5 formas sencillas de incrementar tu control mental

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 24 julio, 2017
Edith Sánchez · 24 julio, 2017
Un modo de ganar en control mental es mediante la práctica del Mindfulness. Gracias a la atención plena, mejoramos la calidad de nuestros pensamientos enfocándolos al momento presente.

Se le llama control mental, autocontrol o dominio de uno mismo. En cualquiera de sus acepciones hay un hecho que debemos tener claro: no hay magia en este tipo de procesos, pero sí mucha psicología. Estamos ante esa valiosa capacidad que todos deberíamos entrenar en algún momento, para gestionar nuestro mundo interior de una manera inteligente, constructiva y útil.

A menudo, suele decirse aquello de que las personas tenemos una verdadera obsesión por controlarlo todo, hasta a nosotros mismos. Sin embargo, se trata de un objetivo imposible de lograr en su totalidad (lo que no quiere decir que no tengamos un margen de mejora).

El control mental nos puede ayudar entre otras cosas, e reducir el impacto del estrés. Lejos de ver esta competencia como una habilidad casi sobrenatural debemos entenderla como esa habilidad que puesta a nuestro favor, puede mediar en el equilibrio y bienestar.

Al fin y al cabo, el control de los pensamientos es clave para mejorar el estado de ánimo, nuestro enfoque e incluso la productividad. Veamos más datos al respecto.

Quien conquista a otros es fuerte; mas quien se conquista a sí mismo es poderoso”.

-Lao Tsé-

1. El autoconocimiento incrementa el control mental

Estudios como el llevado a cabo en el Instituto UCL de Neurociencia Cognitiva, del University College de Londres nos señalan algo interesante. Nuestro universo mental es muy similar al de un ordenador. Creamos conexiones, los pensamientos viajan a través de impulsos eléctricos y disponemos a su vez de un cerebro altamente especializado.

Sin embargo, hay algo que nos diferencia claramente de las máquinas: nuestras emociones y nuestro sentido de conciencia.

  • El autoconocimiento es esa dimensión con la cual, conectamos con aquello que somos, lo que queremos, esperamos y necesitamos.
  • Una buena cantidad de personas no sabrían identificar sus motivaciones más profundas o exponer esas realidades internas por las que inician, mantienen o terminan con sus conductas/hábitos.
  • De este modo, una estrategia clave para incrementar nuestro control mental (y el bienestar) es profundizando en nosotros mismos. Saber quiénes somos, qué nos identifica y qué esperamos nos permite hallar motivación para coger las riendas de nuestra vida.
mujer sujetando cerebro

2. Desactivar el piloto automático

Andar en modo “piloto automático es ir por la vida sin fijarnos demasiado en nada, abstraídos, en una dimensión lejana a lo que ocurre. Pasamos de un pensamiento a otro y de un comportamiento a otro, sin tener la menor idea de por qué. Sentimos que es la vida la que “nos va llevando”, aunque no sepamos exactamente hacia dónde.

Sería imposible tener consciencia de todo, todo el tiempo: prácticamente tendríamos que renunciar a nuestra vida mental. Nos colapsaríamos. Lo que sí es posible es hacer pausas, altos en el camino para contemplar en dónde estamos y si vamos en la senda que de verdad queremos recorrer. Esas pausas se traducen en mayor conciencia y esta, a su vez, en más control mental.

3. Bajar el ritmo, apreciar el presente, tomar el control

Aprender a desactivar el impulso de una emoción no es nada fácil. Especialmente si fuimos educados en un entorno que no le otorgaba una gran importancia al control de impulsos. Quizá nuestro estilo de vida actual esté pautado por las prisas, la exigencia, la ansiedad y el “tengo que tenerlo todo listo para mañana”.

mujer con los ojos cerrados manteniendo el control mental

Aprender a estar más presentes, a bajar el ritmo y a gestionar nuestras emociones supone un gran paso adelante.  Un modo de entrenar nuestro enfoque mental para apreciar el aquí y ahora y aumentar el control mental, es mediante la práctica del Mindfulness.

Estudios como el llevado a cabo en el Hospital General de Massachusetts por la doctora Elizabeth A. Hoge nos señalan que esta disciplina es muy beneficiosa para reducir el impacto de la ansiedad y mediar en nuestro bienestar psicológico.

4. Mastica y digiere la frustración

¿Quién no ha experimentado la frustración (esa sensación de que la realidad no se ajusta a nuestras expectativas, esa que aparece cuando a pesar de todos nuestros esfuerzos no obtenemos el resultado deseado)? Unas pequeñas, otras gigantes. Un amor que no fue, una vocación que no vio la luz, un dinero que hace falta…

Las razones pueden ser muchas. Todos estamos inmersos en una realidad que nos obliga a renunciar constantemente. Es normal. El punto es que algunos lo aceptan y otros no.

No es fácil aprender a aceptar, masticar y digerir la frustración. Si no lo hacemos, es fácil que la rabia se apodere de nuestro corazón y pase a dominar nuestra mente y nuestra vida. También es fácil que nos volvamos unos cascarrabias.

No vale la pena. Aprendamos por tanto a gestionar estos malestares para mejorar nuestra salud emocional.

5. Sal fuera de tu zona de confort

Salir de la zona de confort trae inmensos beneficios. Uno de los más importantes es que nos ayuda a ser más flexibles y adaptables. Esto, por su parte, estimula el desarrollo de nuestra inteligencia, tanto lógica como emocional. Así finalmente, casi sin darnos casi cuenta, como si de un efecto secundario de nuestra actitud se tratase, nos volvemos más tolerantes y dueños de nuestras propias emociones.

Pies de una persona entre plumas

No somos máquinas y tampoco tenemos que “funcionar” correctamente todo el tiempo. El tema del control mental siempre debe tomarse como algo relativo, especialmente cuando nos genera mucha presión.

Lo que sí es cierto es que el dominio de nuestras emociones aumenta cuando la ansiedad disminuye. Cuando hemos aprendido estrategias para saber expresar la energía que acompaña a la emoción de la forma más propicia para nuestros intereses y para los de quienes nos rodean.

Apliquemos por tanto estas herramientas psicológicas en el día a día para mejorar la calidad y el control de nuestros pensamientos. El esfuerzo valdrá la pena.

  • Monsell, S. (1996). Control of mental processes. In V. Bruce (Ed.), Unsolved mysteries of the mind: Tutorial essays in cognition (pp. 93–148). Hove, UK: Erlbaum.
  • Coltheart M (2006) What has functional neuroimaging told us about the mind (so far)? Cortex;42:323–331