4 claves que te dirán si eres un Peter Pan

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 septiembre, 2017
Pedro González Núñez · 27 septiembre, 2017

No es extraño que un señor como JM Barrie, cuya máxima era “los dos años marcan el principio del fin”, pusiera en boca de uno de sus personajes, la Señora Darling, la exclamación de “¡oh, por qué no podrás quedarte así para siempre!”. Curiosamente, podría ser que haya gente capaz de quedarse siempre así: se les llama popularmente Peter Pan.

Sin embargo, esto no parece tan sencillo. De hecho, aquellas personas que deciden no madurar, o al menos intentarlo, acaban por enfermar. Es más, tiene un nombre, el Síndrome de Peter Pan. Pero no es tan agradable como a priori pueda parecer. Vamos a comprobarlo.

“Quizás la aventura más grande de todas fuera que se les había pasado con mucho la hora de irse a la cama”

–J. M. Barrie-

¿Qué es el síndrome de Peter Pan?

Una persona adulta que se comporta como un niño puede hacernos cierta gracia durante un tiempo. Sin embargo, es algo que puede llegar a cansar, ya que no solo son las gracias y los comentarios jocosos lo que hay que soportar. Una persona con el síndrome de Peter Pan no quiere crecer y madurar, por lo que nunca llega trascender o superar esa fase egocéntrica, narcisista e inmadura propia de los niños.

Hombre con síndrome de peter pan con peluche

Pero todavía hay más. Estas personas hacen auténticos esfuerzos por evitar responsabilidades y temen a los compromisos como si de pesadillas nocturnas se trataran. Por ello confunden el verdadero significado de la palabra libertad, pues consideran que todo cuanto conlleve un acto responsable o comprometido atenta contra ella.

Hoy en día, este perfil comienza a abundar en nuestra sociedad. La publicidad fomenta la eterna juventud y el hedonismo, las oportunidades laborales son escasas y la dependencia económica de los progenitores se alarga en el tiempo, por lo que este síndrome empieza a aumentar su incidencia. Y, aunque no exclusivo del género masculino, sí predomina.

¿Cómo detectar al eterno Peter Pan?

Como es lógico, hay formas de detectar estas actitudes que, llevadas al extremo, desembocan en trastornos o síndromes serios. Veamos qué indicadores delatan a los futuribles Peter Pan.

Miedo al compromiso

Ya lo hemos visto, pero este perfil muestra un miedo atroz al compromiso. En este sentido, no quiere decir que una persona no desee tener pareja, por ejemplo. Puede perfectamente participar de una relación, pero siempre habrá momentos en que no querrá ir más allá.

Para aclarar el miedo al compromiso, digamos que un afectado por este síndrome rara vez aceptará casarse, comprar una vivienda junto a su pareja o profundizar en problemas que le pudiesen llevar a afianzar la relación y perder parte de su ‘libertad’.

Sombra de niño en un árbol

Son manipuladores

Curiosamente, este perfil de persona aparece como un ser encantador. Sin embargo, bajo su fachada de persona extrovertida, divertida e inteligente se encuentra un tipo manipulador con un miedo enorme a los cambios.

No es extraño encontrar en personas con este perfil frases tópicas como ‘yo no soy esclavo de mi trabajo’, para justificar su incapacidad de evolución, para llevar a cabo un simple cambio de empleo o para aguantar algunas condiciones laborales que le obligan a hacer un esfuerzo.

Detalles… con uno mismo

Otro punto polémico que muestran los perfiles del señor Pan. Sí es cierto que son personas detallistas, aunque por lo general, consigo mismos. Es decir, incluso si hacen un regalo a otra persona, será algo que les guste a ellos, e incluso que puedan obtener cierto beneficio de él.

No es extraño que una persona así pueda hacer un regalo de poco interés a otra. Es decir, sirve como excusa para que finalmente el presente acabe en sus manos o lo disfrute él mismo, en lugar del regalado.

Chico jugando a los videojuegos con su novia

Son caprichosos

Otro rasgo distintivo de estos personajes. Suelen ser muy caprichosos. De hecho, se apegan temporalmente a sus posesiones físicas y, cuando encuentran otra, terminan por desechar y volverse locos con cualquier otra cosa.

Por ejemplo, un día pueden aparecer con un coche deportivo que, al cabo de los años, te enteras que fue su sueño de juventud. Pero mañana podrían perfectamente cambiarlo por una moto que, casualmente, también fue un deseo de la infancia.

¿Conoces a alguien con este tipo de síndrome? Lo cierto es que no son extraños de encontrar. Si es así, un poco de ayuda psicológica profesional nunca puede venir mal.

“No podía atiborrarse sólo por el placer de sentirse atiborrado, que es lo que más le gusta a la mayoría de los niños”

–J. M. Barrie-