volver a empezar. Una situación desoladora, quizás demasiado lacrimosa, pero real, con nombre e identidad propias, eso es lo que retrata Loach en Yo, Daniel Blake.

“Yo, Daniel Blake, exijo mi cita para ayuda social antes de que muera de hambre”.

-Daniel Blake-