5 razones por las que es más difícil recibir que dar

¿Qué hay de cierto en la hipótesis de que es más difícil recibir que dar? En este artículo os traemos 5 razones que dan sentido a lo que en principio nos puede parecer ilógico. En muchos casos se esconde el miedo, pero, ¿miedo a qué?
5 razones por las que es más difícil recibir que dar
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 11 abril, 2021

¿Crees que es más difícil recibir que dar o al revés? ¿Cómo nos sentimos cuando damos algo al otro? Ya sea parte de nuestro tiempo, ayuda, amor, cariño, elementos materiales (por ejemplo regalos), etc. Normalmente, dar nos hace sentir bien. Pero, ¿y recibir? ¿Sabemos recibir? ¿Nos han educado para ello, o rechazamos los elogios? ¿Nos genera inquietud recibir, como una sensación de que “le debemos algo al otro”, como si esperaran algo de nosotros?

Está claro que las relaciones humanas son complejas y que no hay una respuesta universal para todo esto que cometamos. Además, ¡cada persona es un mundo! Sin embargo, para este artículo hemos seleccionado 5 de las razones por las que es más difícil recibir que dar.

5 razones por las que es más difícil recibir que dar

¿Qué crees que se esconde tras la dificultad que tenemos muchas veces las personas por recibir? ¿Por qué no siempre nos sientan bien los elogios o los regalos? ¿Qué es lo que tememos realmente?

¿Y por qué nos cuesta, muchas veces tan poco, dar? Reflexionamos, a través de 5 razones, sobre por qué es más difícil recibir que dar.

Persona ayudando a otra

Miedo a sentirnos “atados”

La primera de las razones que explicarían por qué es más difícil recibir que dar tiene que ver con el miedo a las ataduras, con la conexión con el otro. Cuando hablamos de recibir, lo hacemos en plural: elogios o piropos, reconocimiento, regalos, atención, cariño, amor… Como vemos, podemos ser el sujeto pasivo de múltiples objetos.

En el caso de los elogios, puede ocurrir que nos elogien no tanto por lo que somos, sino por nuestros logros. Entonces, el hecho de recibir puede estar ligado a la continua necesidad de “actuar” para que nos elogien.

El miedo a tener que demostrar

Así, en casos un poco más extremos, podemos llegar a sentir que necesitamos, continuamente, demostrar lo que valemos para recibir este tipo de elogios.

Esto se da sobre todo con personas que solo nos elogian por nuestros méritos, y puede conducirnos a una presión social innecesaria y a sentimientos de frustración, malestar o baja autoestima.

La creencia de que recibir es egoísta

Cierto tipo de educaciones o religiones pueden habernos hecho creer, de manera inconsciente, que recibir es un acto egoísta. Si tenemos instaurada esta idea, podemos llegar a sentirnos mal cuando recibimos algo de alguien.

Esto es algo bastante irracional, pero que puede ocurrir en muchos casos. De esto se derivarían sentimientos de vergüenza o malestar cuando recibimos algo de alguien.

Si además tenemos la autoestima un poco baja o nos creemos “insuficientes”, podemos llegar a pensar que no nos lo merecemos o que debemos “compensar” al otro en cierto modo.

La presión de la reciprocidad

Relacionando esto con el punto anterior, puede ocurrir que nos bloqueemos ante el hecho de recibir. Puede generarnos ansiedad la posibilidad de contraer una deuda no escrita con otra persona.

En personas quizás más inseguras o con cierto grado de paranoidismo, estas pueden llegar a pensar que los obsequios o los cumplidos son intentos de control o manipulación. La desconfianza, muchas veces, está en la base de todo esto.

Ante este tipo de situaciones, ¿cómo reaccionamos? Nos defendemos de forma preventiva de cualquier sentido de la obligación o endeudamiento, a través de no aceptar el regalo o el cumplido.

Un mecanismo de defensa

Cuando recibimos algo de alguien, se crea una conexión entre nosotros. Hay personas que deciden priorizar el dar sobre el recibir para así mantener a personas distantes de su vida, como si quisieran protegerse de ellas.

Ante estas conductas, muchas veces se esconde el miedo a sufrir, el miedo al compromiso, falta de confianza, malas experiencias anteriores…

De esta forma, si tememos la intimidad, podemos tender a rechazar regalos o cumplidos, como una forma de “protegernos” de esa posible conexión que emerge del hecho de recibir.

Miedo a no tener el control

Otra de las razones por las que es más difícil recibir que dar tiene que ver con el control (o con la “búsqueda de control”). ¿A quién no le gusta tener el control de las situaciones? ¿O la sensación de control?

No nos engañemos, eso nos hace sentir seguros… Por eso, cuando damos, en cierto modo, tenemos el control. Pero, ¿y cuándo recibimos? Probablemente sintamos que ahí no tenemos el control.

En realidad, recibir nos invita a acoger una parte vulnerable de nosotros mismos. Es, aunque suene paradójico, una forma de entregarnos al otro. “Recibo y te entrego a ti mi control”. Pero si destapar esa vulnerabilidad nos da miedo, podemos rehusar cualquier tipo de recibimiento.

¿Por qué nos gusta dar?

Aunque cada persona es un mundo, lo cierto es que no siempre es fácil recibir, aunque pueda sonar algo muy sencillo a primera instancia. En cambio, es fácil entender por qué nos gusta tanto dar a los demás.

Cuando damos, en cierto modo, tenemos el control, escogemos qué dar y en qué medida, nos produce satisfacción reforzar al otro o ver cómo algo nuestro le anima o le hace ilusión… Dar nos hace sentir bien.

Persona dando una flor a otra

Un miedo tras el hecho de recibir

En cambio, recibir implica aceptar un momento de conexión con el otro que no siempre deseamos, que tememos o que no siempre nos es fácil encajar. Y con todo esto tiene mucho que ver el miedo y las inseguridades personales, el miedo a las ataduras, fracasos anteriores en las relaciones…

La importancia de las relaciones equilibradas

Desde aquí os animamos a dar y recibir en la misma medida, siempre que podáis, en vuestras relaciones personales: buscad relaciones equilibradas donde ninguna de las partes sufra porque sienta que le da “más” o “menos” al otro, donde os podáis dejar llevar y sobre todo, donde podáis ser vosotros mismos.

“Qué bella es una persona cuando se muestra imperfecta y sin ninguna pretensión de ser lo que no es”.

-Anónimo-

 


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