5 frases de Antonin Artaud para soñar

Edith Sánchez · 6 diciembre, 2018
Solo algunas de las frases de Antonin Artaud permiten vislumbrar su trágica existencia. Fue un genio que pasó su vida entre las grandes creaciones literarias y la internación en hospitales psiquiátricos. Se le considera el padre del teatro moderno.

Las frases de Antonin Artaud están llenas de poesía y vitalidad. Son fruto de un creador que exploró prácticamente todos los géneros literarios, aunque cobró notoriedad principalmente como poeta y dramaturgo. De hecho, se le conoce como el creador del “teatro de la crueldad”.

Se puede decir que todo el teatro moderno bebe de la filosofía que este extraordinario escritor francés le imprimió. Muchas de las frases de Antonin Artaud hablan precisamente del teatro, pero también de otras realidades humanas que descubrió en el marco de una existencia de sufrimiento.

He estado enfermo toda mi vida y no pido más que continuar estándolo, pues los estados de privación de la vida me han dado siempre mejores indicios sobre la plétora de mi poder que las creencias pequeño burguesas de que: basta la salud”.

-Antonin Artaud-

A los 4 años, Artaud sufrió una meningitis que le dejó secuelas para toda la vida. A los 9 años, sorpresivamente murió su hermana y se sumergió en un proceso de duelo que no superó del todo. Quizás hayan sido esas difíciles vivencias las que lo convirtieron en un escritor de profunda sensibilidad y lucidez. Estas son algunas de las frases de Antonin Artaud que más se recuerdan.

1. ¿Qué es vivir?

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas”.

Es una de las frases de Antonin Artaud más hermosas. Asocia en ella la vida y la esencial ignorancia que la define. Nacemos sin saber apenas nada y morimos habiendo resuelto tan solo una mínima parte de esos interrogantes que nos acechan.

Artaud no habla de esa ignorancia desde un punto de vista intelectual. Por eso emplea la palabra “arder”. Todo ese no saber es una llama que quema. No sabemos exactamente de dónde venimos, ni hacia dónde vamos, ni por qué estamos aquí.

Hombre con los brazos abiertos frente a pájaros

2. El cine, una droga

El cine tiene, sobre todo, la virtud de un veneno inofensivo y directo, una inyección subcutánea de morfina”.

Esta frase es una exaltación y una crítica al cine. Artaud era principalmente un hombre de teatro y veía con cierto escepticismo el boom del cine. Le parecía que esa mediación de la pantalla demeritaba lo que exhibía.

Por eso le otorga un valor ambiguo a este arte. Lo llama morfina, que es al mismo tiempo una sustancia dañina y portadora de cierto bienestar. De ahí que lo defina como un veneno inofensivo: es intrínsecamente negativo, pero no genera daños graves.

3. Una de las frases de Antonin Artaud sobre el ser

Allí donde huele a mierda, huele a ser”.

Son muchas las frases de Antonin Artaud en las que se revela su espíritu intenso y casi violento. La enfermedad de su infancia lo convirtió en una persona nerviosa, que con el paso del tiempo desarrolló delirios paranoides.

Por eso Artaud pasó largas temporadas internado en hospitales psiquiátricos. La frase del encabezado, aunque dicha de una forma agresiva, revela un mensaje muy humano. El ser no es algo solamente sublime, sino también prosaico y vulgar.

4. El lenguaje de las palabras

No ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible”.

Antonin Artaud fue también alguien muy interesado en los fenómenos místicos. Durante su niñez y su juventud fue muy devoto de la religión. Después emprendió nuevas búsquedas espirituales, que incluso lo llevaron a convivir con la comunidad de los Tarahumara en México.

Su forma de ver la vida lo hacía muy sensible a los fenómenos más sutiles. Con los Tarahumara se compenetró profundamente, a pesar de la barrera del idioma. Quizás por eso la frase alude al hecho de que las palabras son solo uno de tantos medios que existen para comunicarnos y generar entendimiento.

Personas comunicándose

5. La única ocupación

Estoy en el punto donde ya no toco a la vida, pero tengo en mí todos los apetitos y la titilación insistente del ser. Solo tengo una ocupación: rehacerme”.

Artaud fue sobre todo un explorador del espíritu humano. Después de su estancia en México se adentró en algunas prácticas esotéricas, como el Tarot , la astrología y la numerología. Su obsesión por estos temas lo llevó nuevamente a un estado de extremo nerviosismo.

En 1938 fue deportado de Irlanda hacia Francia por “exceder los límites de la marginalidad”. Luego pasó nueve años internado en hospitales mentales. Fue una época de gran sufrimiento para él y que ratificó su odio por la psiquiatría, a la que culpaba por el daño hecho a muchos seres humanos.

Antonin Artaud murió en 1943, después de haber pasado por varios tratamientos electroconvulsivos que lo diezmaron física y mentalmente a un grado extremo. Gracias a un grupo de amigos pudo pasar sus tres últimos años fuera de las instituciones mentales.

  • Carrilho, C. (2015). La crueldad creadora de Antonin Artaud y sus implicaciones para la formación de profesorado.