3 fantasmas silenciosos que ocasionan la mayoría de las rupturas de pareja - La Mente es Maravillosa

3 fantasmas silenciosos que ocasionan la mayoría de las rupturas de pareja

Edith Sánchez 2 mayo, 2017 en Psicología 3275 compartidos

Las rupturas de pareja suelen ser muy difíciles de sobrellevar, incluso traumáticas, para quienes las sufren. De hecho, la pareja es uno de los temas que encabeza las preocupaciones de un buen número de personas en el mundo. Se ha convertido en un territorio temido, pero igualmente deseado como dimensión a la que muchos apuntan para alcanzar la felicidad.

No es frecuente que una pareja se siente a evaluar sus problemas y decida que es hora de terminar. La mayoría de las rupturas son en alguna medida abruptas para uno de los dos. Y también es común que estén rodeadas de conflicto, confusión y dudas.

En una discusión, lo difícil no es defender nuestra opinión, sino conocerla”.

-André Maurois-

En incontables oportunidades las rupturas se dan cuando en la pareja todavía hay amor. Quizás no brille, quizás no sea como el de los primeros días, pero ahí está. Y el sentimiento se experimenta más intensamente justo cuando acaba todo y logras medir el vacío que el otro deja en tu vida.

Siempre es mejor prevenir, especialmente si amas realmente a tu pareja y quieres que la relación dure mucho. Por eso es importante que permanezcas atento y no permitas que ciertos agentes erosivos comiencen a deteriorar la relación. Dentro de ellos hay tres que intervienen en la mayoría de las rupturas amorosas. Son los siguientes.

El exceso de críticas, un factor que induce las rupturas

Así como al comienzo no hay más que halagos, muchas parejas llegan a un punto en donde ocurre todo lo contrario. Lo que va y viene son las críticas. Muchos de esos cuestionamientos provienen de una cierta desilusión que aparece cuando cesa el enamoramiento y con él la idealización.

Hay quienes reclaman a su pareja no ser “el príncipe azul” o “la princesa encantada” de la que se habían enamorado. En el fondo, lo que critican es no haber respondido a esa fantasía que tenían en su mente. Dicen que el otro “cambió”. Hasta cierto punto, se sienten engañados al descubrir que el otro no era la “media naranja” que había soñado, sino un ser humano con necesidades mundanas y defectos que no son graciosos.

Las críticas son más adecuadas en otros terrenos, como el laboral o el intelectual. En el mundo de la pareja se puede vivir sin ellas. Siempre tienes la opción de aceptar al otro o no. Pero si no lo dejas ir y tampoco lo aceptas, el clima se puede tornar muy tenso. Muchas rupturas de pareja se evitarían si en lugar de estar luchando porque el otro cambie, trabajáramos con nosotros para aceptarlo. Hay una diferencia entre que no nos demuestre que nos quiere y que no lo haga como a nosotros nos gustaría, por ejemplo.

Los comportamientos defensivos

Este tipo de comportamientos aparecen comúnmente cuando no se ha resuelto un conflicto previo. Todas las parejas tienen problemas. Todas pasan por situaciones en las que deben perdonar, pero a veces no se tramitan adecuadamente esos episodios y queda “algo” que sigue causando daños silenciosos.

rupturas

También aparecen conductas defensivas cuando uno de los dos es muy inseguro y desarrolla una gran dependencia. Tanto en este caso, como en el anterior, lo que sigue es más o menos infernal para ambos. El uno se siente amenazado, real o imaginariamente. Y el otro es un eterno sospechoso que o comienza a desarrollar sentimientos de culpa infundados o juega a controlar el miedo del otro.

En estas condiciones la pareja ya no se siente unida por el amor, sino por el conflicto. De ser dos personas que deberían apoyarse y potencializarse entre sí, pasan a ser una suerte de enemigos no declarados. Desconfían el uno del otro. Se protegen de su pareja. En ese punto, o se confronta el problema para encontrar la solución o se da paso a una ruptura que puede ser muy sana para los dos.

La evitación del conflicto

La evitación del conflicto es también un comportamiento defensivo, pero se expresa de manera pasiva o latente. La lógica que impera es la de ignorar los problemas para no dar lugar a discusiones, distanciamientos o, por supuesto, rupturas.

Alguno de los dos puede estar actuando de manera equivocada, desconsiderada o lesiva para el otro. Sin embargo, quien es objeto de todo esto se calla. No dice nada porque sabe que hablar puede ser la gota que rebose la copa y dé lugar a una ruptura. Lo que une en este caso es la dependencia y el miedo.

Lo malo es que por más que se eluda el conflicto, este no desaparece. Siempre que dejas un problema por ahí sin resolver, no tiende a diluirse, sino a crecer. Lo usual es que aparezcan grandes caudales de angustia. También que emerja una gran tristeza o incluso depresión. Y, mientras tanto, el problema central sigue agravándose.

Mantener unida a una pareja no es solamente un asunto de afecto. Se requiere inteligencia para sortear las contradicciones que siempre surgen. Si te interesa mantener vivo el amor y evitar las rupturas, lo mejor es aprender a comunicarte amorosa, pero también francamente. Y abandonar las fantasías de adolescencia, que traen mucho más sufrimiento que satisfacción.

Imágenes cortesía de Darek Puczel

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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